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Lo que queremos te incluye

Habitualmente desgrano estas líneas de manera impersonal, en esta ocasión, por única vez y como excepción, voy a permitirme saltar ese cerco invisible. Soy mujer, pasé los 50, he vivido la evolución de todos los preceptos de género, la sociedad en la que me crié, no es en la que vivo, hemos evolucionado positivamente. Sin embargo, resulta innegable que la conquista de derechos femeninos interpela a los hombres, muchos aducen que no saben cómo actuar, que no saben cómo tratarnos, que no nos entienden, que están desorientados, que no saben qué queremos. Es comprensible.

Empecemos por el principio, el primer paso es sin duda reconocer que hemos avanzado pero que siguen existiendo desigualdades de género, que son injustas y que es menester trabajar para que esas desigualdades dejen de existir. Aceptar que hay que bregar por una sociedad más igualitaria, que hay que construirla, que estamos aprendiendo todos, que vamos haciendo camino al andar.

Reconocer es un primer paso, pero no alcanza, además de ver las desigualdades, hay que actuar para modificarlas, ser un espectador no debería ser una opción. Podes empezar por algo simple, como dejar de naturalizar, no festejar los “chistes” o comentarios sexistas, mostrar que estás en desacuerdo y explicar por qué.

También podés visibilizar las tareas del hogar, revisar quién se ocupa de limpiar, cocinar, lavar, planchar, hacer las compras y luego, salvar esa asimetría asumiendo parte del trabajo doméstico, pero no como una manera de “colaborar”, sino como el modo de hacer lo que corresponde por el hecho de vivir bajo un mismo techo. Hacerlo sin excusas y sin que nadie te lo tenga que pedir ni agradecer.

Capítulo aparte para el cuidado de los hijos, quién pondría en duda que es responsabilidad de ambos, que compartir equitativamente las tareas de cuidado es fundamental. Sin embargo, no siempre están claras algunas cuestiones básicas y simples: como que tu tarea no empieza cuando la mamá se va y tampoco termina cuando ella vuelve. Vos también podés elegir la ropa que se van a poner, pensar en los regalos de cumpleaños de sus amigos, llevarlos al médico o ir a hablar con la maestra. Lo mismo que en la casa, no es una “colaboración”.

Una difícil, tal vez la más complicada es no replicar estereotipos de género, repitiendo los viejos dogmas que establecían roles y pautas de comportamiento de varones y mujeres en el trabajo, la familia y el espacio público. El ejemplo más común, es el doble estándar de considerar al varón que tiene sexo con muchas mujeres como un ganador, y a la mujer que tiene sexo con muchos varones una mujer fácil, una regalada, una ligera. Otro cotidiano es ver las mujeres levantando la mesa mientras los hombres siguen sentados charlando como si eso no sucediera.

No mal predisponerte frente al reclamo de una mujer por algo que estás diciendo o haciendo, aunque sientas que eso que te dice no es tan así o que está exagerando o que está demasiado sensible, o que no es un tema de género, o que, o que, o que. Son siglos y siglos, son generaciones y generaciones, de usos, costumbres y privilegios, es comprensible que como varón tengas naturalizadas un montón de situaciones, que te resulten invisibles, que pasen desapercibidas o que simplemente te resulten inexplicables. Pero las mujeres, como víctimas, tenemos un radar para eso, porque lo sufrimos y cuando te digo lo sufrimos, creeme que es sufrir con todas y cada una de las letras que componen esa palabra.

Es comprensible que puedas advertir sólo los casos más explícitos, en los que media la violencia física o la agresión verbal explícita, pero hay muchos actos mucho más sutiles, tan dañinos como los otros, pero sutiles, que las mujeres hemos padecido y tolerado y seguimos padeciendo y tolerando. Así que, si te lo dice, aunque te resulte extemporáneo o inofensivo, consideralo, sabe mucho mejor que vos de qué está hablando.

Lee, infórmate, preguntá, preguntá desde la consideración, desde las ganas genuinas de entender, consutá a tus mujeres cercanas, tratá, tratá desde el respeto, desde la aceptación, sin criticar las contradicciones, que hay y muchas, como en todo movimiento social, como en toda lucha, como en todo camino que se transita, como en todo cambio radical. ¿Sabés qué queremos? Queremos una sociedad igualitaria y una sociedad igualitaria solo es posible si todos tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones, y ese todos es todos, lo que queremos te incluye.

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