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Las excepciones son odiosas

Nos pidieron un esfuerzo gigantesco y lo estamos haciendo: a unos nos pidieron que dejáramos todo, que no fuéramos a trabajar, aunque peligraran nuestros ingresos y, por ende, nuestra subsistencia; a otros nos pidieron que sí fuéramos a trabajar, arriesgando, exponiendo nuestro pellejo y el de nuestras familias a posibles contagios; nos pidieron que no mandáramos los chicos a las escuelas y que nos adaptáramos a la educación a distancia; a los docentes, que transformaran sus clases presenciales en digitales desde sus casas; a los médicos, enfermeros y personal de seguridad, que redoblaran sus esfuerzos. Hicimos todo lo que nos pidieron, algunos incluso arriesgando su manutención, el sustento familiar, aguantamos todo, pero no vamos a aguantar las injusticias, los privilegios, las prerrogativas, ni las excepciones.

Lo que es justo, es justo y lo injusto no lo es. No es ecuánime la decisión de otorgarle un incentivo monetario excepcional al personal del Congreso que concurre a trabajar durante el aislamiento social, no es justo que se les pague una suma salarial adicional especial por el cumplimiento de sus tareas, por el hecho de concurrir a sus trabajos durante la cuarentena. No importa cuánto, ni cómo, ni lo que va a representar para sus bolsillos, no importa si es mucho, poco, o más o menos, es injusto, implica una arbitrariedad en un momento en el que la mayoría de los argentinos la estamos padeciendo. Punto.

¿Tienen idea lo hartos que estamos de los privilegios, de las diferencias? Y en esto no tienen nada que ver los trabajadores que serán favorecidos, ni una sola de estas líneas intenta señalarlos o desmerecer sus tareas, no son los autores de la decisión, ni los que firmaron la resolución que dispone el otorgamiento de ese plus salarial de 2.300 pesos por día. Está claro que se trata de personal que continuó asistiendo al Congreso para realizar tareas de limpieza, seguridad, informática y administrativas, no son ellos el blanco de la crítica, sino el despropósito de distanciar el sacrificio de unos y otros, de plantear diferencias injustificables en un momento en el que la mayoría de los argentinos la estamos pasando mal.

¿Hay que recordarles a Cristina Kirchner y Sergio Massa que las micro y medianas empresas están en situación crítica, que no saben si siguen o se funden, que están haciendo malabares para sobrevivir y honrar sus compromisos, habrá que contarles que muchos empleados tuvieron que acordar recortes salariales como consecuencia de la situación y que muchos otros duplicaron sus tareas para atender la contingencia sin recibir nada extra a cambio? ¿Habrá que explicarles que la decisión que tomaron provoca una rispidez absolutamente innecesaria, insalubre y desacertada en medio de semejante situación?

¿Cómo creen que le cae al resto de la población, a la que no ha podido trabajar, a la que no ha podido ejercer su profesión o su oficio, a los que sacan cuentas para ver cómo pagan el alquiler, o cómo van a comer los próximos días, o a qué más renuncian para ver si así les alcanza? ¿Nos están cargando, viven en la estratósfera o les importa un bledo lo que nos pasa?

La buena salud de la democracia se basa en la credibilidad, la confianza y el buen tino del que son capaces nuestros representantes, esa confianza y credibilidad exige buenas prácticas, como ejemplaridad, más aún en situaciones extraordinarias, como las que estamos atravesando. Esas buenas prácticas ha sido la contención en el marco de la pandemia, tanto el Gobierno nacional, como en nuestro caso, el provincial y los municipales, han sido ejemplares, han mostrado cautela, capacidad de servicio y sensatez, por eso hemos hecho el esfuerzo gigantesco que nos han pedido, por eso estamos dispuestos a seguir haciéndolo todo lo que sea necesario y por eso nos resultan inaceptable e injustas decisiones como las que remarcamos en estas líneas.

En un esfuerzo conjunto como el que estamos haciendo, no debe haber excepciones, las excepciones ignoran una regla, un principio, una pauta, un convenio, una norma, no hay excepción que no vulnere a los que deja afuera, a los que ignora, a los que no alcanza. Las excepciones son odiosas, hacen diferencias, separan, establecen preferencias y, en este momento, son exactamente lo opuesto a lo que necesitamos para seguir adelante.

Todos estamos dispuestos a seguir haciendo el esfuerzo gigantesco que requiere transitar este momento histórico, pero no vamos a aguantar las injusticias, los privilegios, las prerrogativas, ni las excepciones.

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