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Internet para todos

Ya cumplimos dos meses desde que se suspendieron las clases, dos meses desde el momento en el que, de un día para otro, hubo que cerrar todos los colegios de todos los niveles del país, habiendo transcurrido unos pocos días del comienzo del ciclo lectivo. Dos meses desde que, la educación a distancia se transformó en cuestión de horas en nuestra nueva realidad, sin tiempo para pensar, reconvertir, planificar, adaptar, sin tiempo para que los docentes conocieran los nombres de sus alumnos, sin tiempo para establecer pautas mínimas.

Todo parece indicar que, si no hay ningún brote o pico inesperado de la enfermedad, en agosto podría comenzar el regreso paulatino a las escuelas. Es decir, en el mejor de los casos, después de las vacaciones de invierno, lo que implica que aún falta un largo trecho por recorrer. Tenemos un trimestre completo y ese lapso debería ser empleado para evaluar lo actuado, para repensar, para revisar y sobre todo, para mejorar.

Y en ese sentido, así como el Presidente tuvo el buen tino de convocar a un comité de expertos compuesto por virólogos, infectólogos y epidemiólogos para que lo asesoren y lo guíen en la toma de decisiones sanitarias, sería un gran aciertopropiciar lo mismo para el ámbito educativo. Conformar un comité de expertos sería una idea formidable, oportuna y muy beneficiosa para nuestros chicos.

Las advertencias sobre varios aspectos que es imperativo solucionar son cada vez más numerosas y, como provienen de grupos y personalidades educativas de aquilatada trayectoria, no es posible ni desmerecer sus reclamos ni desoír sus críticas. En esa línea se encuentran los profesionales que integran el Observatorio Argentinos por la Educación, espacio diverso y plural que se gestó con el objeto de contribuir a que la educación sea parte del debate público argentino y ocupe un rol de preponderancia en nuestra estrategia de desarrollo como país.

Gustavo Zorzoli, ex rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, unos de los reconocidos educadores que forma parte del mencionado espacio, es una de las voces que advierte con energía que una de las condiciones indispensables para atenuar el impacto de las aulas cerradas en los sectores vulnerables, es garantizar la provisión igualitaria de Internet. “Si no se libera Internet, no tendremos muertos pero sí miles de chicos analfabetos”, señala el educador.

Y tiene razón, en un sistema educativo que depende de lo digital, la ausencia de las herramientas tecnológicas necesarias para garantizar el proceso básico de comunicación entre alumnos y docentes, invalida todo el esfuerzo, transformándolo en un trabajo estéril e inútil. Los sondeos al respecto demuestran las grandes diferencias de acceso a la tecnología según los territorios, que no todos los alumnos disponen del equipamiento necesario, que en muchísimos hogares en los que sí hay una computadora, la misma es de uso compartido con el resto de la familia y que, además, no en todas las casas los chicos disponen de un espacio acorde donde estudiar y poder concentrarse. Demasiados obstáculos al mismo tiempo, algunos insolucionables, otro mucho más simples de resolver, como garantizar el acceso a Internet y una conectividad de buena calidad.

Según la investigación del Observatorio Argentinos por la Educación, el 19,5% de los estudiantes que finalizan la primaria y el 15,9% de los estudiantes que finalizan la secundaria no tiene acceso a Internet en su hogar. Nuestra provincia es, después de la Ciudad de Buenos Aires, la que mejor índice de conectividad tiene en todo el país, lo que sumado a los recursos pedagógicos de los que disponemos, coloca a nuestros chicos en una situación de privilegio.

Lo cierto, es que, con independencia de la condición pampeana, son muchos los alumnos del país, sobre todo los que están en una situación de mayor vulnerabilidad, que están perdiendo el año académico. Algunos porque abandonaron y no van a volver a la escuela, sobre todo en el nivel secundario, otros, porque no tienen modo de seguir las clases de manera virtual y los esfuerzos para llegar a los chicos con contenidos por radio, televisión y cuadernillos, son valiosísimos, pero insuficientes a la hora de hablar de aprendizajes.

Liberar Internet no es la solución a todos los problemas que debe sortear la educación, pero permitiría mejorar y mucho el actual escenario, empezando por algo tan básico como garantizar la comunicación y la interacción entre alumnos y docentes.

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