Editoriales |

Los tiempos de la ciencia

“La vacuna desarrollada por Oxford contra el coronavirus abre grandes esperanzas”

“Ensayos en Estados Unidos dan un ‘rayo de esperanza’ sobre el uso del remdesivir”

“Vacuna contra el coronavirus: por qué los científicos creen que pueden lograrla en tiempo récord”

“Una esperanza: Austria identifica 155 medicamentos y 79 vacunas potenciales contra el coronavirus”

“Científicos británicos confiados en rápida vacuna contra la COVID-19”

“Comenzaron a testear en cerdos una vacuna contra el COVID-19”

Estos son algunos de los tantos títulos que hemos leído sólo en la última semana en el transcurso de la pandemia. La competencia en la carrera hacia una vacuna es feroz, las pseudo novedades terapéuticas publicadas cada día por revistas científicas y replicadas por los medios serían sólo tristes si no fueran tan peligrosas por lo que implican y también por lo que alientan. Tenemos que parar este disparate, es arriesgado y perjudicial lo que estamos provocando, ya bastante tenemos con tolerar la enfermedad en sí, como para agregar más problemas.

Desde que arrancó el Covid-19 y comenzó la búsqueda infructuosa de un remedio, el fenómeno fue in crescendo, se multiplicó la investigación en búsqueda de la vacuna, de la aplicación de viejos y nuevos fármacos, el mundo científico se abocó al objetivo de encontrar la cura y hacerlo en el menor tiempo posible. Hasta ahí, todo bien, el problema es alentar falsas esperanzas, el problema es dejar que el pensamiento mágico se extienda, el problema es dejar creer que la cura estará disponible en poco tiempo, que en un rato vamos a tener una vacuna.

No hay ni habrá, no en tiempo récord, no si, como debe ser, se respeta el método científico, no si buscamos un medicamento o una vacuna segura y eficaz, no si la investigación clínica cumple todos los requisitos, no si somos conscientes que nadie tiene capacidad de producir, distribuir y aplicar 7000 millones de dosis en semanas. La comunidad científica está trabajando, pero en ese universo no existe el tiempo récord, no existen las soluciones mágicas, no hay ninguna posibilidad de que tengamos disponible una vacuna en los próximos meses, eso va a llevar más tiempo.

Quien dice lo contrario miente, quien dice lo contrario mancilla el mundo de la ciencia formal, aboga por los pseudo descubrimientos, por el sensacionalismo y hasta juega con la esperanza del prójimo. La competencia por publicar novedades y curas milagrosas son viles y sólo sostenibles como consecuencia de un mega negocio. Haga la prueba y busque la palabra coronavirus, se va a encontrar con casi 3 billones de citas, nunca antes en la historia de Internet, hubo un tema que despertara semejante nivel de interés.

¿Entonces, todos mienten? Seguramente no, hay mucho de buena intención y también de necesidad de creer en que pronto tendremos disponible la cura, pero la verdad es que no sabemos con certeza cuándo estará disponible una vacuna contra el Covid-19. Muchos replican desde la buena intención de informar y desde la ilusión de superar rápidamente la pandemia, pero omitiendo que las noticias a veces constituyen especulación económica y científica de quienes están tras los fondos para avanzar en la investigación. No olvidemos que hay un negocio millonario tras la cura y que hasta la fecha están en carrera unas 70 empresas, chinas, europeas, inglesas, americanas, italianas, israelíes, muchas incluso asociadas a prestigiosas universidades.

Sumemos además la estupidez supina de líderes como el presidente Trump mencionando “drogas milagrosas” o invitando a la gente a inyectarse desinfectante, o alcohol en gel; o los que lucran tratando de vender drogas que curan todo, cáncer, epilepsia o Covid-19; o los que especulan ofreciendo agua bendita, o algunas pociones que evitan el contagio. Hay de todo, algunos mucho más peligrosos por la responsabilidad que les impone el cargo, como el caso de Trump, líder desatinado, irracional e insensato como pocos en la historia del mundo.

Sin cometer el error de meter a todos en la misma bolsa, es importante que además del barbijo, el distanciamiento social y la cuarentena, aprendamos a tener sumo cuidado con lo que leemos y compartimos en temas de salud y tener claro que, por seguridad, la ciencia maneja tiempos que debemos respetar. Necesitamos una vacuna, pero la necesitamos segura y eficaz y eso va a demandar un tiempo. La ciencia es ciencia, si queremos magia busquemos magos.

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