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El SICVG es una buena noticia

Al tratarse de un fenómeno social complejo, existe una importante heterogeneidad respecto a las definiciones en torno a las muertes violentas de mujeres y personas LGBTI+.

En una decisión acertada, Liliana Robledo, titular de la Secretaría de la Mujer de la provincia, propuso ante la Comisión de Legislación de la Legislatura provincial, archivar la creación del Registro Provincial de Violencia hacia las mujeres y el colectivo LGTIB+ e incorporar La Pampa en el SICVG (Sistema integrado de Casos de Violencia por Motivos de Género). Este sistema fue creado en febrero pasado en la órbita de del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, con el objetivo de sistematizar la información disponible sobre casos de violencia por motivos de género y de constituir una herramienta de consulta y seguimiento que permita el diseño de políticas públicas sobre un sustento empírico del fenómeno de la violencia a nivel nacional.

Este tema es tan complejo que amerita integrar las fuentes y sistematizar los datos de todo el país. Contar con información estadística fehaciente es trascendental para gestionar, pero en este tema específico, la unificación de criterios es la única manera de construir un diagnóstico unívoco de las violencias por motivos de género. Eliminar las disparidades en la producción de la información de los distintos organismos de cada nivel, nacional, provincial y municipal, y avanzar en la utilización de indicadores comunes es un gran avance metodológico que permitirá optimizar el trabajo que se viene desarrollando.

A simple vista puede parecer una problemática no muy alejada de otras, sin embargo no lo es. Al tratarse de un fenómeno social complejo, existe una importante heterogeneidad respecto a las definiciones en torno a las muertes violentas de mujeres y personas LGBTI+. Los ejemplos, lamentablemente sobran: hay múltiples registros de femicidios que fueron presentados como suicidios y que luego, tras una investigación judicial, quedó demostrado que se trató de una muerte violenta, que el “suicidio” había sido en realidad un femicidio, transfemicidio o travesticidio.

El desarrollo del SICVG no implicará únicamente establecer la tasa de femicidios, travesticidios o transfemicidios, el dato cuantitativo sobre el total de muertes es sólo uno de los objetivos del sistema, que va mucho más allá. Lo más significativo del registro, está dado por la posibilidad de analizar datos de contexto de los hechos, de la respuesta judicial y policial a los casos (policía, justicia, centros de asistencia del Poder Ejecutivo en cada jurisdicción), establecer estadísticas sobre las señales de alarma, los signos previos, el recorrido de la ruta crítica de las víctimas y también analizar las tasas de impunidad de los hechos y las causas.

No hay ninguna posibilidad de diseñar políticas públicas sin contar con datos fehacientes, los registros son la base necesaria e imprescindible de toda acción; si carecemos de datos, si desconocemos la realidad sobre la que hay que operar, no es posible trabajar en la prevención, y erradicación de las violencias. Para diseñar políticas públicas se necesitan estadísticas oficiales rigurosas y confiables, datos de calidad, consistentes y validados. Carecer de información fidedigna y ajustada a la realidad, puede dar lugar a interpretaciones erróneas y de ahí a la mala toma de decisiones hay un solo paso.

En ese sentido, el Sistema integrado de Casos de Violencia por Motivos de Género, que esperamos no quede a mitad de camino como ocurrió con algunos intentos anteriores, será fundamental tanto para sistematizar la información disponible, como para proyectar líneas de acción sobre un sustento empírico detallado y concreto, algo inédito para nuestro país, ya que hasta la fecha, los registros más completos y fiables, eran los desarrollados por ONGs y diferentes organizaciones feministas. La falta de unicidad ha sido una constante y una de las causas por la que la problemática de las violencias de género no ha recibido un abordaje integral.

La creación del SICVG nos brindará la posibilidad suprimir las disparidades en la producción de la información, articular la recolección de datos, unificar los registros y también el procesamiento y análisis fundamental para arribar a un diagnóstico. Un registro unívoco es el puntapié inicial para la implementación de políticas públicas, el primer paso ineludible para trabajar en la problemática. Abrigamos la esperanza que el SICVG no repita el trayecto de las experiencias anteriores y llegue a buen puerto, porque su creación es una buena noticia.

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