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El virus marcará un cambio de era

Algunos dicen y lo que dicen es sólo una declaración más, como tantas otras, destinada simplemente a caer en la montaña de los miles de millones que pasan fugazmente sin pena ni gloria al olvido, casi de inmediato. Otros dicen y sacuden con sus palabras, como el filósofo coreano radicado en Alemania Byung-Chul Han, cuyas opiniones frente a este virus que afecta al mundo, han logrado hacer crujir todas estructuras.

Byung-Chul Han nació en Seúl, estudió Filosofía, Literatura y Teología en Alemania, país en el que vive y desde el que dispara munición pesada sobre la sociedad actual, a tal punto que sus declaraciones, recorren rápidamente el globo. Hace pocos días, en el marco de una entrevista a EFE, aseguró que el virus marcará un cambio de era, porque hará que el poder mundial, gracias al buen manejo que China ha logrado del Covid-19, se desplace un poco más hacia Asia. Según el filósofo, el gigante asiático venderá su estado de vigilancia autocrática como un modelo de éxito contra la pandemia.

Eso en cuanto a la posibilidad de un nuevo orden político mundial, pero también tuvo enérgicas definiciones respecto a las implicancias individuales que la pandemia está provocando. “Con la pandemia nos dirigimos hacia un régimen de vigilancia biopolítica. No solo nuestras comunicaciones, sino incluso nuestro cuerpo, nuestro estado de salud, se convierten en objetos de vigilancia digital. El choque pandémico hará que la biopolítica digital se consolide a nivel mundial, que con su control y su sistema de vigilancia se apodere de nuestro cuerpo, dará lugar a una sociedad disciplinaria biopolítica en la que también se monitorizará constantemente nuestro estado de salud”.

Según Byung-Chul Han, “el virus es un espejo, muestra en qué sociedad vivimos y vivimos en una sociedad de supervivencia que se basa en el miedo a la muerte”. Tanto es así, que sobrevivir se convertirá en algo absoluto, nuestra histeria por la supervivencia hará que olvidemos completamente lo que es vivir bien, tener una buena vida. Con tal de no morir, estaremos dispuestos a “sacrificar voluntariamente todo lo que hace que valga la pena vivir, la sociabilidad, el sentimiento de comunidad y la cercanía”. Puede sonar antipático lo que señala, pero antes de rechazar o descartar las reflexiones, piense cómo estamos transitando los últimos 60 días de nuestras vidas.

Dese el tiempo de reflexionar, piense un momento en todo lo que hemos relegado, en todo lo que suprimimos a cambio de cuidarnos. Piense también en cómo la palabra muerte nos atacó por la espalda, se coló en cada intersticio de nuestra vida en un conteo infernal. Piense en toda la atención puesta en el avance de la enfermedad en nuestra ciudad, en nuestro país, en el mundo, en nuestras reacciones sociales e individuales ante un caso cercano, nuestra caza de brujas, nuestra búsqueda afiebrada de detalles, nombres, lugares, contactos posibles. Piense en nuestro encierro, en la aceptación con la que asumimos el alejamiento obligado de mucha de nuestra gente querida, en la soledad a la que hemos condenado a nuestros viejos. Es fácil advertir que Byung-Chul Han tiene razón cuando señala que “por sobrevivir, sacrificamos voluntariamente todo lo que hace que valga la pena vivir”.

No es el único peligro que advierte, por la pandemia también aceptamos sin cuestionamiento la limitación de los derechos fundamentales, escuchamos a los virólogos que “tienen soberanía absoluta de interpretación”. Entramos en pánico, y el pánico es peligroso, “del miedo se alimentan los autócratas”, en la crisis, “las personas vuelven a buscar líderes”. Por eso advierte que el Covid-19 “no sustenta la democracia”.

Finalmente, asegura que el coronavirus no es sólo un problema médico, sino social”. La pandemia no es democrática, enferma y mata más a los pobres que a los ricos, los pobres no pueden hacer teletrabajo, son los que tienen que ir a poner el pecho en las fábricas, son los que limpian, los que reponen mercadería, los que recogen la basura, los que atienden las cajas, los que están detrás de los mostradores mientras los ricos se mudan a sus casas de campo.

Las reflexiones de Byung-Chul Han, desde que las formuló, ha dado varias vueltas al globo, frente a ellas algunos callan, otros comparten, muchos se ofuscan y otros tantos meditan. Byung-Chul Han cosechó todas las reacciones, excepto una, indiferencia, las estructuras del mundo crujieron frente a su pensamiento.

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