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"Ni Una Menos", un emblema de lucha

Un mensaje encendió la mecha que en menos de un mes se convirtió en una marcha masiva, una ola enorme que recorrió Argentina de punta a punta y que se transformó primero en un movimiento social sin precedentes y luego, en un pronunciamiento que inspiró a mujeres de todo el mundo.

Un mensaje encendió la mecha que en menos de un mes se convirtió en una marcha masiva, una ola enorme que recorrió Argentina de punta a punta y que se transformó primero en un movimiento social sin precedentes y luego, en un pronunciamiento que inspiró a mujeres de todo el mundo.

El 3 de junio de 2015, a las 17 horas, nacía en nuestro país el grito “Ni Una Menos”, un grito que seguirá siendo un clamor hasta que logremos parar la violencia hacia las mujeres.

Seguramente cuando la periodista Marcela Ojeda escribió por twitter el 11 de mayo de 2015, desde el fondo de la indignación y la impotencia: “Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales ... mujeres, todas, bah.. no vamos a levantar la voz? NOS ESTÁN MATANDO, jamás imaginó que sus palabras serían la simiente. Marcela escribió lo que le salió desde el hastío de la impotencia, desde la bronca, escribió desde las entrañas, cuando se enteró del femicidio de Chiara Páez, que embarazada y con 14 años fue cortada, golpeada y enterrada por su novio de 17. Seguramente ni ella, ni las mujeres que se sumaron de inmediato, sospecharon que esas palabras y las que se fueron agregando al instante, serían la semilla de un grito colectivo mundial contra la violencia machista.

Sin embargo, casi un mes después, las mujeres se organizaron y salieron a la calle a gritar “Ni Una Menos” en distintas ciudades del país. Unas 200.000 personas con carteles que decían: "Nos están matando! ¿No vamos a hacer nada?", "Tu madre, tu abuela, tu hermana y tu tía, todas decimos basta" y "Nuestros derechos cuentan", entre otras frases. Más allá de las consignas de los carteles, los reclamos del movimiento “Ni Una Menos” al Estadoeran claros, pedían que se asignara el presupuesto que indica la Ley Nº 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres; exigían la elaboración y publicación de estadísticas oficiales sobre femicidios; y la creación de hogares-refugio.

El grito empezaba a crecer, el “Ni Una Menos” comenzaba a convertirse en emblema de denuncia y lucha, una lucha que se propagaba por la región y el mundo a velocidad de vértigo. El “Ni Una Menos” marcó un antes y un después en la conciencia mundial contra la violencia hacia las mujeres. Surgió de la necesidad imperiosa de decir basta de femicidios, pero se hizo colectiva cuando millones de personas hicieron suya la convocatoria, cuando se la apropiaron y la replicaron en las calles del planeta. Al principio no fue más que un mensaje cargado de angustia y sobre todo de urgencia, una exhortación a hacer algo frente a la crueldad extrema de la violencia machista, a no quedarse de brazos cruzados, simplemente mirando. En pocas semanas ese mensaje se hizo grito, inundo las calles y se instaló en la agenda pública para siempre.

Desde el 2015 a la fecha, la marea del “Ni Una Menos” no para de crecer, pero las cifras de mujeres asesinadas por el hecho de ser mujeres, tampoco. Hemos avanzado, mucho, pero sigue siendo insuficiente. En estos últimos años comenzaron las publicaciones con cifras oficiales de femicidios gracias al trabajo de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La “Ley Micaela”, de capacitación de los funcionarios de los tres poderes en materia de género es hoy moneda corriente. Está en vigencia la “Ley Brisa”, que plantea la reparación económica a las hijas/os de víctimas de femicidio. Se creó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad y la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía. Medidas muy positivas y de avanzada, pero sigue siendo insuficiente.

Es por eso que el grito del “Ni Una Menos” se hace cada vez más fuerte, es por eso que la ola sigue gestando conciencia social sobre la desigualdad estructural de género, es por eso que pone en debate la violencia contra las mujeres y las inequidades en todos los ámbitos. Hay mucho por discutir, mucho por transformar, pero estamos en camino, y eso es lo importante. El “Ni Una Menos” es un emblema de lucha, un símbolo que como sociedad nos atraviesa para recordarnos que no da lo mismo.

El “Ni Una Menos” es un emblema de lucha que abrió un camino, por ese camino avanza la marea que no para de crecer, por ese camino llueven las demandas, que seguirán creciendo hasta que se conviertan en políticas públicas, hasta que dejen de ser consignas y sean realidad.

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