Editoriales | Hambre

El tiempo dirá

Salta sigue sumando a su lista del horror niños muertos y en riesgo de morir. Le ponen nombre al flagelo: desnutrición, y declaran la emergencia sociosanitaria. Pero no es esa la causa ni esa la solución, el flagelo se llama desidia. La ministra de Salud de la provincia, Josefina Medrano, lo ratifica cuando advierte que los problemas de salud en la zona del chaco salteño “se repiten año a año”, por ende, año a año, no han hecho nada.

La situación reviste tal gravedad que salieron todos a manifestar su preocupación e implementar medidas paliativas urgentes para mitigar el problema. Todos se ocuparon, desde el gobernador, al ministro de Desarrollo Social de la Nación que se hizo presente en el lugar y dejó un equipo trabajando, hasta el mismísimo Presidente. Están trabajando y está bien, es lo que corresponde, pero es demasiado tarde para los niños que murieron y tal vez también para algunos de los que hoy están graves. Queda claro que no les cabe a las actuales autoridades la responsabilidad por el pasado, pero sí por el presente y mucho más por lo que hagan o no a partir de ahora y por lo que acontezca en el futuro como consecuencia de sus acciones.

Lo deseable sería que no repitan la desidia del pasado y que las soluciones realmente lo sean, que hagan un abordaje serio y a largo plazo de la problemática, pero mucho más, que por una vez arranquen por donde corresponde, escuchar a los representantes de los pueblos originarios, porque como sentencia un viejo refrán, “donde está el problema, está la solución”.

Octorina Zamora, referente Wichí de Salta, explica sin pelos en la lengua que ningún gobierno se responsabilizó ni hizo nada por mejorar la situación de precariedad de las comunidades del norte. Asegura que “la privatización de YPF, los desmontes, la extracción maderera y los desalojos parecen un plan genocida por parte del estado nacional y provincial. Si quieren solucionar el tema de la salud de los pueblos indígenas, convoquen a los médicos indígenas que están preparados en las mejores universidades, no puede venir una persona de la oficina de Buenos Aires a decir qué es lo que tenemos que hacer”. Más clarito imposible.

Octorina dice lo que dice, porque Monsanto desmanteló toda la región de los pueblos originarios para plantar soja, porque los están corriendo de su territorio y porque quieren seguir corriéndolos de su territorio, porque son lisa y llanamente, un estorbo. Octorina dice lo que dice porque sólo los profesionales de su comunidad saben el idioma wichí, sólo ellos pueden comunicarse de verdad y sólo ellos saben las condiciones de vida de los suyos y por ende qué pueden y qué no pueden cumplir de las prescripciones médicas una vez que son externalizados los pacientitos.

Rodolfo Franco, médico de la comunidad en la Misión Chaqueña de Salta lo ratifica: “la barrera idiomática es muy compleja, porque hay quienes no hablan bien español”, mal pueden entonces entender qué tienen que hacer para que sus hijos sanen. Franco también denuncia que hay una intencionalidad de mantener y esconder la situación de vulnerabilidad de los wichís, porque quieren “hacer negocios con las tierras de los pueblos originarios”. Y algo mucho más grave, el gobierno provincial anterior controlaba los diagnósticos que los médicos escribían, no los dejaban poner “desnutrición”. Qué tal Urtubey, tan preocupado e imbuido de las problemáticas de su provincia que se mostraba, un primor con carita de bueno.

Para dimensionar cuánto importaba la situación y el nivel de abandono de los wichís, el ejemplo perfecto es la Misión Chaqueña y Misión Carboncito, a 50 kilómetros de Embarcación, zona que suma unos 6000 habitantes, y que cuenta sólo con un médico, Rodolfo Franco. Eso es diez veces peor de lo que la Organización Mundial de la Salud recomienda como necesario.

La reacción de la actual administración provincial y del gobierno nacional frente a los hechos consumados, fue buena. Se hicieron presentes, se hicieron cargo, se movilizaron, mostraron preocupación y algunas acciones. Implementaron una batería de medidas, algunas inútiles, como reconoció el propio gobernador Sáenz a la luz de las nuevas muertes de chiquitos salteños, otras que aún esperan, como el decreto de necesidad y urgencia que establece la convocatoria a sesiones extraordinarias, pero sin fecha, y otras inciertas, perdidas en una nebulosa de palabras y buenas intenciones.

El tiempo dirá. Sólo el correr de los días dirá si toda la agitación y la urgencia que trascendió fue sólo una puesta en escena o no, sólo el correr de los días develará si hay una determinación firme de cambiar la situación y atacar el flagelo, o si solamente se montó un circo para cubrir las apariencias.

Temas

Dejá tu comentario