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¡¡¡El Fulbito no!!!: Afloran los "picaditos" en varios puntos de Pico

La pasión por el fútbol es incontenible. Sólo de esa forma podemos entender semejante irresponsabilidad colectiva social que se está viendo en distintos puntos de la ciudad.

La pasión por el fútbol es incontenible. Sólo de esa forma podemos entender semejante irresponsabilidad colectiva social que se está viendo en distintos puntos de la ciudad. Las fotos amateurs que hemos recibido de lectores, vecinos y, fundamentalmente, gente muy preocupada por lo que ve en su barrio o cuando transita por lugares piquenses, grafican el descontrol que existe.

Y no lo podemos atribuir a un mal entendido de los anuncios recientemente hechos por el Gobernador, Sergio Zilliotto, donde habilitó muchas actividades o amplió días y horarios de otras que ya habían vuelto. Porque ese tema de los fulbitos, picados o cómo uno quiera llamar a los partidos de fútbol que se arman, vienen multiplicándose día tras día.

Las fotos recibidas son de ayer, en horas de la siesta pampeana, con un potrero en calle 40 entre 5 y 7 donde no había menos de una veintena de personas jugando a "todo o nada" en una canchita barrial. Con el agregado posterior al partido: la celebración del "tercer tiempo", donde la cerveza de "chupe y pase" corrió por las bocas sedientas de los protagonistas del pleito resuelto en el campo de juego.

Pero, como se daba esta irresponsabilidad colectiva en el Carlos Berg, también en la 10 y 21, donde hay un conocido complejo de fútbol 5, estaban ocupadas las canchas , donde un puñado de adolescentes también se prendieron en un picado, para el que evidentemente se habían convocado, ya que testigos del lugar aseguran que fueron llegando de a uno o dos, y si bien la puerta principal estaba con candado, porque el predio como tal está cerrado, han hecho un agujero en el alambrado que da a la parte posterior de este predio y por ahí se han metido a jugar, sin importarle nada.

Ante algo tan evidente, consultamos al concesionario del lugar que admitió saber lo que estaba pasando. Asegurando estar cansado de ir y sacarlos, de llamar a la policía. "El otro día casi me tengo que agarrar a las piñas con un pibe porque no quería irse", manifestó notablemente fastidiado.

"Entonces decidí no hacer nada. Cuando me dejen volver a trabajar con los turnos, veré que está roto, que está sano y volveré a comenzar", acotó.

Este es un hecho puntual, pero también hemos conocido el relato de dirigentes de clubes que han tenido que sacar "corriendo" a jóvenes (la mayoría son futboleros de edad estudiantil), caso "El Chañar" perteneciente a Cultural Argentino.

Ante esto uno puede pensar en un relajamiento policial, reglas que no se entendieron sobre los deportes que se pueden practicar y cuales no. O lo que indicamos al comienzo sobre el apasionamiento inexplicable del futbolero que desafía cualquier peligro con tal de jugar a la pelota.

Y, por lo visto, acá sería nuevamente un gran error encasillarlo al problema en determinado sector de la sociedad, porque entre el picado del potrero y del césped sintético uno encuentra de todo: desde el marginado al "nene de mamá", donde ambos corren carrera a ver cuál de los dos es más capaz de trasgredir reglas.

Vale acotar que en el anuncio que hizo el Gobernador, se habló de entrenamientos de deportes colectivos, sin confrontación, para no darle opción al contacto físico, manteniendo el distanciamiento social. ¿Qué parte no se entendió, muchachos?.

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