Editoriales | Tránsito

Las dos caras de la moneda

Nuestras calles y rutas son temerarias, nuestro tránsito es temerario, el nivel de crispación con el que salimos a manejar y la intolerancia con la que nos conducimos en la vía pública, transforman a nuestras ciudades en lugares en los que el solo hecho de circular implica un riesgo.

En el tránsito argentino básicamente rige la ley de la selva, se impone el que circunstancialmente resulta más fuerte.

Si logra sacudirse la naturalización que hacemos de esta circunstancia cotidiana, podrá apreciar que estamos hablando de algo realmente peligroso, por lo arriesgado y trágico, porque realmente es dramático salir a la ruleta rusa en la que se han convertido nuestras rutas y calles.

No vaya muy lejos para encontrar ejemplos. Donde decida buscar, sobran, muchos incluso con consecuencias graves, algunos con desenlaces fatales e irreparables, otros, con secuelas de por vida, todos, atravesados por el dolor, la pérdida y la reflexión tardía de lo que se pudo haber evitado si hubiese mediado la prudencia y el apego a las normas.

Pero tarde, en general el tránsito es una postal de cómo no se debe conducir un vehículo, de cómo desdeñamos lo que sabemos y hasta qué punto somos capaces de despreciar la vida, propia y ajena.

En el tránsito no nos importa el otro, importamos nosotros y lo que es peor, el caos y las irregularidades atraviesan y tiñen todos los aspectos de la problemática. Hemos dedicado este espacio en muchas oportunidades a abordar este mismo tema desde distintas aristas, hemos indicado cifras y estadísticas que refrendaban el planteo editorial y lamentablemente, es un tema que de manera recurrente impone la actualidad.

En los últimos días dos hechos en la capital pampeana fueron noticia y ejemplos perfectos para mostrar las dos caras de la misma moneda, aunque una es mucho más preocupante que la otra.

En el primer caso, un conductor atropelló al subdirector de Tránsito de Santa Rosa en un operativo en el que se controlaba la documentación y se realizaba el test de alcoholemia. El agresor, en vez de acceder a presentar los papeles del vehículo y someterse al control, optó por arrollar a Stemphelet y darse a la fuga, aunque la “corajeada” le duró bastante poco ya que a las pocas horas fue detenido

La otra cara de la moneda también tiene como protagonistas a los trabajadores del área de Tránsito del municipio capitalino, en este caso en consonancia con efectivos de la policía provincial en ocasión de un control de rutina. En ese contexto detuvieron a una mujer que volvía de madrugada de buscar a su hijo y su sobrino de una fiesta de cumpleaños y le requirieron la documentación reglamentaria.

La vecina tenía todo en regla sólo que la póliza de seguro que tenía impresa estaba vencida, por eso decidió buscarla online, como no la encontraba pidió asistencia a sus familiares, pero no alcanzaron a llegar, porque los inspectores ya habían procedido a labrarle el acta de infracción y a precintar su auto para secuestrarlo. Tenía la documentación en regla y el test de alcoholemia había dado negativo, aun así, luego de una acalorada discusión, madre, hijo y sobrino, terminaron esposados y detenidos, por negarse a que se lleven el vehículo.

Muchos de los que conducen están descontrolados, muestran una audacia insensata y un nivel de imprudencia apabullante, pero los que fiscalizan, los que controlan, los que deberían hacer cumplir las normas, no pueden infringirlas. El nivel de preparación y formación de todos los integrantes de las áreas que participan en los controles no debería ser tema de discusión. No podemos estar considerando esto, porque nos coloca en una situación mucho peor que la indolencia frente al tránsito.

Las dos caras de la moneda son preocupantes, pero por la responsabilidad que les cabe y por la incumbencia que les corresponde, es mayor el peso en el terreno de la autoridad de aplicación. No puede haber errores como el que denuncia la vecina de Santa Rosa, porque eso pone en tela de juicio toda la tarea que desarrollan.

No hay duda que la seguridad en el tránsito se construye con la participación responsable de todos los actores, que nos faltan, además de controles permanentes, campañas de educación vial metódicas, en todos los niveles educativos, como complemento de una acción punitiva sostenida en el tiempo.

Es verdad que tenemos que sembrar conciencia sobre esta problemática porque no es lógico salir a la calle o a la ruta y sentir que en esa acción nos podemos estar jugando la vida, que dependemos de la buena suerte para llegar sanos y salvos a nuestro destino, pero lo más irracional es que se imponga la ley de la selva y que tengamos que desconfiar o cuidarnos de los que tienen que cuidarnos.

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