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"En los camioneros hay mucha conciencia sobre el riesgo a los contagios"

La Reforma dialogó con Juan Batalla, transportista , quién ofreció un panorama de la situación que vive el rubro en tiempos de pandemia.

La pandemia se esparció por el mundo y cambió los modos de hacer de las personas en todas las actividades laborales y productivas. Algunas adquirieron mayor relieve que otras, dado su carácter estratégico para resguardar la salud pública o para asegurar el abastecimiento de comida e insumos esenciales. En el contexto actual, la labor de los transportistas está signada por una carga creciente de responsabilidad social, que los obliga a adoptar y sostener nuevos hábitos de vida y de trabajo

Juan Batalla (31) maneja camiones para transportar hacienda desde 2013, y desde hace un par de años también transporta cereales. Ayer, en diálogo con La Reforma, ofreció un amplio panorama sobre la actualidad de ese campo laboral.

Mucha conciencia

“Hoy se trabaja con cierta incomodidad. Uno tuvo que acostumbrarse a usar todo el tiempo el alcohol en gel, a lavarse las manos muchas más veces por día que lo que hacía antes de la pandemia, usar barbijos, y tener todos los cuidados que tenemos”, resumió en el inicio de la entrevista.

En clave comparativa, y con cierta nostalgia por la interacción social previa al aislamiento preventivo obligatorio, Juan recordó que “antes lo más común era llegar al puerto para descargar y juntarnos con los colegas en una ronda de mates. Hoy ya no se hace más. Los camioneros en general tomaron mucha conciencia del riesgo a los contagios. En los puertos, que es donde más aglomeración de choferes hay, se ve que cada uno se queda en su cabina, salvo para cosas puntuales como ir al baño o a lavarse las manos, o a destapar la carga”, describió Batalla.

La cotidianeidad de los camioneros cambió también en los extensos trayectos que deben cubrir entre las localidades de La Pampa y las terminales cerealeras o las plantas frigoríficas instaladas en la provincia de Buenos Aires.

“Con el tema de las rutas cortadas, o lugares que no pueden ser transitados, hay tramos que se alargan, cambian también los tiempos en los que se pueden hacer los viajes y entonces se complica el trabajo”, señaló Juan.

“A veces tenés previsto llegar de regreso en un horario determinado a tu casa, o al lugar de carga o de descarga, y con las rutas cortadas se te cambia todo y hay que reprogramar el viaje. Hay que aclarar -apuntó el transportista pampeano- que en nuestra provincia o en la de Buenos Aires, que es la zona en la que normalmente ando, dentro de todo estamos bien. Hay otro lugares del país donde a los camioneros los tratan de otras maneras y no toman en cuenta el esfuerzo y todo lo que brindan de sí mismos cuando salen a las rutas”, planteó.

“En algunos lugares -continuó Juan Batalla- hay algunas estaciones de servicio que están cerradas y otras donde no dejan usar ni los baños ni las duchas. Pero también hay otras personas, dueñas de las estaciones, que se han puesto una mano en el corazón y nos ayudan dejándonos pasar al baño. En esos casos, es notable el cuidado que hay con la higiene. Apenas entrás a los baños está todo súper limpio, desinfectado, con todo como debe ser en estos tiempos”, destacó el camionero piquense.

Todo desde casa

Las estrategias para un tránsito seguro abarcan también los hábitos de alimentación. “Yo trato de llevarme de mi casa toda la comida que necesito de ida y vuelta, así no tengo que parar en ningún lado a comprar nada para comer. La idea es la de tener el mínimo contacto posible con otras personas, y si puedo no parar en ningún lado, mejor”.

Alcohol y lavandina

Con extremado celo en su cuidado personal, y siempre pensando en un regreso seguro al hogar, la mirada de Juan Batalla es crítica con respecto al sistema de trabajo que hay en los peajes de la provincia de Buenos Aires. “Ahí se toma contacto con el dinero. Está bien que apenas paso enseguida uso el alcohol en gel. Eso es así, al toque de tener algún contacto yo ya me lavo las manos y soy re perseguido pasándole un trapo con lavandina a la cabina del camión, al volante y a la palanca de cambios”, ejemplificó.

“Otra situación es cuando llegás a un frigorífico o al puerto. Apenas entrego la carta de porte al toque me lavo las manos. Me hice el hisopado (voluntario, en General Pico) hace unos quince días. Y en la charla insistían con ese tema, desinfectar, lavarse, y lavar todo el interior de la cabina. En general, en un viaje, la cosa pasa por tratar de no tener contacto con nadie y bajarse del camión lo menos posible. Y si hay que hacerlo, tener siempre a mano todo lo necesario para limpiarse y desinfectarse ahí nomás”, insistió en remarcar.

Sin malos tratos

Con la multiplicación de las barreras sanitarias y las diferentes interpretaciones que a veces se hacen de los reglamentos oficiales, sumadas al estado de alerta generalizado por los riegos de contagio, aumentan las probabilidades de fricciones y momentos desagradables con el personal sanitario y policial. Sin embargo, Juan Batalla afirma que más allá de algunos momentos de tensión, nunca sufrió malos tratos en los puestos camineros.

“Más allá de que están cumpliendo órdenes a veces hay algunas situaciones. Y uno trata de explicarles las condiciones en que hacemos nuestro trabajo. Pero malos tratos no he sufrido. A nosotros lo que más nos afecta es alargar distancias en los recorridos por algunos cortes. Es cierto que, por las redes sociales, se comenta de casos muy difíciles en otros lugares del país. Pero no en la zona en la que a mí me toca andar”, deslindó Batalla.

“En la provincia de Buenos Aires, en cada acceso a un pueblo nos hacen parar, nos toman la temperatura, y en algunos lugares nos ponen alcohol en las manos y nos desinfectan el calzado. Eso pasa también en los lugares de descarga. Y a todos los camioneros nos toman los datos personales. Pero siempre bien”, recalcó.

“Se cuidan y nos cuidan”

La capacidad de respuesta ante el desafío global que planteó la pandemia fue variada en los diferentes ámbitos laborales y empresariales. En las terminales portuarias y frigoríficas, hacia donde marchan los camiones cargados con la producción pampeana, “llevó un tiempito, pero no mucho, poner todas las medidas al día. Desde que se impuso la cuarentena, a los diez días ya había en muchos lugares equipos especiales para desinfectar los camiones y a nosotros también. En una planta de fertilizantes en San Nicolás, por ejemplo, te hacen bajar del camión y pasar bajo aspersores que son para desinfectar a las personas. Y en los accesos a algunos pueblos hay medidas parecidas”, relató.

Finalmente, Juan Batalla evaluó positivamente el conjunto de medidas que, aun cuando presentan diversidad en sus metodologías e instrumentos, tienen el objetivo común de aportar mayores márgenes de seguridad sanitaria. “Se nota mucho en todos esos lugares cómo se cuidan y, al hacerlo, también nos ayudan a cuidarnos a nosotros mismos”, reconoció.

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