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¿Qué hicimos con la herencia de Mayo?

Alcanzan 3 nombres para ejemplificar el espíritu de aquella época, para exponer las enseñanzas de vida que nos legaron.

Es inevitable que en una fecha tan importante como la de hoy, no miremos hacia atrás para honrar nuestro pasado, tan ineludible como, a la luz del espíritu de este hito histórico, mirar el presente. Lo hacemos siempre, sobre todo en días tan trascendentales como el 25 de mayo, y mucho más en situaciones tan difíciles como las que hoy vivimos.

En ese sentido, sin importar qué corriente histórica nos resulte más afín, es imposible no advertir que hemos involucionado respecto al calibre de nuestras convicciones y al tenor del compromiso hacia la patria. Las agallas y el temple de aquellos patriotas se han extinguido, lo mismo que el compromiso y la responsabilidad del contrato moral tácito con la causa que defendían. Tan lejos queda el 25 de mayo de 1810 como momento de nuestra historia, como el ejemplo de aquellos hombres y mujeres que empezaron a desandar el camino de la patria.

Y no solo el de quienes tuvieron el cometido de decidir sobre las cuestiones públicas, sino el del resto. Porque los pobladores de aquella época, que se auto denominaban “el pueblo”, querían saber de qué se trataba, el deseo popular era conocer las decisiones que se tomaban en el Cabildo, querían ser parte, motorizar la revolución. Se sentían parte, les interesaba, estaban imbuidos de lo que ocurría, eran soberanos.

Claro, tenían líderes que inspiraban. Personas a las que les sobraba coraje y compromiso, personas que estaban dispuestas a entregar sus fortunas personales, enfrentar cualquier desafío, responder ante la justicia por sus actos y en muchos casos, hasta perder la vida. Por eso hasta nuestros días sus historias siguen inspirando y enseñando. Lástima que hemos ido desgranando y perdiendo en el camino lo que esos primeros hombres y mujeres nos legaron, poco nos queda de sus herencias de rectitud, dignidad, entereza y honradez en la esfera pública, poco de la entrega sin miramientos, poco de tanto ejemplo.

Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Castelli y tantos más, cada uno en su campo, cada uno en su carrera, pero todos impulsados por el mismo propósito, aún en las diferencias, aún en los desacuerdos, aún en la disconformidad absoluta con lo que en algún momento hacía el otro. Tenían un norte, un objetivo común, sabían hacia donde y sabían también que el cómo, dependía de lo que cada uno, desde su lugar, pudiera aportar.

Alcanzan 3 nombres para ejemplificar el espíritu de aquella época, para exponer las enseñanzas de vida que nos legaron. Belgrano, dejó su carrera y puso a disposición su fortuna personal en pos de la revolución. Moreno, no solo fundó el primer diario de nuestra historia, sino que además hizo todo para garantizar la libertad de expresión. Castelli, comisionado para intimar al virrey Cisneros a que cesara en su cargo, logró derribar con su oratoria encendida los argumentos de los representantes del funcionario español, sin que las acusaciones de “subversivo” con las que lo calificaban lo amedrentaran.

No luchaban por sus intereses, por sus fortunas, por sus conveniencias, lo hacían por lo que aún no era, por la Patria con mayúsculas, por el futuro de sus compatriotas, por la libertad. El bien común estaba por encima de todo, incluso de ellos mismos. Fundaron la Patria, nos legaron su ejemplo sin saber que muchos de sus sucesores omitiríamos que había que regar con trabajo cotidiano su esfuerzo fundacional, que era un camino que había que seguir construyendo, que debíamos hacer que su ejemplo iluminara el pasado, pero, sobre todo, impulsara el presente.

En fechas tan importantes de nuestro pasado, como el 25 de mayo, es fácil sentir que desde el fondo la historia esos patriotas nos miran, silenciosamente, desde el ejemplo inalterable de sus vidas, desde el ejemplo inalterable de sus luchas, desde el ejemplo inalterable de las batallas que libraron para legarnos la Patria. Es fácil sentir que desde el fondo de la historia nos miran, nos juzgan, y tal vez, hasta se preguntan qué hicimos con esa herencia y por qué hicimos lo que hicimos con lo que nos ofrendaron.

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