Editoriales | Alberto Fernández | FMI

"Los malos" son "los otros"

En Argentina la culpa siempre la tiene el anterior y si no hay anterior porque antes estuvieron los mismos, echamos mano a otros clásicos como el FMI, el contexto internacional, la globalización o el famoso imperialismo. Es una vieja costumbre que puede ser empleada una y otra vez porque somos pendulares, desmemoriados y hasta infantiles.

Pase lo que pase, el malo de la película es el otro, y así vamos y así estamos. Pintamos la realidad del color que más nos gusta con tal de no ver, con tal de asegurarnos que el cuadro queda como más nos conviene.

Ahora la culpa de todos nuestros males es Macri, antes fue Cristina, antes el imperialismo, la oligarquía y los desestabilizadores, antes Duhalde, De la Rúa, Menem, Alfonsín, antes los gobiernos de facto y dale que va. Nunca el que está es responsable de ningún error, todo obedece a lo que nos dejaron, a lo que nos hicieron, a lo que nos hacen o a las malas decisiones de los que los precedieron. Eso, sumado a los eufemismos que son parte constitutiva de nuestro ADN, son el combo perfecto de todas nuestras excusas.

Esta mala costumbre política de culpar siempre al otro por todos nuestros males y la tolerancia social que tenemos para escuchar la lista de pretextos sin decir una palabra, nos definen. Somos permeables a tergiversar el concepto de responsabilidad, de manera individual y colectiva. No hay ser humano que no cometa errores y no hay político infalible, por qué no podemos asumir nuestras falencias a título personal y general, es una incógnita difícil de develar.

Obvio que es mucho más sencillo y rápido culpar al prójimo, hacer catarsis inmediata y lavar la carga que implica un error, pero no es sano ni a nivel individual ni a titulo colectivo y mientras no superemos esta vieja costumbre que nos entrampa, no podremos avanzar de manera saludable.

Repetimos el concepto cotidiano con los eufemismos con los que disfrazamos la realidad. Llamamos ley de ‘Solidaridad Social y Reactivación Productiva en el marco de la Emergencia Pública’ que incluye el ‘impuesto para una Argentina Inclusiva y Solidaria’, a un nuevo ajuste. Semejante título puede resultar más inofensivo desde lo simbólico, pero no por eso es menos nocivo. Te puede gustar o no, te puede afectar o no, pero la ‘solidaridad’ que norma esta ley implica: congelación de las jubilaciones, aumento de las retenciones, de las alícuotas de bienes personales, extensión del cepo, encarecimiento de todas las compras en dólares, entre otras tantas medidas.

Ahora bien, toda esa solidaridad muy solidaria, no incluyó una sola medida para achicar el gasto del Estado y ya sabemos que las proyecciones de inflación siguen en alza y el crecimiento, por ahora, es inviable. Por lo tanto, por más que la nueva ley tenga un título de casi dos renglones, pasado en limpio se trata de un ajuste al que no llamamos ajuste porque preferimos el eufemismo que suena más bonito y en todo caso, vale recordar que, si lo vamos a denominar ajuste, la culpa no es de Alberto, sino de Macri, que, como ya sabemos, dejó un “país arrasado”.

Y ya que estamos, recordemos también por favor, que la culpa no fue de Macri, sino de la “pesada herencia” que recibió. Y obviamente, la “pesada herencia” no fue culpa de Cristina, sino del imperialismo internacional, del libre mercado, la oposición y los sectores privilegiados de la economía. Y si quieren, si tienen ganas y tiempo, podemos seguir para atrás y más atrás y más atrás.

Ahora bien, queridos lectores, aunque es cierto que en Argentina la culpa siempre la tuvo el anterior, aunque la clase política no predique con el ejemplo y siga empeñada en mirar para atrás a la hora de señalar responsables, empecemos por casa, por cada uno de nosotros como parte del todo de la trama social. Mirémonos el ombligo por un segundo y pensemos si de manera personal, además de hacer hincapié en nuestros derechos, asumimos también nuestras obligaciones, o si somos de los que, igual que nuestros políticos y nuestra política, apuntamos con el dedo a “los malos”, que siempre son “los otros”. Seguramente compartimos que es necesario salir urgente de esta lógica binaria de amigos/enemigos, inocentes/culpables, pero por alguien hay que empezar y no está mal empezar por nosotros, alguno tiene que dar el primer paso.

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