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Menos gente, más barbijos

La ola expansiva que se generó en la localidad pampeana provocó una gran preocupación en la dirigencia política, pero también en la ciudadanía toda. Los números calaron hondo en los vecinos que retomaron las medidas sanitarias.

Hace unos días atrás, cuando aún la calma se extendía a lo largo y ancho del territorio pampeano, el ministro de Salud Mario Kohan fue categórico: “Tendremos que aprender a convivir con el coronavirus”, dijo. Para algunos, esta frase pudo haber sido fatalista y, para otros, un fuerte llamado de atención.

Los constantes tirones de orejas por parte del Poder Ejecutivo provincial no fueron suficientes y las medidas comenzaron a intensificarse en pos de resguardar la salud de la ciudadanía, tanto como el status sanitario de La Pampa. Diputados de este distrito aprobaron la aplicación de un sistema de multas para quienes no usen tapabocas obligatorio en espacios públicos.

Nada pareció ser suficiente. Es más, de manera progresiva se observó que cada vez menos piquenses comenzaron a implementarlo, pese a las sanciones y recomendaciones. Los más desaprensivos, continuaron con sus vidas como si nada pasara, subiendo el volumen de sus parlantes. Las notificaciones por violación a la cuarentena, tampoco resultaron correctivas y las fiestas ilegales se multiplicaron.

El enojo de las autoridades políticas se hizo evidente ante cada nuevo hecho y aunque los medios se hicieron eco las nuevas medidas preventivas o punitorias, nada de ello fue necesariamente duro como para detener la irresponsabilidad social.

Aquellas palabras de Kohan retumban hoy, más fuerte que nunca. Para los que pensaron se trataría sólo de una exageración, se convirtieron en una realidad que roza de cerca a los piquenses y acongoja al reto de los pampeanos. La excelente labor de Ziliotto y todo su gabinete se desmoronó por aquellos que incumplieron el protocolo.

Sin embargo, el cachetazo que significó el abrupto brote de COVID-19 en la localidad de Catriló se sintió con rudeza en los más de 300 mil habitantes de esta provincia. General Pico no se apartó de las responsabilidades y se observó en las distintas arterias una disminución tanto del tránsito pedestre como vehicular.

Un cronista de este medio recorrió en horario vespertino la zona comercial y observó que, en un alto porcentaje, los transeúntes circulaban con el tapabocas obligatorio. No todos cubrían nariz, boca y mentón, pero resulta un avance con respecto a jornadas anteriores donde el relajamiento se apoderó de muchos.

“Estamos viendo que hay muy poca gente. Hoy no entró nadie, pero vemos que casi todos están con el tapabocas”, comentó una comerciante con un sabor amargo. “Estas son las consecuencias de haber hecho mal las cosas durante toda la cuarentena”, agregó lamentando la vuelta atrás en algunas actividades.

La misma mujer admitió que, en oportunidades, sus clientas pretendían ingresar sin barbijo o quitarlo una vez dentro del espacio comercial, pese a que las normativas resultan claras. Ello demuestra que el sentido común queda a un lado cuando priman los intereses personales.

Espacios públicos

El brote en Catriló tuvo inmediata repercusión en las más altas esferas políticas. El gobernador Sergio Ziliotto decidió no dar marcha atrás en las fases del aislamiento social, preventivo y obligatorio aunque realizó algunas modificaciones a las medidas actuales que restringieron el normal movimiento poblacional. Así mismo, el mandatario provincial llamó a realizar un confinamiento voluntario para evitar la expansión del virus.

La intendenta de General Pico, Fernanda Alonso, se hizo eco de ello y luego de una reunión con el Comité de Crisis local, requirió: “Vamos a pedirle a la gente que se adhiera al aislamiento voluntario de uso de espacios públicos. Si bien no está taxativamente prohibido por el gobernador, porque es un momento preventivo, queremos solicitar que no salgan de sus casa si no es de necesidad. Dejemos la recreación de otro momento”, sugirió.

Como destacó en su alocución frente a los medios de prensa durante la mañana del sábado, no todos cumplen. Y no todos cumplieron. En la tarde de este sábado, se observaron distintos grupos de personas en espacios públicos de esta ciudad disfrutando de una jornada que no presentó temperaturas tan bajas como las anteriores.

Plaza San Martín y la General Belgrano, paradójicamente situada frente a la Comisaría Tercera, recibieron a piquenses que desafiaron la pandemia para hacer uso de sus horas de esparcimiento.

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