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En defensa de la equidad

Más allá de las interpretaciones y la montaña de argumentos a favor y en contra del proyecto de modificación del régimen de jubilaciones de privilegio, lo incontrastable es incontrastable y en esto lo irrebatible es que esas jubilaciones son la representación, desde lo simbólico, de la desigualdad, y es precisamente frente a la inequidad que encarnan, que se estrellan todos los intentos de defenderlas.

Las jubilaciones del Poder Judicial, según datos oficiales, representan sólo el 11% del sistema previsional, pero, y ahí está la madre del borrego, se llevan el 33% del total,y lo que aportan los activos no es suficiente para sostener a los que están jubilados. Eso significa que el resto, los más desfavorecidos, los que cobran menos, los que se fumaron la suspensión de la movilidad y por ende van a cobran menos de lo que ya era menos, esos, esos que no siempre tienen para los remedios, esos que cuentan monedas para ver si por casualidad llegan a fin de mes, esos que paran la oreja cada vez que hay un anuncio oficial sobre sus haberes, esos mismos, aportan para que los otros, disfruten de sus suculentos ingresos.

Estamos en un país en el que la pobreza afecta al 40% de nuestra gente, en el que mueren chiquitos por desnutrición, en el que en los últimos años desaparecieron 250.000 puestos de trabajo privados, en el que el nivel de desempleo anual es cercano a los dos dígitos, en el que la industria tiene el 40% de su capacidad ociosa, en el que la inflación fue de más del 50%, un país que ha atravesado una recesión que no ha aflojado un ápice en los últimos 18 meses, en el que las pymes están desesperadas, los comerciantes están agobiados, un país en el que ya no sabemos lo que significa la “normalidad”, asqueados de injusticias y arbitrariedades, y algunos pretenden convencernos de que existen un solo argumento válido para sostener esta desigualdad.

Y que conste que ni siquiera estamos abriendo la primera hoja de la carpeta que contiene la parva de argumentos para oponerse a la modificación de las jubilaciones de los magistrados. No los ponemos en discusión, porque esto de lo que hablamos antecede esa discusión. Esto es simbólico, esto se trata de gestos, de gestos que esta sociedad necesita para decir que algo importa, al menos algo, de toda la porquería que nos tragamos cada día de nuestras vidas. Al menos algo de todo. De eso se trata.

Después discutimos todo lo demás, pero no hay manera de rebatir que este, así, es el sistema patológico, de una sociedad patológica. Después discutirmos todo lo demás, pero no se puede negar que, en una sociedad en la que las jubilaciones de los magistrados son hasta 15 veces superiores a las de los que menos ganan, en la que a esos que menos ganan en aras de la “solidaridad” les caparon lo poco que iban a cobrar, en la que como cereza del postre, si es que hacía falta una cereza a semejante postre, esos mismos que no dan más del asco de vivir tragando sapos, aportan cada mes de sus vidas para que los funcionarios judiciales cobren esas jubilaciones hasta 15 veces superiores, estamos desquisiados.

Y no se equivoquen esto no es en contra de los jueces, es a favor del resto de los jubilados, y sobre todo en defensa de la equidad porque, estaremos de acuerdo que un privilegio, por más que sea legal, es la contracara de la equidad, y que es mucho peor si ese privilegio es precisamente para quienes son llamados a impartir Justicia y, paradogicamente, evitar los privilegios.

Esta es una discusión de larga data que nos debemos y que debe darse en los cauces institucionales ya, porque las excepciones ponen de relieve las graves iniquidades y distorsiones de nuestro sistema previsional y abren una brecha que además de arbitraria, en algunos casos, es infame. Eso explica por qué prendió rápidamente en la opinión pública que aguarda con expectativa lo que ocurrirá en los próximos días en el Senado.

En ese sentido, más allá de las amenazas de retiros de jueces en masa, más allá de las denuncias de “colonización” de la justicia que señala la oposición, más allá de la parva de argumentos de quienes se oponen al proyecto de modificación del régimen de jubilaciones de privilegio, lo que está fuera de discusión es que los argentinos, como sociedad, deseamos y aspiramos a que el espíritu de equidad se imponga en el tratamiento del tema y, si quieren, después podemos analizar todo lo demás, pero no van a encontrar a muchos dispuestos a discutir lo indiscutible, porque las jubilaciones de privilegio encarnan una gran inequidad.

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