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Malas expectativas

La incertidumbre sobre el rumbo económico está provocando mucho daño, la falta de confianza en la capacidad de la política para resolver los problemas y generar condiciones de previsibilidad ennegrece el panorama futuro.

La incertidumbre sobre el rumbo económico está provocando mucho daño, la falta de confianza en la capacidad de la política para resolver los problemas y generar condiciones de previsibilidad ennegrece el panorama futuro. Nosotros, los argentinos, estamos en peligro, porque el desánimo y la desconfianza producto de la falta de reglas claras que marquen un rumbo concreto, están sembrando un pesimismo que puede ser muy difícil de revertir. Nada bueno puede salir de eso.

No hay especialista en la materia que no reconozca que la ciencia económica está regida por seres humanos que no responden siempre de la misma manera ante situaciones iguales, por lo que la racionalidad, especialmente en situaciones de incertidumbre, no es moneda corriente. Está demostrado que la combinación de confianza y desconfianza mueve la actividad económica, cambia tendencias y genera ciclos.

En ese sentido es que estamos en un momento de gran escepticismo y por ende, de gran peligro. Las malas expectativas tienden a retroalimentarse y finalmente, como las profecías de Robert Merton, a autocumplirse, sobre todo en fases recesivas, como la que atravesamos. La confianza o la desconfianza son decisivas en los ciclos económicos, pueden acelerar o frenar crisis, por eso es tan revelador y preocupante el resultado de una encuesta privada que detectó el descreimiento de los empresarios, sobre todo pymes, en la capacidad del Gobierno para resolver los problemas que afectan la economía.

La encuesta a 300 empresarios de distintos puntos del país desarrollada por el Grupo Set Latam, cuyo CEO es el archi conocido especialista en marketing, innovación y en problemáticas PyME Jonatan Loidi, mostró que 8 de cada 10 temen más por la economía que por la pandemia y que 3 de cada 4 descreen de la capacidad del equipo gubernamental para resolver los problemas que afectan la economía. El compendio de sus malas expectativas nos deja en un escenario lapidario, porque transforma lo que ya era complicado en una tragedia.

Un abrumador 76,2% de los empresarios consultados respondieron que no consideran que el Gobierno sepa o pueda resolver los problemas que afectan la economía argentina, el nivel de desconfianza en el rumbo económico y en las posibilidades de salir de esta situación traumática, es casi nulo. Los empresarios, sobre todo los dueños de pymes, que representaron casi el 60% del universo encuestado, necesitan medidas urgentes que aporten mayor previsibilidad para que sus empresas no sucumban, sin embargo, no creen que el Gobierno las vaya a tomar. Están prácticamente entregados, y si ellos caen, con ellos lo harán los miles de trabajadores a los que emplean.

Cuando esto recién comenzaba, Loidi decía que era indispensable convocar a una mesa plural de expertos en economía para que elaboren una estrategia organizada y contundente, decía que había que armar una mesa económica para elaborar un plan tan contundente como se estaba haciendo con la salud pública. Nadie lo escuchó en aquel momento y seguramente no lo harán ahora, más allá de que lo que proponía y sigue proponiendo, sea tan atinado.

También dijo, en mayo del 2020, que la incertidumbre económica y las medidas restrictivas tenían que tener un límite, porque si no lo ponían las autoridades, lo iba a poner la gente, rompiendo la cuarentena, saliendo a trabajar por necesidad. Casi profético, pero no porque se trate de un fuera de serie, es sólo una persona que observa, analiza y anticipa, no es tan complicado. Cualquiera, sin entender ni media palabra de variables económicas, podía anticipar que el comercio, salvo el rubro alimenticio o el farmacéutico, iba a pasar un año espantoso, ni hablar de rubros como el turismo, la hotelería o la gastronomía que llevan un año sin ingresos. No había que ser economista para poder preludiar lo que ocurriría, sin embargo, no pasó, nadie anticipó, previó y mucho menos, atajó.

La incertidumbre no es buena consejera, nada bueno puede salir de la desesperación que genera no saber, ni poder prever, proyectar, o imaginar un rumbo básico. Que el 76,2% de los empresarios argentinos desconfíen de la capacidad gubernamental para superar los problemas económicos de nuestro país, nos coloca en una situación traumática, penosa y muy difícil de superar.

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