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El desafío de llegar a octubre

Querían polarizar y les salió muy bien. Las PASO resultaron hiper polarizadas, la concentración superó los pronósticos del oficialismo y la oposición, ahora, camino a octubre vamos a ver los pingos en una cancha en la que Macri y Fernández tendrán que hacer un cuidadoso ejercicio democrático de responsabilidad y racionalidad política para garantizar un tránsito en el que la gobernabilidad no entre en zona de peligro.

Con un triunfo de Alberto Fernández prácticamente irreversible y la elección definitiva a dos meses, les toca ahora transitar la parte más ardua de la campaña. No hay dudas que nada será igual en Argentina y que cómo lleguemos dependerá del planteo de los dos espacios mayoritarios.

En el caso de la oposición, parece que los máximos referentes aprendieron del pasado, al menos eso dejaron entrever los líderes del Frente de Todos que aún con un triunfo aplastante, a la hora de los discursos optaron por la mesura y la moderación, ni el calor de las multitudes les hizo perder el norte respecto a la necesidad de empezar a zanjar las diferencias y cerrar las heridas.

Máximo Kirchner, el primero en subir al escenario y tomar el micrófono tras las elecciones, marcó el ritmo de la prédica de la unidad: “no se trata de reconstruir lo que fue sino de construir lo que viene” aseguró en un tono muy distante de las arengas combativas del pasado, “esto no es un River- Boca, donde alguien gana el campeonato y el otro desciende”. Pidió además una “campaña limpia, lejos de la agresividad y muy cerca de las propuestas”.

Kicillof fue por la misma senda: “cuando decimos que aprendimos es porque escuchamos a todos y porque hoy queremos representar absolutamente a todos”. Y agregó “esto es lo que hemos aprendido y necesitamos absolutamente a todos porque queremos construir una provincia con todos, con un Gobierno que trabaje para todos”. De más está decir que, como se afirma en el ámbito del derecho, a confesión de partes relevo de pruebas, afirmar que ahora quieren “representar a todos” y construir un Gobierno “que trabaje para todos”, implica una confesión pretérita.

Finalmente, Alberto Fernández en un tono componedor y tratando de desactivar las dudas y el miedo de muchos de los que optaron por otras fórmulas, hizo lo propio en pos de tranquilizar las aguas: “vamos a construir un país, la Argentina merece un país integrado, no segregado, hoy los argentinos empezamos a construir otra historia. Hoy la Argentina dice “cambiemos” en el mejor sentido, la Argentina se dio cuenta de que el cambio éramos nosotros, no ellos, vamos a trabajar todos en eso, para que todos entendamos. Se terminó el concepto de venganza y de grieta”, concluyó casi en un bramido.

Le quedan ahora casi dos meses para consolidar su imagen como genuino líder y conductor de su espacio, para afianzar y fortalecer una unidad del peronismo zurcida con pocas puntadas firmes, para demostrar en el día a día que su propósito de superar la grieta es más que una frase bonita camino a las urnas y sobre todo, tendrá que ser capaz de garantizar que ni él ni los simpatizantes del Frente de Todos vienen con las lanzas de la revancha en alto dispuestos a ensartar a los “enemigos”. Esa es la tarea más complicada que le deparan los próximos dos meses a Alberto Fernández, convencer a los propios con sed de venganza y ánimos de persecución que ese no es el camino de la democracia y a los ajenos de que no va a alentar ni permitir que eso suceda. No le espera una tarea fácil.

Viejo lobo del mar de la política, Rubén Marín puso el dedo en la llaga sobre las materias pendientes puertas adentro cuando dijo que los votos obtenidos les sirven a los peronistas “para consolidar una unidad que tiene que ser de fondo y eso es dejar de lado las cosas que nos separan y profundizar las que nos acercan”, para luego alertar sobre los resultados de las PASO, sobre los que advirtió que “no son definitivos”, en obvia referencia a que este es el momento para no dormirse en los laureles.

Finalmente, corresponderá a Macri y todos los referentes de su espacio, garantizar desde el sabor amargo de una derrota que se avizora casi irreversible, un tránsito equilibrado primero hasta octubre y luego, de confirmarse este resultado, hasta la entrega del mandato a su sucesor. De Mauricio Macri, como máximo mandatario, es la responsabilidad mayor. Al Presidente le cabe la obligación institucional. Es su compromiso con los argentinos, perdió como político, pero sigue siendo Presidente hasta el 10 de Diciembre y todos esperamos que esté a la altura de las circunstancias.

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