Editoriales | Pruebas PISA

Las PISA nos pisan

Como cada vez que se conocen los resultados de las pruebas PISA, nos pasamos unos días enredados en un laberinto de discusiones estériles sobre lo que hicimos mal y lo que deberíamos hacer, pero la polémica es de corto alcance, expira a los pocos días, cuando otro de nuestros tantos infortunios gana el espacio dialéctico público.

Este año el resultado de las PISA 2018 ratifica que muy poco ha cambiado para mejor en educación en las últimas décadas, Argentina sigue siendo uno de los países con resultados más bajos de la región.

Nos volvimos a atragantar con el informe que nos coloca en el puesto 63 sobre 77 países evaluados y que señala además que 7 de cada 10 alumnos no pueden resolver un cálculo matemático básico y que más de la mitad no entiende lo que lee. Frente a semejante resultado ¿hay que aclarar que el sistema fracasa, que este no es el rumbo, que las PISA nos pisan?

Participamos del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos desde el año 2000, la del 2018 fue nuestra sexta experiencia, son casi dos décadas, tiempo suficiente para tomar distancia y poder apreciar la curva evolutiva y caer en la cuenta que la nuestra no es precisamente ascendente.

Tenemos un problema y es grave, máxime considerando que las PISA tienen por objeto analizar hasta qué punto los alumnos de 15 años, cercanos al final de la educación obligatoria, han adquirido los conocimientos y habilidades necesarios para su inserción social adulta, no examinan el dominio de los planes de estudio específicos, evalúa la capacidad de los estudiantes para aplicar los conocimientos y habilidades adquiridas en la vida cotidiana.

La manera de revertir nuestros magros resultados no es cambiando planes de estudio cada vez que cambiamos de gobierno, la única forma de transformar esta situación es hacer de la Educación, así, con mayúsculas, una cuestión de Estado. Es imprescindible que la Educación tenga centralidad en las políticas públicas, es fundamental que dejemos de desgastarnos en diagnósticos, generalmente repetidos, es inútil que nos esforcemos en la búsqueda de responsabilidades o en desgranar un rosario de excusas. Nos sobran horas de retórica estéril, nos faltan hechos.

Las PISA nos pisan y nos seguirán pisando hasta que la educación no sea de verdad una política de Estado y no de la boca para afuera, sino con acciones concretas, hay que trabajar con seriedad y hay que hacerlo con todos, Hay que dar un debate profundo, pero que termine en algo concreto, llevamos décadas de vaguedades y desaciertos, de decisiones trascendentales tomadas en la soledad de los despachos.

Esto tiene que salir de los ministerios, porque la transformación podrá concretarse sólo como producto de un debate que incluya a todos los sectores pertinentes, un debate abierto, plural y que parta desde el espíritu de grandeza de saber de antemano, que los que allí están, probablemente no serán testigos de los resultados, que llevarán décadas. Porque para escribir un nuevo capítulo educativo se necesita la tinta de la inteligencia de muchos argentinos.

ya que estamos, hablemos de los miles y miles que no relevan las PISA, hablemos de los que están afuera del sistema educativo porque la pobreza los excluye, hablemos de los que no tienen ni siquiera la posibilidad de que les vaya mal en las PISA porque la vida los arrancó de las aulas o ni siquiera los dejó llegar a la puerta de la escuela.

Hablemos de ellos también y de cómo hacemos para incluirlos, pero no en los discursos, sino en las escuelas. Si los datos del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos son contundentes e incómodos respecto a los alumnos regulares, imaginemos, sólo imaginemos lo que puede implicar en términos educativos en los chicos de los niveles más vulnerables. No hay dudas que la pobreza y la exclusión potencia la tragedia educativa que atravesamos.

La Educación, así, con mayúsculas, no está entre las prioridades de la agenda política, tampoco ocupa los primeros puestos de la agenda social. Prueba de ello es que el tema no estuvo ni siquiera incluido en el debate presidencial. Mientras no dejemos de lamentarnos, de gastar horas y horas en discusiones improductivas e inconducentes, mientras la Educación no salte de los discursos a los hechos, las PISA nos seguirán pisando.

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