Editoriales | Pobreza

La pobreza y la desigualdad social son nuestra verdadera epidemia, pandemia y endemia

Coronavirus por acá y por allá, alarmas encendidas en todos los puntos calientes del planeta. ¿Tiene posibilidades de llegar a Argentina, se nos viene o no se nos viene? Qué otro remedio que seguir la corriente y salir a averiguar todos los detalles, las previsiones necesarias y las posibilidades. Si como medio no nos ocupábamos de la enfermedad, simplemente estábamos afuera de uno de los principales temas de la agenda de los últimos días. Así que, allí fuimos a cumplir con lo que correspondía.

Hecha la aclaración y cubierta periodísticamente la problemática, como aconseja la práctica del “buen periodismo”, permítannos en estas líneas zapatear un poco contra todo y todos, incluso contra nosotros mismos, por seguir el torrente, en vez de arremeter para donde deberíamos. Nuestra autocrítica, que también vale para los colegas, tiene que ver con la otra pandemia, la pandemia de la que no se habla a pesar que provoca todos los años miles de millones de muertos y enfermos en todo el mundo, la pandemia con la que convivimos pero no es noticia, la que no recibe la atención que debería porque a esta altura la hemos naturalizado, nuestra autocrítica es por no abordar con la misma intensidad y vehemencia la desigualdad social y la pobreza, que matan más que cualquier catástrofe epidemiológica, que no tienen que ver con bacterias ni con virus pero son mucho más peligrosas que todas esas calamidades juntas.

Por supuesto que había que cubrir la situación que está provocando el coronavirus, el avance de la epidemia, los países más comprometidos y todos los detalles de la enfermedad, pero lo que bajo ningún punto de vista es posible es que le dediquemos horas y horas al coronavirus y nada a nuestros propios problemas, crónicos, epidémicos y endémicos.

En nuestro país, según datos oficiales del Ministerio de Salud, se producen 10.500 casos nuevos de tuberculosis y mueren unas 500 personas por año. El Chagas, una enfermedad que se desarrolla en la pobreza, es endémica, afecta a unos 2 millones de argentinos y provoca otras 500 muertes anuales. Se sabe, pese a que está subregistrada, que la sífilis congénita tiene una incidencia muy alta en nuestra población. A lo que se suman endemias regionales como la leishmaniasis en NOA y NEA, la hidatidosis en la Patagonia, la leptospirosis y hantavirus en distintas regiones y épocas y la amenaza permanente del dengue, que desde hace más de dos décadas nos sobrevuela como una posibilidad absolutamente real.

Y ya que estamos, sumemos las cifras de la violencia de género, porque en Argentina muere una mujer cada 26 horas, casi un femicidio por día, contabilizando casi 300 mujeres asesinadas por el solo hecho de serlo en 2019. Sumemos también las muertes como consecuencia de abortos clandestinos, que ascienden según cifras aproximadas a unas 500 mujeres por año de las 500.000 que lo practican.

Tenemos muchas enfermedades por contener, muchas epidemias por frenar como para dedicarnos sólo al coronavirus. Estamos lejos de ser un país saludable, el 40% de nuestros chicos tiene sobrepeso u obesidad, somos el país con más niños obesos de América Latina. El 17% de nuestros habitantes no tiene acceso a agua potable o segura, la mitad de nuestra población no tiene cloacas. El 75% de las muertes de Argentina son causadas por enfermedades crónicas no transmisibles y muchas de ellas se pueden prevenir. Unas 6.500 personas se enteran por año que son portadores de VIH, somos el país de nuestro continente con más cantidad de nuevos casos por año.

¿Está mal que en enero, el Ministerio de Salud haya comunicado el protocolo a seguir en caso de sospechar de algún paciente con coronavirus? No, es exactamente lo que corresponde, todo el sistema debe saber cómo actuar ante un caso sospechoso y notificar de inmediato al Sistema Nacional de Vigilancia de Salud. ¿Está mal que los medios sigan día a día el avance de la enfermedad y entrevisten a médicos para alertar sobre la sintomatología y los cuidados necesarios para prevenirla? No, no está mal, lo que está pésimo es que, como señalamos antes, mientras dedicamos horas y horas y más horas al coronavirus no tengamos la misma actitud frente a nuestros problemas sanitarios crónicos.

Hablar del coronavirus está bien y es necesario, pero mucho más ocuparnos de la pobreza y la desigualdad social, que son nuestra verdadera epidemia, pandemia y endemia y a las que les dedicamos espacio sólo cuando alguna cifra escalofriante vuelve a quebrar nuestro letargo, nuestra naturalización de la problemática como consecuencia del acostumbramiento.

Temas

Dejá tu comentario