Editoriales | Martín Guzmán

Pobre Martín Guzmán

Pobre Martín Guzmán, realmente a nadie le gustaría estar en sus zapatos, le ha tocado lidiar con una situación casi imposible, su gestión ha sido tan complicada como intentar hacer malabares con granadas. Prácticamente no ha tenido respiro, siempre ha estado obligado a sostener un fino equilibrio entre las negociaciones con el Fondo Monetario, la situación social y las tensiones internas. Solo que ahora, todo eso se repite en un contexto mucho peor, porque ya no hay con qué responder a ninguna de las urgencias.

Él mismo lo ha reconocido veladamente, ha dicho frases como: “Hoy estamos con capacidades distintas para lidiar con la situación pura de la salud. Por supuesto que, desde el punto de vista económico, buena parte de ese margen ya se utilizó. Hoy la economía no podría soportar un cierre total, una cuarentena estricta del tipo Fase 1 como aquella que se implementó en marzo de 2020, pero esa no es la idea”. Ni podría serla, agregamos, sería simplemente inviable.

El tema, no menor, es que mientras Guzmán sostiene que los programas como el IFE o el ATP no serían necesarios porque no va a haber restricciones definidas, porque las medidas sólo apuntan a bajar la circulación sin afectar las actividades productivas, los movimientos sociales cercanos incluso al Gobierno, reclaman con énfasis y cierto dramatismo, que devuelvan las ayudas, porque la situación en los barrios es realmente difícil. Los principales referentes han dicho públicamente que los números del INDEC son sólo datos fríos, que la situación es aún mucho más cruda que la que esas cifras señalan.

En esa diferencia de percepción está el cuello de botella de los próximos meses. Mientras el Gobierno sólo ha pensado en implementar algunas ayudas focalizadas, un refuerzo a los programas alimentarios y un fuerte control de precios, sobre todo de aquellos que integran la canasta básica, los movimientos sociales, que son los que están cara a cara con toda la crudeza de la situación, exigen más que lo que han anunciado. Saben que la sábana es muy corta, pero también saben que en los barrios hay hambre.

La asistencia a los sectores más postergados es insuficiente, tan insuficiente como las ayudas a las empresas de los sectores críticos, que lo único que recibirán es “facilidades” para acceder al REPRO del Ministerio de Trabajo, el programa que paga una porción menor de los salarios. Tan insuficiente como la batería que desplegará el Ministerio de Desarrollo Productivo para acrecentar los controles de precios, evitar desabastecimientos y combatir la suba de precios. Todo muy lindo, pero controlan precios de productos que la mitad de los argentinos no pueden ni podrán comprar en lo inmediato.

Contención es la palabra más usada por estos días en distintas carteras gubernamentales. Hay que contener todo: la pandemia, la pobreza, la indigencia, la inflación, los aumentos de precios, los sectores económicos que no pueden trabajar. Es una contención complicada, casi como intentar parar una hemorragia con una bandita adhesiva.

Están todos complicados, pero el pobre Martín Guzmán es el que lleva la peor parte, porque además de lidiar con la situación interna, le toca también la externa. “Todo el mundo plantea las problemáticas desde su función, y hay alguien que tiene que mirar todo en la economía y ese soy yo”, explicó él mismo hace unos días en una entrevista a CNN, dejando un mensaje claro a los propios, sobre todo a los díscolos que quieren destinar recursos fuera del Presupuesto o el programa macroeconómico, pasando por encima de su decisión genérica.

Para colmo de males, ese delgado equilibrio, tan endeble y tan complicado, no puede dejar de lado las elecciones legislativas, que obligan a tomar el menor riesgo posible, nadie desea irritar a votantes que ya están al límite. Todas las medidas y restricciones tienen que bailar al compás del clima social y de las urnas, este es un punto no menor, que se suma a la larga lista de consideraciones. Ergo: Guzmán trabaja sin billetera, con los deudores esperando en la puerta y con la familia con el estómago vacío.

Pobre nuestro Ministro de Economía, tiene que contener a todos, comprender a todos, incluir a todos, abarcar todas las variantes, englobar todos los frentes y todo eso tiene que hacerlo sin tener con qué. Pobre Martín Guzmán, realmente nadie quisiera estar en sus zapatos.

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