Editoriales |

La tecnología fue una gran herramienta

No sé si se dieron cuenta, pero a esta altura del aislamiento, ya hemos abandonado, modificado e incorporado una parva de hábitos. A algunos los tuvimos que cambiar a la fuerza y otros los anexamos rápidamente para reemplazar a los que hemos dejado de lado como consecuencia de la pandemia. Si algo estamos demostrando en este lapso, es la velocidad con la que nos adaptamos a los nuevos entornos, la capacidad de resistir, resignificar y transformar que tenemos, que realmente es digna de destacar.

En la batería de nuestros nuevos hábitos el rol de la tecnología ha sido sustancial, el aumento del uso de las videollamadas en Whatsapp, Instagram y Facebook, ha sido monumental, lo mismo que el crecimiento de aplicaciones y plataformas que permiten reuniones por cuestiones laborales, educativas o recreativas. Los datos de nuestro país impresionan: las videoconferencias aumentaron durante el aislamiento un 430%, Zoom un 1.840%, mientras que otras apps más usadas en entornos laborales como Webex o Skype, subieron un 120 y un 100% respectivamente.

Algunos se preguntan si las videollamadas, el nuevo hábito forzado que hemos adoptado para mantenernos cerca de nuestros afectos, llegaron para quedarse. Esa es por ahora una incógnita sin respuesta, lo sabremos cuando esto pase, lo cierto es que las videollamadas nos han ayudado y mucho, a sobrellevar lo afectivo del mejor modo posible, haciendo el aislamiento mucho más tolerable. Las videollamadas nos ayudaron a mantener el calorcito de la cercanía humana y emocional con los que nos morimos por abrazar. No es lo que deseamos, es lo que se puede, pero al menos tecnológicamente, preservamos el contacto afectivo, nos vemos, nos visitamos, nos contamos, nos reímos y, a la distancia, de una manera diferente, también nos abrazamos.

Si es cierto que un hábito tarda unos 21 días en formarse, dependiendo de la insistencia, la prerseverancia y el interés que pongamos para forjarlo, a esta altura, no sería incoherente suponer que ya tenemos este nuevo hábito instalado. De hecho, además de lo afectivo, el universo laboral, educativo y gubernamental ha girado en torno a la tecnología. Reuniones de trabajo, equipos de gestión, clases, teatro, danza, gimnasia, cuentos, juegos, charlas, conferencias, encuentros virtuales en tiempo real por miles y miles de motivos. La tecnología fue la gran herramienta para seguir, en la medida de lo posible, con nuestra nueva modalidad de vida.

En este tiempo hemos tenido que experimentar muchas cosas nuevas y no sólo en el ámbito digital, muchos de los hábitos que incorporamos incluyen lo tecnológico, como visitar online museos, o disfrutar de un concierto, o tomar una clase de yoga, o de teatro. Pero muchos otros lo exceden, porque también hemos incursionado en terrenos impensados, como cocinar, o hacer de coiffer estilista para el resto de la familia, o arreglar ese enchufe que hacía años andaba como la mona. También nos especializamos en buscar y generar videos con humor, como vía de escape y una manera de sortear estos tiempos difíciles.

Claro que estos nuevos hábitos forzados que incorporamos para relacionarnos, no van a suplir los anteriores al virus, seguramente, cuando regresemos a nuestra normalidad, van a convivir o coexistir porque ahora sabemos con creces que la digitalidad es un espacio en el que lo afectivo circula, fluye y nos permite vincularnos.

Antes de la pandemia teníamos incorporada la tecnología como parte de nuestra vida y llevábamos el celular como una extensión de nuestro cuerpo, hora eso se va a potenciar y extender. Es impensable que cuando podamos salir, cuando podamos volver a abrazarnos, a compartir un asado, tomarnos una cerveza con amigos, o festejar los cumpleaños, optemos por una videollamada, no hay duda que vamos a ir al encuentro de todos los que queremos, pero seguramente, después de esto, nuestros nuevos hábitos van a hacer que circulemos todo el tiempo entre lo online y lo offline.

Y este cambio de hábitos, tanto los que hemos abandonado, como los que hemos modificado o incorporado, tienen que servirnos para repensar no sólo en lo positivo de nuestra capacidad de adaptación y transformación, sino además, en cuántas de las reuniones y encuentros, sobre todo laborales, podrían comenzar a transitar por el universo tecnológico. Deberían servirnos, al menos,para reflexionarsobre los grandes beneficios en los que han redundado algunos de los hábitos que incorporamos y que no tendríamos que resignar.

Dejá tu comentario