Hugo Ferrari | dulce de leche | ladrones | palabras

No recuerdo qué vine a buscar

No me refiero al alemán. Me refiero a eso que nos pasa a todos a partir de cierta edad en materia de olvidos y distracciones domésticas. Yo suelo ir al galponcito o a la habitación auxiliar de mi casa y no recordar al entrar a qué fui. Sin embargo mantengo la serenidad y por una cuestión de orgullo no me vuelvo con las manos vacías.

Tomo cualquier cosa que pueda haber en esos ambientes y la llevo a cualquier otra parte de la casa. De tal manera conservo la dignidad a partir de la sensación de haber hecho algo útil o necesario. Claro que ese recurso me lleva a tener algún desorden en mi hogar y a provocar el asombro de las visitas cuando encuentran el dulce de leche en el baño o los zapatos en la alacena.

Les voy a dar un ejemplo: A veces he abierto la heladera y en el mismo instante no recuerdo para qué lo hice.

Entonces me las agarro con los cubitos de hielo. Los saco de las cubeteras y los vierto en una olla, los pongo en la hornalla de la cocina que enciendo a fuego lento. Al primer hervor les agrego azúcar a gusto y revuelvo todo durante media hora aproximadamente. Dejo enfriar y regreso el producto a las cubeteras y estas otra vez al congelador.

El resultado es un glaciar Perito Moreno en miniatura pero más dulce. Las vecinas me han pedido la receta. Después existen otros olvidos caseros.

Entre los más frecuentes figura el dejar las llaves de entrada en la cerradura de la puerta y al servicio de los ladrones, no recordar al salir si apagamos el horno, tener palabras en la punta de la lengua sin nadie que nos las empuje para afuera, despertarnos de pronto y no saber si lo que dormimos fue la siesta o la noche, etc, etc, etc. También solemos encontrar dificultades para hacer varias actividades a un mismo tiempo con el riesgo de regar el televisor o comernos el alimento del perro.

Pero no debiéramos alarmarnos tanto por estas cosas ya que es natural que con el paso del tiempo el cerebro humano sufra algunas alteraciones sin que ello signifique estar al borde de una enfermedad.

Y ahora interrumpo porque recordé de pronto que ayer dejé olvidado a mi nieto en el supermercado y se viene el feriado largo. Bueno… comida no le va a faltar.

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