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La democracia se oxigena con la multiplicidad de ideas

¿Qué concepto de libertad y democracia tienen los que se enfurecen cuando alguien expresa un pensamiento distinto? ¿Por qué no se podría opinar diferente? ¿Por qué no se puede expresar desacuerdo sin que una manada de desquiciados salte a los ojos del que osó contrariar la posición mayoritaria? Dicho esto, los que hacen públicas sus discrepancias respecto a las medidas adoptadas por el Gobierno nacional y los provinciales en los distintos distritos, tienen todo el derecho de decir que están en desacuerdo. Es más, hay que agradecerles que lo hagan, porque la democracia se nutre y fortalece con las distintas voces, con las disidencias, con los acuerdos y con los desacuerdos. La democracia se oxigena con la multiplicidad de ideas.

Siempre es sano el disenso respetuoso, mucho más en una situación tan grave y extraordinaria que ha hecho necesaria la limitación de muchas de nuestras libertades, con lo cuál, no está mal que sean miles los que cuestionen y se pregunten por los alcances y limitaciones de las restricciones a las que estamos sujetos en este contexto de pandemia.

Debatir sobre las medidas restrictivas, buscar alternativas diferentes a las impuestas o preguntarse por el futuro no debería causar ningún revuelo, por el contrario, la norma debería ser poder discutir sobre algo tan grave y tan profundo como esto, tanto que afecta a todos los argentinos, que no sabemos cómo sigue ni cómo ni cuándo va a concluir. Entonces, por qué estaría mal cuestionar las decisiones políticas. Cuestionar no porque sí, no por estar en desacuerdo, no para sacar provecho político ni para alimentar la grieta. Cuestionar para aportar, para contribuir, para poder pensar otras alternativas superadoras.

Lo que estamos transitando desde el 20 de marzo en adelante, ha cercenado o suprimido muchos de nuestros derechos, nada menos que la libertad de trabajar y transitar, por qué no podríamos discutir y debatir, eso es precisamente ejercer la política en un ámbito democrático. Así como es absolutamente legítimo que el Presidente actúe con celeridad en un contexto de “emergencia”, lo es también exigir que luego, sea el poder Legislativo, como órgano de contralor, quien refrende o no, las decisiones del Poder Ejecutivo y también lo es pretender que el Judicial esté atento y vigilante para corregir rápidamente cualquier exceso.

El mundo rebalsa de ejemplos de líderes que con la excusa de la emergencia de la pandemia, ya que estaban, aprovecharon para dotarse de super poderes, y como la tentación es muy mala consejera, el cruce de límites terminó en una invasión total de los demás poderes. Por eso hay que prevenir, para evitar que puedan ganar espacio las malas ideas, como la de enojarse y saltar a la yugular de quien opina distinto, que implica de por sí un signo de intolerancia nada razonable.

No cabe duda que en una situación de anormalidad, se toman medidas excepcionales, y no está mal siempre y cuando el fin justifique el costo, tienen que haber una proporcionalidad lógica y esa proporcionalidad, entre costos y beneficios de la restricción de derechos, debe ser motivo de discusión, no sólo de todo el arco político, también de la sociedad. Tenemos derecho a discutir sobre nuestros derechos y tenemos el derecho de expresar libremente nuestra coincidencia o disidencia, sin que eso sea motivo de ninguna andanada furibunda de insultos de nadie.

Como sociedad nos hemos bancado todo, hemos acatado las restricciones lógicas entendiendo que eran la única herramienta con que contaba nuestro país para ganar tiempo y fortalecer el sistema de salud. Algunos han perdido sus trabajos, sus emprendimientos, sus empresas, sus ahorros, el esfuerzo de toda una vida y sin embargo ahí están, como pueden, poniendo el hombro. Es una gran imprudencia pretender que, además de todo lo que han soportado, tengan que callarse la boca, que no puedan expresar libremente sus diferencias, que no puedan manifestar su disconformidad por las consecuencias de esta situación. No pueden transitar, no pueden trabajar ¿y pretendemos que tampoco puedan hablar?

La democracia se oxigena con la multiplicidad de ideas, hay que cuidar el disenso con el mismo énfasis con el que se propicia la búsqueda de consensos. Hay que cuidar la buena salud de la democracia y eso implica dejar que todos se expresen libremente.

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