Provinciales |

La plaza que está y no parece

Hay imágenes y hay cosas que por haber ingresado a la memoria frágil de nuestra rutina, nos pasan de largo, desapercibidas, como el tren a horario de todos los días.

Es que siempre estuvieron allí, quizás antes de nosotros, confundidas con el tiempo de lo natural e imperceptible. Pero como dijera Tejada Gómez “uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida. Y entonces comprende cómo están ausentes las cosas queridas”.

Posta dulce en el camino,

nido tibio de mi barrio,

aprendí el abecedario

de calandrias y zorzales

en sus floridos rosales

y en mis días sin horario.



Banco largo y un anciano

que adormecido se queja,

más lejos están dos viejas

criticando a algún vecino

y al reparo de los pinos

se apretuja una pareja.



En un cielo de retretas

y reencuentros familiares,

se encendieron sus rituales

de modestas pretensiones,

y un manojo de ilusiones

rodearon sus diagonales.



Plaza España del recuerdo,

de ligustros y canteros,

de los sueños pasajeros

que en mi niñez trajinaron

y que en silencio pasaron

como pájaros viajeros.



Será “que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo...”.

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