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Maia no es Maia

Maia no es Maia, Maia no tiene 7 años, Maia es Eliana, Sofía, Marcos, María Belén, Sandra, Gianella, Sofía, Zoe, Micaela, Lautaro, Leandro, Ezequiel, Soraya, Luna….y todos los nombres que integran la extensísima lista de missing children argentina. Tampoco tiene 7 años, también tiene 2, 14, 6, 4, 8, 16, 9, tiene todas las edades y todos los rostros. Maia no es Maia, Maia y todos los niños desaparecidos son nosotros, una sociedad rota, fragmentada, disociada, plagada de discursos, una sociedad con las tripas revueltas de mentiras, incongruencias y contradicciones.

Activan el “Alerta Sofía” por la desaparición de una menor de 7 años en situación de calle, decía la noticia de hace unos días. ¿Ahora activamos el alerta? Por qué no lo hicimos antes, mucho antes, cuando Maia y su mamá empezaron a vivir en las calles de Villa Lugano, cuando el “señor” que se la llevó le regalaba galletitas y le decía que era linda, sin que nadie se inquietara, sin que nadie encendiera las alarmas. ¿Ahora? Y antes, dónde estábamos antes, cuando Maia y su mamá Estela se instalaron en el cruce de la autopista Dellepiane y avenida Escalada, cuando el hombre que se la llevó a cambiar la bici por una más grande, más linda, le decía que quería ayudarla. Donde carajo estábamos como sociedad. Cuántas Maias más habitan nuestras calles, cuántas.

El “Alerta Sofia” se activa desde el Ministerio nacional de Seguridad, es un sistema de difusión de búsqueda de niños, niñas y adolescentes extraviados, previsto para casos de extremo riesgo. El programa activa la emergencia ante casos de niñas, niños o adolescentes desaparecidos que puedan encontrarse en grave peligro difundiendo de manera inmediata la imagen e información a través de dispositivos móviles, medios de comunicación masiva, correos y redes. La implementación cuenta con el apoyo internacional de Facebook y del Centro Internacional sobre niños desaparecidos y explotados (ICMEC).

La pregunta del millón es por qué no los consideramos en extremo riesgo o grave peligro cuando están en situación de calle, cuando sufren los efectos de la pobreza, el hambre, la disolución de sus familias, cuando son vulnerables, cuando son carne de cañon, víctimas fáciles de abusos, de explotación. Por qué social y políticamente nos permitimos la negligencia, la desidia, y después nos agarramos la cabeza con los resultados de todo lo que no hicimos. ¿Dejamos pasar, dejamos hacer y después nos golpeamos el pecho?

El informe de UNICEF sobre la infancia en situación de pobreza en la Argentina indicó a finales del 2020 que casi el 63% de nuestros chicos son pobres, más de 8 millones de niños argentinos. De los cuáles, entre 1,8 a 2,4 millones sufren pobreza extrema, indigencia. Qué estamos haciendo, qué estamos implementando para garantizar sus derechos, para sacarlos de esa situación. ¿Qué es extremo riesgo o grave peligro, cuándo hay extremos riesgo o grave peligro, sólo cuando desaparecen?

“Alerta Sofía” se denomina así por Sofía Herrera. ¿Se acuerdan? Sofía tenía sólo 3 añitos cuando en setiembre de 2008 desapareció de un camping en Río Grande, provincia de Tierra del Fuego. Su caso conmocionó todo el país, nos sensibilizó, nos atravesó, pero no pudimos hacer nada, no había herramientas, ni siquiera algo como el Alerta que activa un protocolo, no había políticas públicas, procesos eficientes, nada. Si hubiesen existido, tal vez esa triste historia hubiese tenido otro final, imposible saberlo.

En ese sentido, es valorable que hoy podamos contar con la herramienta de búsqueda como el “Alerta Sofía”, pero es insuficiente para evitar que esos niños sigan en peligro grave. Sigan siendo invisibles, descartados y descartables. ¿Por qué un niño vive en la calle? ¿Qué derechos vulneramos al dejarlos librados a su suerte, al permitir que crezcan en un ambiente hostil, mal alimentados, comiendo lo que pueden cuando pueden, sin dinero, sin acceso a la salud, a la educación, a un techo? Discriminados, marginados, estigmatizados.

¿Cuántas Maias habitan las calles de Argentina? ¿Cuántas? De todas las edades, con todos los rostros, en todos los rincones de nuestro vasto país. Maia no es Maia, son miles y miles de Maias, producto de una sociedad rota, fragmentada, disociada, de una sociedad con las tripas revueltas de hipocresía.

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