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Irán izó una bandera roja tras la muerte de Soleimani

Los iraníes levantaron ayer las sangrientas 'banderas de la venganza', prometiendo tomar represalias después de que EE.UU. abatiera al general Qassem Soleimani en un operativo aéreo en Bagdad. La televisión estatal transmitió cómo se izó la bandera sobre la mezquita de Jamkaran.

En el Islam chiíta, las banderas rojas, que también se han izado en las manifestaciones de Teherán, simbolizan la sangre derramada injustamente y sirven como llamada a la venganza de la persona asesinada.

Cuando se izó la bandera en Qom, los oradores de la mezquita llamaron: “Oh Allah, acelera la reaparición de tu custodio”, en referencia a la reaparición del Mahdi en los últimos tiempos. El Mahdi es una figura divina que aparecerá para traer el Día del Juicio Final y librar al mundo del mal. Según los informes locales, es la primera vez en la historia de la mezquita de Qom -un lugar sagrado desde la Edad Media- que se ha izado la bandera roja sobre el edificio.

El presidente iraní, Hasan Rohani, advirtió ayer a Estados Unidos de que las repercusiones por la muerte del comandante de la Guardia Revolucionaria tendrán su eco en la región ahora y en los próximos años. “Los estadounidenses no se dieron cuenta del gran error que cometieron; los efectos de este error los verán no solo hoy sino a lo largo de los próximos años”, subrayó Rohaní durante su visita a la familia de Soleimaní.

El comandante de la Fuerza Quds, encargada de las misiones de la Guardia Revolucionaria en la región, falleció el viernes junto a varios dirigentes de la milicia chií iraquí Multitud Popular en un bombardeo selectivo de EE.UU. en Bagdad.

Tras el operativo, las autoridades iraníes, entre ellas su líder supremo, Ali Khamenei, clamaron venganza, como también prometió el presidente de Irán a la familia del influyente general fallecido.

Según Rohani, el ataque perpetrado en Bagdad por EE.UU. “permanecerá en la historia de sus mayores crímenes inolvidables contra la nación de Irán”. El presidente destacó que Soleimani “no era solo un comandante de guerra y un importante planificador de operaciones, sino que también era un político y un estratega excepcional y talentoso”.

Por ello, aseguró que “los jóvenes iraníes siguen y aman el camino” trazado por el comandante de la Fuerza Quds y que en Irán “se crearán si dios quiere decenas de generales Soleimaní”. “Sin duda, si EE.UU. era odiado antes, hoy es mucho más odiado tanto entre la gente de Irán como la de Irak”, agregó aludiendo a que también en el país vecino el general era muy influyente.

La milicia iraquí Multitud Popular también ha amenazado con vengar el asesinato, al igual que otros grupos chiíes regionales afines a Irán y estrechamente vinculados con Soleimaní como el libanés Hezbollah, lo que eleva los temores a una escalada.

El ministro de Asuntos Exteriores catarí, Mohamed bin Abderrahman al Zani, viajó apresuradamente hoy a Teherán para reunirse con su homólogo iraní, Mohamad Yavad Zarif. Al Zani describió como “preocupante” la situación regional tras el asesinato de Soleimaní e instó a encontrar “una solución pacífica para reducir las tensiones”.

Doha y Teherán mantienen buenas relaciones desde que otros países árabes, con Arabia Saudí a la cabeza, decidieran en junio de 2017 imponer un bloqueo a Catar por su supuesto apoyo al terrorismo y su cercanía con Irán. En la reunión, Zarif indicó que Irán no busca tensiones en la región pero que la presencia de fuerzas estadounidenses causa “inestabilidad, inseguridad y tensiones”.

Pese a la incertidumbre generada, el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que ordenó matar al poderoso comandante iraní para “parar una guerra”, no para comenzarla. El operativo se produjo días después del asalto de seguidores de la Multitud Popular a la Embajada de EE.UU. en Bagdad, que fue en respuesta asimismo a un ataque estadounidense contra posiciones de esta milicia en el que fallecieron 25 de sus hombres.

El general Soleimani era el encargado de las operaciones fuera de Irán de los Guardianes de la Revolución y estuvo presente sobre el terreno en Siria y en Irak, supervisando a las milicias respaldadas por Teherán en ambos países árabes.

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