Editoriales | Axel Kicillof

La inclusión no comienza con el lenguaje

¡¡Vamos Kicillof!! Todos de pie aplaudiendo al gobernador de la provincia de Buenos Aires que resultó ser todo un revolucionario. Son realmente impresionantes sus primeros meses de gestión, los bonaerenses deben estar chochos, considerando que, además de pelearse con unos y otros, zapatear por cómo recibió la provincia o porque las cosas no le salen como quiere, y tensar la relación con el gobierno nacional, anunció con bombos y platillos que va a imponer, por decreto, el lenguaje inclusivo. ¡Qué grande Kicillof! Impresiona ¿verdad?, un revolucionario el muchacho.

¿Quién puede dudar que si algo necesitaba la provincia de Buenos Aires era precisamente la utilización del lenguaje inclusivo? Nadie. Ahora sí, a partir de esa decisión, los bonaerenses están salvados. Es más, ya está trabajando con parte de su equipo en una guía de lenguaje inclusivo, para que sus funcionarios la estudien y la apliquen. El propósito de una medida política de semejante trascendencia, es “visibilizar e incluir a todas las personas”, como él mismo explicó.

Considerando que de todas las provincias, la que gobierna Kicillof es la más compleja en todos los sentidos, empezando por el territorial, que dedique tiempo y recursos humanos a trabajar en una guía de lenguaje inclusivo es casi una afrenta. ¿De verdad se va a ocupar de este tema con todas las urgencias que tiene por resolver? ¿Y de verdad nadie le va a saltar a los ojos por semejante estupidez?

¿No tiene asesores que le expliquen que en medio del contexto social y económico que tiene bajo su responsabilidad, preocuparse, ocuparse y destinar esfuerzos a esto es desatender otras problemáticas que de verdad urgen? ¿Nadie lo va a frenar, nadie le va a avisar que va a perder capital político ocupándose de esto?

Además, creer que la inclusión se resuelve o peor, que comienza con modificar el lenguaje, es de una gran candidez. Si Kicillof está convencido que con el lenguaje va a transformar, es un ingenuo y está mal asesorado. Si Kicillof sabe que con el lenguaje no va a transformar nada y aun así firma el decreto, es un malintencionado al que seguramente el tiro le salga por la culata.

La inclusión no comienza con el lenguaje, comienza con la actitud frente al prójimo, comienza con la gestualidad, con el respeto por las diferencias. Lo verbal viene después. Si tanto le interesa y le quita el sueño el lenguaje inclusivo, debió esperar que la sensibilidad social evolucione y vaya incorporando naturalmente en la lengua el nuevo sistema gramatical.

No sabemos a ciencia cierta si la revolución lingüística del gobernador intentará habilitar, permitir, recomendar o directamente imponer la nueva modalidad en los intercambios formales de su gestión. Seguramente no opte por la última posibilidad, porque sería realmente muy complicado de formalizar. Imaginen por un momento la posibilidad de emplear el lenguaje inclusivo en todos los documentos que circulan en la administración de la provincia, o peor, suponga lo mismo llevado al extremo y aplicado al texto de la Constitución Nacional, transcripto a la ley de leyes. Un despropósito.

Es innegable que nuestro lenguaje es androcéntrico, tan obvio como que, desde el punto de vista lingüístico, es un desquicio imposible reemplazar las letras a y o por el arroba, asteriscos, la e o la x y mucho más hacerlo sólo para reflejar una ideología que por ahora no es compartida por todo el universo que utiliza el lenguaje en cuestión. La sustitución es ajena a la morfología del español y además innecesaria, porque el masculino genérico o masculino gramatical, es inclusivo en sí mismo.

Y nada de lo dicho constituye un ataque o réplica a quienes emplean el lenguaje inclusivo, en absoluto, el señalamiento es hacia el gobernador bonaerense, simplemente porque el horno de su provincia no está para bollos como para que se distraiga en un tema que no va a subsanar ninguna urgencia y que además, contraviene la practicidad, la claridad y la precisión sólo por imponer una cuestión ideológica o poner en primer plano una problemática que lejos está de ser lingüística.

La inclusión es un tema político, por ende, si Kicillof quiere resultados, tiene que tomar medidas políticas serias y dejar de jugar al revolucionario. Sea serio gobernador, déjese de boberías y tenga la prudencia de abordar los temas fundamentales por los que su provincia espera.

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