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Hacia dónde vamos y cómo vamos

Antes de la cuarentena no había un plan, Alberto Fernández decía que lo tenía y que lo iba a develar después de acordar con los acreedores, un argumento un tanto insustancial, si consideramos que no se trata de jugar a la búsqueda del tesoro develando incógnitas entretenidas, sino del futuro de un país. Lo que ya era grave, lo es más ahora, porque todo se ha derrumbado y más allá de las medidas sanitarias, no avizoramos ningún plan para el día después.

Si lo están pensando, si realmente hay un plan, este es el momento en el que el Presidente debe compartirlo con la sociedad, porque los ánimos se están empezando a caldear y los nervios de muchos, producto tal vez de tantos días de encierro, están un poco más crispados y menos tolerantes que lo habitual. La encuesta que Opina Argentina ofrece mensualmente a sus clientes sobre el monitoreo de la valoración social de la coyuntura política, sobre las medidas políticas más relevantes, muestran que está creciendo en la opinión pública un malestar por la situación económica. Si bien todavía prevalece el miedo al virus y la aprobación a las medidas sanitarias asciende al 80%, se detecta un descontento creciente con las medidas económicas, el 56% de los consultados dicen que son desacertadas o insuficientes. Un porcentaje alto que día tas día suma adeptos.

El Covid-19 postergó durante meses la actividad productiva y comercial, pero la delicada situación económica subyace y los argentinos lo sabemos, sabemos que nada va a ser simple cuando acabe el aislamiento, pero también somos concientes que si no hay un plan que guíe el futuro económico del país, no hay rumbo posible. El Gobierno, que tan bien ha actuado en el terreno de la salud pública, tiene que convocar un consejo para formular un plan productivo, tiene que aplicar la misma estrategia que utilizó para el ámbito sanitario en terrenos claves como el económico o el educativo, como hemos señalado desde estas líneas días atrás.

Ya hay que estar pensando en el día después porque ya estamos sufriendo las consecuencias económicas y financieras de la suspensión de actividades productivas y comerciales, del receso laboral forzado y de la crisis generalizada de las grandes, medianas y pequeñas empresas, que tienen que afrontar compromisos de todo tipo, comenzando por los laborales, impedidos de producir o de vender. Ya estamos sufriendo las consecuencias y somos plenamente concientes que, si antes que se desatara la pandemia, estábamos mal, cuando termine la cuarentena generalizada vamos a estar mucho peor, pero sin un plan económico, no hay horizonte, todo es caos, improvisación e incertidumbre.

Cualquier empresa, sin importar su tamaño, sabe que sin un plan económico y financiero está perdida, que no hay metas, que no hay dirección hacia dónde ir. El plan económico marca el rumbo, y nosotros necesitamos un rumbo, saber hacia dónde vamos y cómo vamos.

¿Cuántos años llevamos escuchando la cantinela de que Argentina necesitaba un pacto económico y social que abarque todos los sectores? Tanto, tanto, que parecen siglos. Tal vez a llegado el momento de convocar a todos los sectores para forjar acuerdos básicos en políticas de Estado fundamentales, tal vez la pandemia nos dé la posibilidad de dejar de lado las politiquerías y los discursitos de barricada para mirar con ojos nuevos los temas realmente relevantes y cotidianos de los argentinos, los de verdad, los históricos, los que nos duelen, los que cargamos en la mochila del debe por generaciones, los que no conocen de partidos políticos porque ninguno los pudo solucionar por más que se revoleen culpas por encima del tapial para tratar de sumar votos ensuciando al de la vereda de enfrente. Tal vez este es el momento.

No es la salud o la economía, no hay ninguna dicotomía, es la salud y la economía. Alberto Fernández ha manejado el tema sanitario con gran pericia y aplomo, hizo lo que había que hacer, convocó a los mejores del país y los escuchó. Ahora Alberto Fernández debería convocar a los mejores economistas, a los representantes de todo el arco político, de todos los sectores productivos, y escucharlos. El día después está a un paso y necesitamos un rumbo para saber hacia dónde vamos y cómo vamos.

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