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Mintieron o fracasaron

El dato más alarmante y desesperanzador de los últimos días es el de la cantidad de niños argentinos que viven en la pobreza: un 56,3%. Más de la mitad de los chicos de 0 a 14 años de nuestro país son pobres y las nuevas proyecciones de UNICEF, basadas en datos oficiales del INDEC y pronósticos del PBI, alertan que en diciembre de este año, el porcentaje alcanzaría el 62,9%. Son números, que simbolizan niños, son números, que anticipan que para diciembre 8,3 millones de niños y niñas argentinos tendrán las cartas del futuro marcadas, y en muchos casos, eso será para siempre.

No hay dudas que la pandemia ha impactado en la evolución de la pobreza en los últimos 6 meses, que la necesidad de implementar medidas para protegernos del coronavirus ha influido en el agravamiento de las variables que favorecen el crecimiento de la pobreza, como la inflación, la recesión y el aumento del desempleo. Pero no nos engañemos, la pobreza no es un fenómeno nuevo en nuestro país, no es producto de la pandemia, no es culpa de unos u otros, es culpa de todos. La pobreza en argentina es un problema estructural y la mayor deuda de las políticas públicas de los últimos 30 años, de todas las políticas públicas, de todos los gobiernos, de todos los signos. Ninguno pudo, ninguno quiso, ninguno puso el énfasis necesario, ninguno logró reducir los índices de manera realmente significativa.

Un informe de la organización independiente y sin fines de lucro, CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), que trabaja en pos de promover mejores políticas públicas, indica que desde 1990 hasta acá, nunca hemos logrado bajar del 25% de pobreza. También señala el documento, que tuvimos el peor pico en el 2002, luego de la devaluación, cuando los índices treparon al 65,5%.

Lo verdaderamente alarmante de estas cifras a las que la política parece darle la espalda, es que la pobreza infantil no es sólo un problema en el presente, de los chicos que la sufren, no hay que ser un científico para saber que las carencias vividas en edades tempranas tendrán consecuencias de por vida en el desarrollo físico, psicológico y educativo de los niños y niñas. Las carencias, de cualquier índole, tienen consecuencias, las carencias de hoy, van a ser una carga para el futuro de los chicos que las padecen y por ende, de la Argentina.

UNICEF alertaba ya en el 2014, en el estudio “Los niños de la recesión”, en referencia al impacto de la crisis económica en el bienestar infantil en los países ricos, sobre el peligro de crear una “generación perdida”, que se enfrentará a “barreras tremendas, casi insalvables, para alcanzar su verdadero potencial”. El informe hablaba de las consecuencias de la recesión en niños de países ricos, trasvasen esas palabras a nuestro contexto, mucho más desfavorable y a nuestros niños, y tendrán una dimensión del impacto al que nos enfrentamos, de los efectos y las secuelas, de la huella insalvable de la pobreza en la vida y el desarrollo de nuestros niños.

¿No es llamativo que en los últimos 30 años nadie haya logrado reducir de manera significativa los índices de pobreza e indigencia? ¿No es significativo que el deterioro social en nuestro país sea una constante que se produce a pesar de la enorme cantidad de programas estatales dedicados a mitigar la pobreza? Tenemos de todos los tamaños y colores, para todos los gustos: de nutrición, alimentación, asignación universal por hijo, planes de primera infancia, materno infantiles, tenemos planes, plancitos, programas, programitas y programones, pero no alcanzaron para mitigar ni disminuir la problemática.

Todos prometieron y todos incumplieron, todos prometieron y se comprometieron, nos dijeron que iban a poder, usaron la pobreza en las campañas, se llenaron la boca diciendo que venían a generar el cambio que necesitamos para que nuestros millones de niños pobres dejen de serlo. Mintieron o fracasaron, que a esta altura da igual, porque lo único que importa es que los que eran pobres siguen siendo pobres y miles que no lo eran ahora lo son. Mintieron o fracasaron, que a esta altura poco importa, porque lo único que importa es que la política sigue de espaldas a nuestros niños y niñas pobres. Esa es la verdad, el resto son discursos.

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