Editoriales | grooming

Los groomers están a la caza las 24 horas

La falta de cuidados adecuados en el uso de las tecnologías implica un peligro real para todos los usuarios, pero es especialmente nociva para los denominados "nativos digitales", a edades cada vez más tempranas.

La pandemia incrementó significativamente nuestro nivel de conexión, todos, por necesidad, recurrimos a la comunicación digital para trabajar, estudiar, educar, comprar, vender. No tuvimos opción, aumentar el uso de las tecnologías fue nuestra posibilidad de seguir adelante. Sin importar la edad, recurrimos a Internet, ampliamos nuestra interacción en reuniones digitales, redes sociales, blogs, foros, wikis, microblogging, y junto con esta hiper comunicación, abrimos también la puerta al peligro que entraña el uso y abuso de las TIC (Tecnologías de la Información y la comunicación), sobre todo para niños, niñas y adolescentes, carne de cañón predilecta de quienes cometen delitos como grooming, sexting, ciberbullying o suplantación de identidad.

La falta de cuidados adecuados en el uso de las tecnologías implica un peligro real para todos los usuarios, pero es especialmente nociva para los denominados “nativos digitales”, los niños, niñas y adolescentes, que además acceden al uso de internet para todo, desde cualquier lugar y/o dispositivo a edades cada vez más tempranas. Y muchas veces lo hacen sin que medie ningún control parental y sin ningún cuidado respecto al resguardo de su intimidad.

Muchos jóvenes, y también muchos adultos, ignoran que navegando por Internet dejamos registros y rastros que representan información personal, son huellas que conforman nuestra identidad digital. Información sobre nosotros, nuestra forma de vida, nuestra familia, nuestros gustos, introducida por nosotros mismos. Nuestra identidad virtual, se forma con lo que hacemos en las redes, la construimos con las palabras e imágenes que usamos, con los textos y videos que compartimos, con las opiniones que expresamos, con las bromas que hacemos o festejamos. La acumulación de todas nuestras actividades va constituyendo una representación de lo que somos y va dejando un registro de cada uno de nosotros, a merced de quién lo quiera usar y, sobre todo, para lo que lo quiera usar.

Esas son las dos caras de las TIC, la cara buena y la mala, por el mismo precio y en el mismo lugar. Por un lado, los beneficios y oportunidades en el ejercicio de derechos como la libertad de expresión, el acceso a la información, la educación, el trabajo, la participación en la vida social, cultural y política. Por el otro, los riesgos del mundo online, los fines para los que otros pueden usar toda la información que vamos dejando como una estela, generalmente sin ningún cuidado, generalmente sin recapacitar sobre los peligros a los que nos exponemos.

La UNICEF, en un informe sobre el Estado Mundial de la Infancia, detalló los riesgos más frecuentes referidos al uso y abuso de las TIC. En ese sentido, alertó sobre el acceso a contenidos no adecuados, como el caso de los niños expuestos a un contenido no deseado e inapropiado: imágenes sexuales, pornográficas y violentas, material racista, discriminatorio o de odio, sitios web que defienden conductas poco saludables o peligrosas como autolesiones, suicidio y anorexia. También refiere a los riesgos de contacto, en alusión a los niños que participan en una comunicación riesgosa con un adulto que persigue fines sexuales.

La pandemia, con el confinamiento, produjo un récord de conectividad, también de niños, niñas y adolescentes, y un aumento importantísimo de los casos de grooming. Eso necesariamente nos obliga, como sociedad, a reflexionar sobre la búsqueda de maneras eficaces para aprender a detectarlo y sobre las medidas que tendríamos que implementar para evitarlo. La forma más simple para prevenirlo es tomar acciones concretas de seguridad mientras navegamos, hacer un uso responsable de las TIC, para lo cuál es necesario contar con información de calidad y cuidar la identidad digital, aprender a preservar la intimidad y la privacidad.

Los chicos, nuestros chicos, son carne de cañón para los groomers, entender que los groomers están a la caza, en línea, las 24 horas, los 365 días del año, es fundamental para protegerlos. Tenemos que saber que se esconden en el anonimato, que crean perfiles falsos, que las redes son su madriguera, que son muy peligrosos y acechan. No podemos ni debemos dejar a nuestros niños solos, no hay que prohibirles el empleo de las tecnologías, pero es fundamental regularlo. Es responsabilidad de los adultos acompañarlos, dejarlos navegar solos es equivalente a abandonarlos de madrugada en un descampado, ni más, ni menos.

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