DEPORTE | Cipriano Prieto | Cultural Argentino

La "Legión Extranjera" en la Pampeana

Por Raúl Bertone

Cipriano Prieto fue un español que aportó mucho a la historia futbolística de Cultural Argentino. Prieto era empleado ferroviario y desde su debut en 1926, con el mismo nacimiento de la Liga Pampeana, transcurrió una década como zaguero o back central, tal la denominación en ese tiempo, armando dupla en el centro de la defensa con Adolfo Rodríguez. Varias veces vistió la camisola del combinado liguista, conformando con Héctor Arispe un verdadero frontón en el fondo. Entre otros, el “Gallego” fue parte de ese equipo que resultó sensación en el campeonato Argentino de 1928, ganándose todas las miradas. José Lueyro fue otro español que integró ese seleccionado de la Pampeana, ubicado en la línea media junto a Coscia y Jorge Libois.

Jesús Cabido Pazos fue un verdadero personaje de nuestro fútbol, que supo ganarse el afecto de la gente, a pesar de su breve recorrido por nuestras canchas. Gallego hasta la médula, jugó dos partidos en Pico F. Club (1957), nueve cotejos y cuatro goles en Ferro (1958) y otros dos encuentros con el albinegro (1959). Un cúmulo de anécdotas rodearon su presencia aquí. En ocasión de lucir la casaca decana, previo a un choque con Costa Brava, donde se hacía respetar a pura suela “Forfai” Novillo, la barra del bar Fernández arrancó en la semana con los mensajes, augurándole su casi “segura muerte”.

Pazos era pura verborragia, por lo que se despachó con una frase bien española: “¡Si habré toreao toros, como no voy a toreá un novillo...!”. Esto llegó a los oídos del rudo defensor albirrojo y el domingo, en el Pacaembú de calles 18 y 29, en el primer cruce nomás, Novillo lo levantó de tal forma que Cabido surcó el aire para terminar pasando por encima del caño que rodeaba todo el perímetro, separando al público del terreno de juego. Cayó entre los hinchas y allí terminó su jornada. Cuando estuvo en Ferro (jugó con Labarriel, Dadone, Esquivela, Rubén Revelli y J. C. Luques), su estado físico no era el ideal y siendo su camiseta de color verde, el recordado periodista Carlos Jaeckel lo apodó “Sandía con patas”. De esa manera pasó a ser blanco de cargadas, alguien a quien también le gustaba gastar bromas.

Uno de los paraguayos más recordados que usó la camiseta de Ferro de Pico en la segunda mitad de la década del ‘80 fue Félix Zárate González. Aportó su experiencia y su firmeza en la defensa del equipo que disputó la edición 86/87 del Nacional B. “Tito” estuvo en 37 partidos y faltó a solo cinco de esa maratón de 42 cotejos. El fondo ferrocarrilero lo compartió con Rodolfo Zimmermann, Otaola y algunas pocas veces con Raúl Vicente. Le hizo un gol a Lanús, la jornada del inolvidable 4 a 4.

Otros dos guaraníes que pisaron los campos de la Pampeana fueron los hermanos Elen y Nilo Chamorro, ambos delanteros de Cultural Argentino. Elen había integrado la tercera división de Vélez y Nilo llegó a jugar en la primera de Cerro Porteño, en el torneo paraguayo. Ambos jugaron juntos en Primera C para J. J. Urquiza y en el ‘69 debutaron en el “Cultu” enfrentando a All Boys. Al poco tiempo, Nilo murió trágicamente en su país y Elen continuó su vínculo con el balón, pasando por Deportivo El Molino, Cultura Integral de Barón y Rivadavia de Arata. En esa época, los Rojas, también paraguayos, defendieron los colores del baronense.

Blago Jarak había nacido en Croacia y supo defender los tres palos de Costa Brava. Cuando pibe llegó a nuestro país, estuvo en Buenos Aires y desde allí desembarcó en General Pico. Alto, de gran contextura física, fue arquero titular durante varias temporadas (de 1964 a 1968), atajando también para González Moreno y Ferro de Pico. En ocasión de una visita de Costa a Colonia Barón, Jarak salió con mucha enjundia de su arco para despejar un centro, pero ese puñetazo que tenía como objetivo la pelota, terminó dando en la cabeza de Lalo Campos, defensor de su equipo, quien debió permanecer más de 15 minutos afuera del terreno hasta recuperarse.

También en la década del 60, Sportivo Independiente tuvo en su plantilla al peruano Alex Horny. En este caso no se trata de alguien que arribó a nuestra ciudad como futbolista consumado, ya que vivió aquí desde los siete años, transcurriendo esa etapa junto a la familia de Medardo Agüero. Pasó por todas las divisionales menores del Rojo hasta terminar debutando en primera división, de la mano de Adamo Gugliara, un 21 de julio de 1963. Ese día también hicieron su aparición “Tucho” Ferreyra, Corredera, Bragulat y D’Amico. El rubio volante derecho se destacó por un incansable ida y vuelta en ese sector de la cancha, todo un adelantado en la función del posteriormente denominado “carrilero”.

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