DEPORTE | Maradona | General Pico

Mirando atrás y al comprobar: el día que Maradona jugó en Pico

En 1979, Diego Maradona llegó a General Pico. Esa tarde del miércoles 20 de junio una multitud marchó hacia el "Diego Maínz", reducto de Costa Brava.

Cuando encontró una pelota se convirtió en pájaro. Volando como una gaviota. Fue de canchitas peladas a estadios imponentes, de pueblos perdidos a ciudades exóticas, de idiomas comunes a lenguas inentendibles. Siempre su nombre. Para hablar de aquel zurdito que nació en Villa Fiorito, para asombrarse por los millones de dólares que provocaba el pincel de su arte, para emocionar con aquella magnífica obra ante los ingleses y por esa Copa que desde México levantó al mundo.

Puedo recordar aún hoy esa impaciencia desbordante esperando a la vera de la calle 9 el paso del micro que traía al plantel de Argentinos Juniors en esa mañana fría del mes de junio de 1979. Con mis ojos de niño tratando de encontrar su rostro a través del vidrio de alguna ventanilla. No pudo ser. Diego Maradona dormía plácidamente cuando el “Bicho” de La Paternal ingresaba a General Pico, alejado del fervor popular generado por su visita. Igualmente creí verlo manifestando un guiño cómplice, y con la inocencia de mis nueve años, lo conté una y mil veces en la ronda de amigos del barrio.

Mirando atrás y al comprobar. Esa tarde del miércoles 20 de junio una multitud marchó en procesión hacia el “Diego Maínz”, reducto de Costa Brava. La gente apretujándose e intentando conseguir el mejor lugar. El ingreso de los dos equipos. Los dos goles de Diego. Su magia. El golazo de Pablo Ramírez metiéndose con pelota y todo dentro del arco. Conmoción. Júbilo. Todo lo que adquirió y significó la visita de Maradona. “Estuvo el Diego y fui testigo...”, pueden decir muchos hoy, con orgullo y el pecho inflado. El juego inspirado, estético, imprevisible, la magia del “Pelusa”, tuvo 41 años atrás su única vez aquí.

Pocos días antes, el 2 de junio, Maradona había marcado en Glasgow su primer gol en la Selección para la victoria por tres a uno sobre Escocia. En septiembre de ese año brillaría en Japón, para consagrarse campeón mundial juvenil. Cuando se produjo esa visita en el 79, Argentinos marchaba segundo en el torneo argentino, a dos puntos de River. Costa, el equipo anfitrión para ese partido, se mostraba como el último campeón que tenía la Liga Pampeana. Desde el inicio quedó expuesto que se trataba de un amistoso. Así las cosas, dejó pasajes interesantes. Y claro está, la presencia de Diego.

Los 11 del albirrojo, dirigido por “Juanca” Martín, fueron Héctor Castro; José Parramón, José Sáenz, Carlos Brizio, Miguel Moreno, Emiliano Acosta, Carlos Negrotto, Pablo Ramírez, Miguel Herrera, Juan Carlos Rodríguez y Francisco Mereles; luego ingresaron Gustavo Robilotta, Guillermo Moreno, Rubén Retegui, “Chango” Bazán, Luis Ruiz Díaz y Miguel Bertone. Argentinos, conducido por Francisco Russo, tuvo desde el inicio a Carlos Munutti; Carlos Carrizo, Ricardo Pellerano, Carlos Chiachio, Abelardo Caravelli, Daniel García, Jorge Gauna, Maradona, Héctor Arrieta, Rafael Moreno y Hugo Saggioratto. Los suplentes que ingresaron fueron D’Angelo, Ríos (ingresó por Diego), Juárez y Oscar Candia, quien al poco tiempo desembarcaría en Eduardo Castex para jugar en Racing, y se quedaría por décadas aquí, dejando su impronta.

Iban tan solo tres minutos cuando Maradona recibió la pelota en el área, con Castro saliendo y Brizio buscando cruzar. Amagó el remate hacia la derecha del golero, quien se volcó hacia ese sector, enganchó hacia el medio y a pesar del último esfuerzo del lateral y de la pierna de Moreno, colocó la pelota dentro del arco con categoría. Diego fue, naturalmente, el epicentro de todas las miradas. Sobre el epílogo de esa primera etapa le puso la rúbrica con su sello distintivo: dejó atrás a Sáenz y cara a cara con Castro, eligió el rincón para definir con su zurda prodigiosa.

En el complemento, Costa logró descontar, y para estar a tono con la visita, Pablo Ramírez se despachó con un golazo tras una apilada notable, incluido Munutti. La réplica de Diego no se hizo esperar. Cinco minutos después, a los 67, amontonó a la defensa albirroja sobre la derecha y habilitó a Moreno, quien fusiló a Castro. “Tabita” García, con un soberbio disparo, hizo el cuarto, previo a la salida de Maradona, quien dejó la cancha ante una ovación. Poco antes del final, Costa logró el segundo por intermedio del “Pescado” Rodríguez luego de una combinación con “Cucharita” Paolucci.

Mirando atrás y al comprobar. “El poético fútbol de Maradona”, como escribió el periodista brasileño Armando Nogueira, fue fuente de inspiración. Una usina generadora de fútbol químicamente puro. Un ejemplo de convicción y guía espiritual para todos sus compañeros. Siendo el más brillante, estuvo invariablemente al servicio del conjunto, en la Selección o en los clubes donde actuó. No usó en su provecho la transpiración generosa de sus camaradas. Todos, y cada uno, usufructuaron el admirable altruismo con que Diego entregó su genialidad en favor del equipo. También por eso fue el más grande de todos.

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