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Hay una diferencia insalvable entre nuestras y sus prioridades

En agosto debería comenzar el proceso electoral con la PASO, pero la verdad es que no sabemos si habrá o no elecciones, si se pospondrán un mes, o si directamente se suspenderán hasta nuevo aviso. Pase lo que pase, el tema tiene una gran centralidad política, sobre todo en los últimos días, desde la famosa reunión o cumbre de dirigentes convocada por el ministro del Interior, Wado de Pedro, en la Casa Rosada, en la que se esbozó el tema. Desde ese encuentro en adelante, saltaron todos, como diríamos en el barrio, se pararon de manos, entablaron una discusión feroz que incluyó hasta acusaciones cruzadas de mala intención.

En el medio de griterío político, lo que vemos los que los vemos por televisión, es que las estructuras políticas y partidarias se sacuden de manera contundente sólo cuando hablamos de elecciones, posicionamientos, puestos, lugares, poder, poder, poder. En el resto de los temas, son bastante moderados y hasta conciliadores. No les da por ponerse tan picantes, son bastante plácidos y amigables; la transformación, el cambio abrupto, sólo se produce frente a todo lo que merodee las urnas. Puede haber alguna otra problemática que genere chisporroteo e intercambio, pero los cruces nunca llegan a mayores, ni son generalizados, ni tan vehementes.

Coincidiremos en que principalmente los ciudadanos comunes estamos agobiados por la pandemia, hastiados del virus, pero muy preocupados por la inminente segunda ola. Estamos intranquilos por la falta de vacunas, alarmados por la imprecisión de la llegada de las mismas, inquietos por la falta de un cronograma certero de colocación de las dosis. Y también, estamos angustiados por la economía, nerviosos por lo que nos depararán los próximos meses y muy tristes por la situación dramática de miles de familias. Realmente las PASO en agosto, o en setiembre, y las generales en octubre o noviembre, están al costado del margen de nuestras preocupaciones.

Mientras nosotros tenemos la cabeza ahí, el universo político tiene su cabeza allá, en las antípodas de nuestro ahí. Las PASO los movilizan, les generan diferencias, tensiones y discusiones dentro y fuera de sus espacios. Se pronuncian todos, salen al ruedo a sentar posición, a aclarar, decir y desdecir, sienten el apremio de expresarse, de contar lo que piensan, de sentar postura. Son enérgicos y contundentes, no dejan pasar un detalle, se aseguran que todos los matices queden debidamente expuestos públicamente. Las distinciones mínimas les resultan sumamente importantes, por eso se garantizan que los acuerdos y los rechazos queden debidamente expresados.

El argumento es la salud, la discusión de si se hacen o las suspenden “por única vez”, de si se hacen en agosto o setiembre, si juntan en un mismo domingo las PASO y la general, en una especie de pseudo Ley de Lemas, o si las hacen separadas, giran en torno a la necesidad de alejarlas de los meses más fríos del año, en los que la pandemia podría ser más intensa. Se supone que nos cuidan y que por eso están discutiendo.

Discuten las PASO con el ímpetu con el que no discutieron la gestión de la pandemia, el año de encierro, las consecuencias económicas de ese parate total de la rueda económica. Discuten con el ímpetu con el que no discutieron que no hubiera clases, que miles de pymes tuvieran que cerrar sus puertas, que aumentaran la pobreza, la indigencia y la marginalidad a velocidad de vértigo. Discuten con el ímpetu con el que no discutieron los atropellos institucionales que en nombre del Covid-19 perpetró Insfrán en Formosa, ni los vacunados VIP que recibieron sus dosis por izquierda mientras millones de argentinos que debían recibirla antes seguían esperando.

Esta semana se van a juntar los líderes parlamentarios con el ministro del Interior, todo hace prever que postergarán la elección, y nos van a decir luego, que el oficialismo y la oposición alcanzaron un consenso básico en el que primaron las razones sanitarias, nos van a contar que postergan los actos eleccionarios para cuando las temperaturas estén más altas y la vacunación haya registrado un grado mayor de avance.

Nos van a decir que es por nosotros, por los argentinos, por todos los argentinos que no podemos pensar ni un segundo en las elecciones porque no tenemos posibilidad de hacerlo, porque sólo tenemos la cabeza puesta en subsistir, algo que al parecer, no le preocupa demasiado al universo político. Esta claro que hay una divergencia insalvable entre nuestras y sus prioridades.

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