Hugo Ferrari

EL CHOQUE DE DOS CABEZAS

Se ha armado una flor de polémica entre los intendentes de Castelli y Dolores, dos ciudades de la provincia de Buenos Aires instaladas a solo 27 kilómetros una de otra.

El primero de ellos dice que el segundo no lo dejó ingresar a Dolores cuando él iba a conocer a su hijito recién nacido.

El segundo afirma que el primero no tenía permiso para ingresar y que él cuida celosamente la salud de su pueblo por esto de la pandemia.

En el medio los periodistas especulan que en el fondo son las históricas diferencias políticas entre los personajes las causas del pleito.

Nadie ha reparado (a diferencia de este columnista) que al llamarse Camilo Etchevarren el intendente de Dolores y Francisco Echarren el de Castelli resultan ser los dos vascos y por lo tanto están preparados y entrenados para discutir la mínima cosa todo el resto de sus vidas.

Yo tengo amigos vascos y los quiero porque son nobles y solidarios, pero jamás se me ocurriría contradecirles.

Están entre nosotros desde la colonización del norte argentino y el desembarco de los primeros adelantados al puerto de Buenos Aires. Hoy son grandes empresarios, integran las instituciones civiles y participan en política y en todas las profesiones. En el campo, no solo son tamberos. Tropezamos con sus apellidos a cada tranco de caballo y a cada brote de cereal.

Los vascos, además de ser de buen comer, se muestran por lo menos en La Pampa con las típicas características aldeanas, con férreas raíces de raza y tradición. Pero sobre todo son pertinaces y parecen ser los únicos seres humanos capaces de reunir tantos sinónimos: rebeldes, obstinados, tozudos, porfiados, tenaces, persistentes, testarudos, tercos, irreductibles, renuentes, resistentes, obcecados y siempre dotados de un gran corazón.

Ellos sin embargo aseguran que no son porfiados y que porfiados son todos los que les discuten.

Recuerdo a uno de mis amigos reflexionando ante su primo hermano:

¿Te das cuenta que estamos discutiendo pudiendo arreglar esto a las trompadas?

Hay una larga historia sobre este prototipo que se considera a sí mismo genéticamente diferente. Sería una especie de reliquia de los europeos desde los comienzos de la agricultura.

Por su parte sus bromas son breves historias que se basan en la exageración y la sátira sobre la fuerza y el coraje de los habitantes del País Vasco. En todo caso los vascos nos resultan simpáticos y como suelen reírse de sí mismo, nos atrevemos a lanzar situaciones que justa o injustamente los involucran:

Dicen que hay una sutil diferencia entre cualquier cura y un cura vasco: Mientras los sacerdotes de otros orígenes expresan en la comunión:

– ¡El cuerpo de Cristo!, el vasco dice – ¡Ahí va la hostia!!

También comentan que un vasco intentó comprar en una librería un mapa-mundi de Bilbao.

Y que la universidad con mayor magia del mundo es la de Mondragón, porque a ella se ingresa siendo vasco y se sale médico, abogado o economista.

De manera que nadie se ponga a solucionar el pleito entre Etchevarren y Echarren.

No valdrá la pena ya que es producto de una diferencia bien vasca que por lo tanto jamás tendrá resolución.

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