DEPORTE | Manuel Archanco | Deporte | Boxeo

"Manolo" Archanco, ese peleador incontenible

Por Raúl Bertone

Impuso desde el comienzo su temple de peleador incontenible, de ese “estilo sin estilos” que fue siempre su característica sobre un ring. La confianza depositada en la eficacia de su ataque arrollador hizo que jamás se preocupara por defenderse. A medida que avanzaba, iba esquivando, con movimientos de cintura, los golpes del rival. Manuel Archanco llegó hasta donde llegó por sus propios méritos. No necesitó recomendaciones. Con los puños cerrados brindó emoción y fue, en ese momento, la figura más popular del deporte pueblerino.

La misma simpleza con que se caracterizó en el rudo deporte, lo distinguió en la vida. Archanco atrajo gente y entre las cuerdas de un cuadrilátero, hizo obra en favor del boxeo piquense. Estaban los pibes que, después de presenciar sus sesiones de entrenamiento, esperaban a que marchara del lugar para imitar esa rutina. Algo similar a lo que había sucedido años antes con Angel Pérez, “El Torito Piquense”, su entrañable amigo, y con quien compartía largas jornadas de guanteo en un “mini gimnasio” que había armado Pedro Godoy, un ferroviario amante del boxeo, en su casa de calles 28 y 21.

Un buen día Archanco se apareció en la redacción de La Reforma. Venía de dos peleas durísimas con Luis Bilbao,el crédito de Catriló. Con su bolso en la mano dijo: “Me voy a Buenos Aires para convencerme si valgo o no. Quiero intervenir en el Argentino de Novicios”. Le dijeron “mirá que van a estar los cordobeses, que son bravos...!”. “¿Y qué hay?, mucho mejor...”, respondió el púgil piquense. Tres o cuatro amigos fueron a despedirlo a la estación de trenes. El debut auspicioso tuvo una prosecución de victorias, y su popularidad creció hasta la consagración en un memorable cruce con el porteño Pedro Coto. Archanco fue como un tigre enardecido, y a puro corazón modeló la última victoria en la gran urbe, erigiéndose en campeón nacional de novicios en la categoría semi mediano.

Los corsos porteños impusieron un parate al certamen en el verano de ese año 1935. Archanco entrenaba en el Boca Park y hasta se dio el gusto de hacer guantes más de una vez con el profesional Basilio Amadeo. Luego de la pelea con Guillermo Aro, el piquense tuvo que recuperarse de una lesión en su brazo izquierdo, aprovechando ese tiempo de inactividad para someterse a un tratamiento intenso. Aún con cierto dolor, venció por puntos al veterano Francisco González, del club Germano, como preliminar del combate donde el campeón paraguayo Julio González derrotó a Varela.

El 23 de marzo, en otro cruce preparatorio, venció por puntos a Francisco Cabada, un fuerte medio mediano. Tres días después, por el certamen nacional, el jurado falló en su favor tras combatir con José Cairo, representante de Sportivo Barracas, uno de los serios candidatos al trono. Archanco lo definió en las tarjetas luego de un soberbio tercer asalto. La semifinal se llevó a cabo el 3 de mayo en el mítico Luna Park. Archanco, que acusó en la balanza 66 kilos, le ganó al campeón cordobés José Caelles. El primer round favoreció a su rival, pero en los dos siguientes el piquense le propinó un gran castigo. Al día siguiente sus amigos, que lo acompañaron en esa campaña, lo agasajaron en la Isla Maciel. En ese almuerzo estuvieron, entre otros pampeanos, Lazo, Domenech y Ansaldi.

El ring de Sporting Boxing Club, ubicado en la calle Rincón 429, albergó la final celebrada el 10 de mayo de 1935. La velada organizada por la Federación Argentina de Boxeo consagraría a Manolo (representó al Núñez Boxing Club), acompañado en el rincón, como siempre, por Enrique Sobral. Coto, su rival, no pudo ante la supremacía del piquense, quien se hizo sentir a través de la dureza de sus puños. El porteño cayó en el primer asalto y en el transcurso del tercero, Coto recibió un gran castigo, determinándose la victoria de Archanco. Su arribo a General Pico se produjo con una escenografía diferente a la que había rodeado su partida meses antes. Los brazos que lo acogieron se habían multiplicado tras instalarse en ese sitial de honor.

Al tiempo, ratificó ante su gente las condiciones que lo habían catapultado al título argentino, venciendo a Enrique Beckam y derrotando de forma categórica a José Fernández, con un nocaut muy recordado. Archanco fue el primer boxeador pampeano que logró sobresalir en el contexto nacional. En ese invierno de hace 85 años se adelantó a los nombres que alimentarían después la lista gloriosa del pugilismo provincial. Manolo y su vitalidad inagotable, su cintura cimbreante y sus puños descargando piñas criollas. Transmitiendo emociones.

Dejá tu comentario