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En picada

El debilitamiento de la imagen de los principales políticos de nuestro país es alarmante. El nivel de satisfacción de la mayoría con el desempeño de los líderes, cae en picada.

El debilitamiento de la imagen de los principales políticos de nuestro país es alarmante. El nivel de satisfacción de la mayoría con el desempeño de los líderes, cae en picada. Según un reciente relevamiento, sólo el 11% de los argentinos está satisfecho con la marcha general de las cosas. Pero el descontento no alcanza sólo al oficialismo, todo lo contrario, arrasa con todo y con todos, la insatisfacción toca al resto de los poderes, los legisladores y la justicia también están en caída libre en la opinión de la mayoría.

El documento en cuestión corresponde a la Universidad de San Andrés (UdeSA). La casa de altos estudios publicó los datos de una nueva Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública, un sondeo que bimestralmente mide lo que estamos pensando los argentinos de la política en general y de la conducción del país en particular. El último se realizó entre el 13 y el 20 de mayo y recoge 1.004 opiniones entre adultos de más de 18 años conectados a internet, en 8 regiones: NOA, NEA, Cuyo, Centro, Sur y Buenos Aires, esta última dividida a su vez en CABA, GBA e interior de la provincia.

La sorpresa de la encuesta es el desplome general de opinión positiva de los argentinos, con todo lo que implique representatividad, tanto la dirigencia política, sin distinción de oficialismo y oposición, ni poder, da igual se la persona en cuestión se desempeña en el legislativo o el ejecutivo. A lo que se suma la misma percepción tanto para la justicia como para referentes gremiales, institucionales y sociales. Ergo: en este momento, esta foto de la realidad, nos retrató descreyendo de todo y todos.

No se salva nadie, pero nadie, nadie. Claro que Alberto Fernández, por ser la máxima figura política e institucional de la nación, es el que paga los platos rotos con creces. El mayor costo político le pertenece, porque es al que todos miramos cuando se trata de las medidas macro, es al que le toca apretar el botón rojo, al que le toca tomar la decisión final de abrir o cerrar y definir el futuro de los argentinos. Por eso el Presidente sólo cosecha un 26% de aprobación en este momento de mega crisis, el 72% de los encuestados desaprueba su gestión, eso significa una caída de más de 40 puntos en menos de un año.

Pero no está solo, el pesimismo y el ateísmo político se extiende a todos los actores y organizaciones económicas, sindicales y sociales. Ninguno supera hoy en Argentina, el 50% de imagen positiva, nosotros tampoco, los medios y los periodistas también estamos en baja, igual que la policía, los jueces, la iglesia, los sindicatos, los bancos, los empresarios y la lista continúa. La imagen de todos va hacia el mismo lugar: el fondo. Los únicos que zafan, son los científicos, junto con las PyMES, un poco más abajo viene el campo y los industriales, es decir que rankean mejor en el humor social los sectores no vinculados de manera directa con la política.

Mal diagnóstico y peor pronóstico en un año electoral. ¿Podrá alguien capitalizar semejante nivel de insatisfacción, podrá alguien aglutinar representatividad en medio de semejante desparramo de negatividad? Algo claro es que esta vez, el escenario electoral es mucho más complicado que los que fueron complicados en el pasado, que hacer campaña con semejante contexto, con una opinión pública sensible y cambiante, va a estar muy, muy, pero muy complicado para todos. La insatisfacción general con la marcha del país es del 88%, y nadie es percibido como capaz de atender esa demanda, el pesimismo es un enorme manto negro que cubre todo, por lo que ponerle el cuerpo a esta elección de medio término y salir a conquistar desencantados e insatisfechos va a necesitar coraje y bastante osadía.

Para que nadie se confunda ni cante victoria, vale aclarar que los desencantados e insatisfechos con el rumbo del país que refleja la encuesta, no sienten la oposición como una alternativa. No se sienten representados por ningún espacio. Es decir que los que no votarían hoy al oficialismo, tampoco votarían la oposición. Hay descontento, pero nadie está capitalizando esa insatisfacción generalizada.

Tal vez la caída brutal obedezca a que realmente creímos que a esta altura íbamos a estar mejor que el año pasado, tal vez el disgusto generalizado tenga que ver con que nuestra expectativa era que zafábamos de la segunda ola, que podíamos prever y revertir esa posibilidad, y no fue así. Tal vez fue eso, o tal vez el acumulativo de crisis tras crisis y el agotamiento que a esta altura, nos viene mellando la voluntad. La imagen de todos los referentes está en picada, están todos reprobados y eso es malísimo, la insatisfacción crónica es tóxica, y nosotros hace mucho que venimos descontentos.

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