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¿Habrá sido en vano?

Nosotros estamos estupendamente bien. Alcanza con una mirada alrededor para ponderar que los pampeanos realmente y más que nunca, vivimos en una isla. Nuestro tránsito por la pandemia ha sido de privilegio respecto de la mayor parte del país y hoy estamos al tope de la flexibilización. Por eso mismo no tenemos que distraernos, este es el momento de cumplir a rajatabla con nuestra nueva normalidad.

Tal vez no se hayan detenido a pensar que estamos atravesando un período que ingresará a los libros de historia de la humanidad. Este acontecimiento sin precedentes va a ocupar un capítulo especial, lo que aun no sabemos, es si también lo ocupará el cambio al que aspiramos, porque pasar por todo lo que pasamos sin pena ni gloria, sin haber aprendido ni media palabra de esta lección, sería triste y también patético.

En mayor o menor medida, los ciudadanos hemos sido puestos a prueba y hemos aprobado nuestro exámen de responsabilidad y compromiso social, hemos pasado el desafío que significó quedarse en casa, cerrar comercios, paralizar empresas y emprendimientos productivos. Los pampeanos ya superamos esa etapa pero quedan todavía muchos sufriendo los embates y las consecuencias del encierro.La pregunta del millón es si los dirigentes políticos también aprendieron la lección, esa es la gran incógnita que no podremos develar hasta que esto no termine.

Si hay algo que la pandemia dejó al descubierto es que ningún país podrá de ahora en más gobernar dando la espalda a sus científicos, que todos van a tener que revisar sus vocabularios, reconceptualizar palabras, como gastar e invertir, y redireccionar sus metas. En nuestro caso además, la pandemia debería habernos enseñado que se puede gestionar de manera conjunta aún en la disidencia, que el bien común es infinitamente más valioso que andar contando los porotos propios, que conjugar el verbo gobernar pensando en sumar votos puede llegar a ser dramático y trágico, como quedó demostrado en las consecuencias del virus en los lugares más vulnerables.

Hasta que esto no termine no sabremos si aprendieron o no, hasta que esto no termine no tendremos claro si la sombría radiografía que nos ofreció el Covid-19 va a servir para que realmente nos empecemos a ocupar de las necesidades reales y básicas de todos los argentinos que sufren carencias profundas, si vamos a trabajar para promover mejores condiciones de vida concretas, reales para todas y todos.

Hasta que esto no termine no sabremos si esta vez seremos capaces de disminuir la pobreza, de erradicar las villas, de eliminar la palabra hambre, o si nos seguiremos conformando con cortar una cinta por la inauguración de una canilla con agua potable en el medio de una villa para sumar votos. Trágico, sombrío, triste doloroso, pero cierto, para los argentinos esto lamentablemente no es excepcional.

Los pampeanos, estamos estupendamente bien, pero nos contamos entre los pocos argentinos que están estupendamente bien. Nuestra situación no es la de la mayoría, son muchos los que sobreviven en condiciones de hacinamiento, de pobreza, de marginalidad, son muchos los que históricamente la están pasando mal, son muchos los postergados, muchos los que unos tras otros se ponen en la boca para los discursos de campaña, para soltar promesas al viento, para liberar palabras, para ofrendar compromisos que jamás han cumplido.

Esta pandemia debería ser un punto de inflexión, tendría que servir para que la política se ponga los pantalones largos, para que los políticos se propongan objetivos superadores, para que las preocupaciones dejen de ser declamativas y se transformen en acciones.

Hasta que no pase, hasta que no se vaya, no sabremos si fue en vano o si hemos aprendido la lección, no sabremos si serán capaces o no de asumir el compromiso de cerrar la estúpida grieta y trabajar para disminuir los índices de pobreza e indigencia, para erradicar las villas, para garantizar que todos nuestros niños tengan un plato de comida, para que tengan acceso a la educación, para que no solo unos pocos seamos los que gozamos del derecho de decir que estamos bien, para que esos pocos no nos tengamos que sentir privilegiados por vivir bien y estar sanos. ¿Habremos aprendido, o habrá sido en vano?

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