Editoriales | Alberto Fernández | CGT

Los inmortales asustan

"Al país lo arreglamos entre todos" dijo el presidente electo Alberto Fernández luego de reunirse con la cúpula de la CGT. Es cierto, o nos juntamos o no hay destino posible.

“Lástima que la foto que encuadró sus palabras estaba compuesta por los eternos secretarios generales de los gremios que integran la central obrera, muchos de los cuales suman a su perpetuidad en el cargo, causas judiciales.

Se puede alegar sin faltar a la verdad que tenía que reunirlos y reunirse, que son los representantes de los trabajadores y es lo que hay, que no es su responsabilidad que permanezcan atornillados a sus sillones y que no tiene otro remedio que dialogar.

Es así, son los principales líderes sindicales del país y todos sabemos que, sin la bendición de ellos, el camino ya de por sí difícil, puede ser mucho peor. Aún con plena conciencia de que era un encuentro necesario, es una pena, por nosotros, los argentinos, porque la foto no habla de Fernández, habla de nosotros como sociedad, como ciudadanos y de nuestros males endémicos.

Hay dos preguntas que sobrevuelan esa foto: la primera es si se puede gobernar Argentina sin el pulgar para arriba de estos señores y la segunda, si alguna vez podremos democratizar el sindicalismo de nuestro país sin morir en el intento.

En todo caso, más allá de estos interrogantes sin respuesta, no hay mucho para achacarle al presidente electo, lo que dijo en su discurso tiene la intención de generar el escenario más propicio en un contexto realmente complicado. Está sumando todas las voluntades posibles para garantizar gobernabilidad y paz, es lo esperable, no puede ni deber abrir un frente más, no puede ni debe sumar un solo problema a todos los que deberá afrontar.

Fernández necesita consensos, un “pacto social” y eso está procurando, aun así, resulta inquietante escucharlo decir que la dirigencia sindical “va a ser parte del Gobierno que viene”, que juntos van a “diseñar las políticas del futuro” y “no solamente hacer un acuerdo de precios y salarios”. Que estos señores sean “parte del Gobierno que viene” le garantiza, como decían nuestros abuelos, bailar con la más fea. El presidente electo está anexando a su gestión una suma que también resta, muchos de estos muchachos inmortales, acumulan gruesas causas judiciales, eso sin contar la impermeabilidad a toda posibilidad de alternancia que representan, violando eternamente uno de los pilares de todo mandato democrático.

Hugo Moyano, lleva más de 35 años al frente de Camioneros y acumula unas cinco causas por lavado, asociación ilícita y defraudación. Jorge Omar Viviani, suma cinco mandatos como líder de los peones de taxi. Julio Piumato lleva tres décadas en el gremio judicial. José Luis Lingeri suma también 35 años de mandato en Obras Sanitarias y Armando Cavalieri no le va en saga en su titularidad del Sindicato de Comercio.

Todos muchachos inoxidables, con feudos propios, blindados e inalterables, no parecen ser lo más recomendable para “diseñar las políticas del futuro” que pretende el presidente electo.

Cómo no acordar con Fernández cuando dice que “el movimiento obrero tiene mucho que ver” con el trabajo que se necesitará “para poner a la Argentina de pie”, obviamente el país precisa del compromiso de todos los trabajadores. Lo que no es tan seguro es que los líderes sindicales se ajusten a su otra expresión, porque también dijo “estoy seguro que quienes están sentados a mi lado quieren esa Argentina integrada que yo quiero, quieren aportar al futuro”.

Si estuviéramos en el lugar del presidente electo, así de seguros, seguros, seguros que quieran una Argentina integrada y quieran aportar al futuro, no estaríamos. Si fueran tan patriotas y estuvieran tan compenetrados con el país como los pinta Alberto Fernández, estaríamos hablando de hombres que lejos de perpetuarse propiciarían la democracia sindical, no de líderes que han blindado sus mandatos conformando feudos a perpetuidad.

En ese sentido, si la de Fernández es una estrategia para garantizar la gobernabilidad y la paz social en el primer tramo de su mandato, es comprensible y hasta justificable, pero de cara al futuro, debe saber que son muchos los argentinos a los que esa foto les provoca escalofríos, que ese retrato no es precisamente lo que esperan, que son muchos los argentinos que pueden aceptar esa foto como táctica de consolidación de poder. Pero que, superada esa instancia, en “el futuro que la Argentina necesita” debería haber otra foto, con una dirigencia sindical totalmente renovada, porque en vida de mortales, los inmortales asustan.

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