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¿Habrá un plan?

Antes de leer busque una colchoneta bien mullida y póngala cerca, por si se cae de espaldas, si no lo hace, es porque usted goza de excelente salud. Un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal, asociación sin fines de lucro que estudia aspectos económicos y políticas públicas con el objeto de contribuir a la discusión económica, revela que Argentina tiene más planes sociales que cantidad de habitantes. Hoy, aquí y ahora tenemos 32 planes sociales vigentes, que son sostenidos por 165 impuestos nacionales, provinciales y municipales.

No hay que ser muy inteligente para concluir que si tenemos más planes sociales que habitantes no hay posibilidad alguna de un escenario económico saludable. No es nuevo para nosotros, sólo es un poco peor, estamos lamentablemente acostumbrados a que gobierno tras gobierno, sin importar el signo político, el que se va deja las cosas peor que cuando llegó. Prometen un bienestar que luego no cumplen y encima, incrementan el gasto social sobre el gasto público por la pérdida de producción, fuentes de empleo, inflación, crisis y todos los etcéteras que desee agregar a la lista. Tuvimos en las últimas 4 décadas sólo dos mini momentos en los que se logró revertir la situación: en el 2003 y en el 2008, pero fueron un paréntesis en nuestra pésima normalidad.

Con el asistencialismo arrancamos allá por el 84, con la vuelta de la democracia y la aparición de la “Caja Pan”, que luego fue reemplazada por el “Bono Salud”. Porque eso sí, ninguna gestión se privó de maquillar con cambios de denominaciones las mismas políticas, como para no perderse la foto de la implementación de “un nuevo beneficio”, aunque solo fuese una refrescada superficial con otro nombre.

Más tarde, en el 96’, aparecieron en bandada los planes Jefes y Jefas de Hogar, la primera versión del Plan Trabajar y Barrios Bonaerenses, que “beneficiaban” a unas 120 mil personas. Pero sólo por un ratito, porque tras la crisis del 2002 y la salida de la convertibilidad, esas 120 mil se transformaron rápidamente en 2 millones.

El paseo por la galería de la historia del asistencialismo argentino, es un recorrido muy interesante y lleno de siglas maravillosas: AUH, AUE, PUAM, PNC, EPT, abreviaturas muy apropiadas para perder al más pintado y de paso, esconder debajo de la alfombra las cifras, que han crecido producto de la pandemia y que si hoy ya son escalofriantes, resultarán exorbitantes cuando salgamos.

A los planes asistenciales que teníamos, durante el Covid-19, por razones obvias, se sumaron más: el IFE, Ingreso Familiar de Emergencia, que es el plan de asistencia social más grande que registra nuestra historia, una asistencia prevista en un principio para alcanzar a 3 millones y medio de argentinos, pero que terminó asistiendo a 9 millones. Con lo cuál, quedó claramente demostrado que el Estado desconocía completamente la situación social del país, a tal punto, que el beneficio triplicó la previsión inicial. La pandemia también trajo el Plan Sumar, que es una ampliación del Plan Nacer, un beneficio que cubre a más de 17 millones de personas que no tienen obra social ni prepaga. Y finalmente, la Tarifa Social para los servicios públicos, que alcanza a casi 7 millones.

Esos son los nuevos, pero tenemos (ponga dedos y pida prestados porque no le van a alcanzar para contarlos): la Asignación Universal por Hijo con (AUH), con 4.282.032 personas asistidas; Asignación Universal por Embarazo (AUE), con 78453 personas; Pensión Universal para Adulto Mayor (PUAM), con 172.356; Pensiones no contributivas (PNC), con 1.399.536 personas; Plan Progresar, con 565,918 personas; Seguro de Desempleo, con 117.382 personas; Potenciar Trabajo, con 580.000 personas; Tarjeta Alimentar, con 1.530.153 personas; Plan Jóvenes, con 224.463 personas; Seguro de capacitación empleo, con 9.772 personas; Plan Promover, con 25.088 personas; Inserción al Trabajo, con 107.062; Entrenamiento para el Trabajo (EPT), con 135.303; Incluir Salud, con 1.019.153 personas.

Como explicitó el Instituto Argentino de Análisis Fiscal, son 32 los planes sociales vigentes sostenidos por 165 impuestos. A esta situación tenemos que sumar que nuestra economía, que estaba arrasada antes de la pandemia como consecuencia de las sucesivas malas decisiones políticas, quedará después del virus muchísimo peor, mucho más devastada y destruida.

¿Qué vamos a hacer? Ni idea. Algo está claro, con este panorama y estas cifras, la economía argentina era inviable antes, lo es mucho más ahora. Una enorme duda: ¿estarán pensando en los que cayeron y los que van a caer en medio de este desastre, estarán pensando en el que tuvo que cerrar, en el que quebró? ¿Habrá un plan o el único plan es seguir emitiendo?

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