AFA | Boca | Costa Brava | Ferro de Pico | Fútbol | Fútbol Argentino | General Pico

La breve pero intensa vida del Boca Juniors piquense

Por Raúl Bertone

“Pa’ que bailen los muchachos/hoy te toco bandoneón” anunciaban los versos de Enrique Cadícamo sobre música del “Gordo” Troilo en los comienzos de los ‘40. Era la definición total de esos años que no volvieron a empardarse, en las pistas de baile o en las canchas de fútbol. La Liga Pampeana transitaba aquí por el camino del reconocimiento en otros ámbitos que excedían los límites del pago. Y ello traía aparejado consigo el interés de muchos de los clubes por alimentar sus deseos de figurar lo más alto posible trayendo algunos jugadores foráneos, y a quienes se les retribuía con cierto “dinerillo”. Esto provocó que aquellos que venían remándola con lirismo, con la camiseta del amateurismo romántico puesta, pegaran el grito. Y con razón.

Cuando la temporada 1943 comenzó a fluir, fueron varios los que decidieron alejarse de sus instituciones, quedando “a la deriva”. Y fue en ese momento cuando surgió la idea de fundar un nuevo club. El grupo que derrochaba ganas e interés en partes iguales, se nutrió de ideas y objetivos, planteados en las varias reuniones que se fueron sucediendo. La primera de ellas fue en la casa de Alejandro Campo, uno de los principales fogoneros. Enseguida, Felipe Arocena, Francisco Inciarte, Raúl Macierli, Antonio Muzzoppapa, Juan Pensa, Roberto Pagano, Antonio Páez, Santiago Rapretti y José Polverini, ayudaron para hacer realidad el sueño.

La novela estaba a punto de escribirse cuando se escuchó la pregunta, esencial y fundamental. “¿Qué nombre le ponemos?”, lanzó uno. Seguramente se habrán cruzado miradas entre ellos hasta que otro tiró sin dudar: “Se va a llamar Club Atlético Boca Juniors”. “¿Cómo?”, preguntó el menos convencido. “Sí, como escuchaste. ¡Será Boca Juniors de General Pico!”. Y así fue. Con nacimiento registrado un 6 de diciembre de ese año ‘43, y donde obviamente mucho tuvo que ver la mayoría de futbolistas de ese grupo fundacional que estaban identificados con el club de la Ribera, con notable campaña esa temporada en el fútbol argentino. Uno de los equipos más recordados en la historia xeneize fue aquel que hilvanó los títulos en las ediciones ‘43 y ‘44.

La garra, sinónimo y mejor intérprete de lo que la tribuna boquense exigió siempre, como no podía ser de otra manera fue característica en ese Boca piquense. Tuvo que pelearla mucho desde el mismo parto hasta erigirse en uno de los protagonistas del campeonato de Primera división en la Pampeana, después de consagrarse campeón en Segunda categoría. Y a su vez, por sobre todas las cosas de índole deportiva, cumplió también con una fructífera labor en lo social, convocando a reiterados bailes populares que causaron furor en ese tiempo.

“Entre otros estaban ‘Ñale’ Caballero, que se había ido de Sportivo Independiente, mientras de Costa Brava se sumaron ‘Tito’ Lazo, Novillo y Fernández. También ‘Pirincho’ Fernández, que era de Argentino, y ‘Catango’ Paredes, que provenía de Ferro de Pico. Yo en ese entonces tenía 13 años y era el único suplente. En ese equipo se encontraban mis dos hermanos Alberto y Armando”, contó Aníbal Campo, varios años atrás, durante una charla que sostuvo con quien escribe. Uno de los primeros pasos que se dio tras asomar la nariz fue enviar una carta al club ubicado en el populoso barrio de La Boca, comunicando la decisión de crear en General Pico una entidad que llevaría el mismo nombre. Al poco tiempo, la sorpresa que bombeó más fuerte los corazones.

“Había transcurrido aproximadamente un mes desde que se había enviado esa carta cuando recibimos una encomienda por correo, y en la misma venía toda la pilcha enviada por Boca. Eran 14 camisetas con sus respectivos pantalones y las medias. Imaginate lo que sentimos en ese momento, fue una alegría enorme. En las medias estaba bordada la guarda con el nombre”, añadió esa vez Campo. El título en el torneo de Segunda fue conseguido de forma invicta, otorgándole el derecho de ascender, pero desde la Liga Pampeana anunciaron la disputa de algo parecido a un Repechaje, por lo que Boca tuvo que encontrarse con Pico F. Club, el último en la tabla del certamen superior, y con el descenso sobre su cabeza de acuerdo a lo reglamentado en esa época desde la mesa liguista.

“Fue un invento de ese momento para evitar que Pico descendiera. Boca había logrado muchos socios en poco tiempo y ese número se incrementó después del título. En esa serie con el albinegro se aplicaba la diferencia de gol para definir. En el primer cruce Boca ganó siete a dos, y en el segundo Pico venció por dos a cero. Bueno, se inventó un tercer encuentro que terminó dos a dos, por lo que automáticamente Boca ascendía. Pero increíblemente se disputó un cuarto juego en cancha de Ferro, donde perdimos tres a dos. Fue un día donde sucedieron cosas extrañas. Se hizo un reclamo ante la AFA y entonces la Liga hizo un acto salomónico: no descendió Pico, y subió Boca. Se vivió la hermosa experiencia de jugar en Primera división, pero lamentablemente al tiempo se produjo un cambio de directiva, otra vez asomó la idea de hacer todo semi-profesional, y como nosotros defendíamos la teoría del fútbol amateur, el club se desintegró en pocos años. Los socios fueron muchos y la hinchada, ¡ni te cuento!. Acompañó al equipo a todos lados”, expuso Campo en ese encuentro.

La primera cancha de ese Boca estuvo en la manzana rodeada por las calles 10, 8, 7 y 9. Ahí empezó todo. Se armaban los arcos para actuar de local. Después se corrieron hasta un baldío que se encontraba emplazado entre las arterias 5, 3, 12 y 10. Conseguida la habilitación, pudieron construir un lindo campo de juego. Un capítulo inolvidable de nuestro fútbol que mostró un Boca Juniors piquense. De vida breve, pero intensa. Una vida transcurrida sobre un vagón cargado de ilusiones, de ganas, de esfuerzo compartido, de esencia.

Dejá tu comentario