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La cuarentena no puede ser eterna

Que esto va para largo no es ninguna novedad, la única innovación es que va para más largo de lo que suponíamos en un primer momento, o de lo que quisimos creer. Ergo: vamos a tener que acostumbrarnos a convivir con este virus y ese acostumbrarnos implica tener claro que aunque se flexibilice la cuarentena, aunque se vayan distendiendo algunas medidas, el aislamiento social, preventivo y obligatorio sigue vigente, sólo entramos en otra fase en la que dependerá de la responsabilidad social, que podamos seguir adelante o tengamos que dar marcha atrás para proteger la salud colectiva.

Logramos la gran meta: aplanar la curva, que significa ni más ni menos que bajar el número de lo que se estimaba en lo atinente a la velocidad de propagación del virus, el aislamiento nos permitió reducir la cantidad de casos y fallecidos. Todos los especialistas coinciden en que las medidas que se tomaron en nuestro país fueron oportunas y conducentes y que la celeridad y el acierto con el que se actuó nos permitió ganar el tiempo que necesitaba nuestro sistema de salud para prepararse para un eventual pico de internación, incluyendo los equipos de salud, la infraestructura de internación, el equipamiento necesario y el aprovisionamiento de materiales y elementos de bioseguridad. Si no se tomaban las medidas que se tomaron, la aparición de casos hubiese desbordado el sistema con las consecuencias indeseables que hemos visto en otros países.

Tan bien lo hicimos que el factor de duplicación, es decir, la cantidad de días que tarda en duplicarse el número de infectados en función del ritmo de crecimiento en un momento dado, fue sustancialmente inferior al número básico de reproducción. Hemos tenido los mejores resultados de la región, pero, hemos llegado a un punto de inflexión, en el que es necesario analizar otros factores, no hay que enamorarse de la cuarentena, porque el peligro es que la cuarentena termine por afectar más que el virus mismo.

Tener cautela es una cosa, negarse a avanzar, otra muy diferente. Despacio, tomando todas las precauciones, sin relajar la responsabilidad social, sin que se desmadre la apertura, tenemos que ir hacia otro escenario, porque estamos ingresando en un terreno preocupante, y no hay que perder de vista el horizonte. El aislamiento contribuye a reducir la circulación del virus y por ende a bajar en número de casos y fallecimientos, pero no puede ser eterno, su extensión indefinida en el tiempo empieza a provocar efectos económicos, sociales, psicológicos y hasta sanitarios que hay que tomar en cuenta con tanta seriedad como al virus.

Antes de la cuarentena, la situación de muchos argentinos era sumamente delicada porque la situación económica y social general de nuestro país era sumamente delicada, todos esos argentinos, cuya situación era de gran vulnerabilidad, atraviesan hoy una condición extrema, la pandemia no hizo otra cosa que sumar complejidad a sus circunstancias difíciles. Entonces, cuando se analizan los resultados obtenidos por las medidas aplicadas, además de evaluar los parámetros sanitarios, hay que considerar a toda esta gente.

Nadie ignora que no es sencillo tomar decisiones en este contexto, más aún considerando que flexibilizar la cuarentena puede implicar mayor exposición al contagio y perder parte de lo que se logró, pero tampoco se puede sostener lo insostenible. Entonces, con criterio territorial, manteniendo las restricciones destinadas a reducir la posibilidad de contagio masivo, como la suspensión de clases o la prohibición de realizar eventos masivos, tanto artísticos, como deportivos o religiosos; sosteniendo las medidas generales de higiene y distanciamiento físico, como el lavado frecuente de manos, el uso de barbijos y las distancias entre personas en lugares públicos y comercios, manteniendo la vigilancia epidemiológica y cuidando a los grupos de riesgo y los más vulnerables, hay que empezar a transitar el camino hacia la denominada “nueva normalidad”.

En ese camino, a los ciudadanos nos corresponde la enorme responsabilidad de proteger la salud colectiva, de acostumbrarnos a convivir con este virus, a tener en cuenta cada recomendación sin distender las medidas básicas. Dependerá de todos y cada uno, pero el primer paso está en manos de las autoridades, el resto, como sociedad, solo podemos acompañar, como lo hemos hecho hasta ahora.

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