LA PROVINCIA |

Editorial

Récord histórico de nuestro honorable Congreso de la Nación Argentina: en el primer semestre del 2019 sancionó la menor cantidad de leyes desde 2012, aprobaron apenas 9 normas y se prevé que el año termine con una de las marcas más bajas de la década. Los datos se desprenden del informe elaborado por la Fundación Directorio Legislativo, organización que promueve el fortalecimiento de los poderes legislativos y la consolidación de los sistemas democráticos de América Latina a través del diálogo, la transparencia y el acceso a la información pública.

Y eso no es todo, el informe destaca además que la Cámara de Diputados sesionó cinco veces, mientras que el Senado lo hizo en cuatro oportunidades. La pregunta del millón es ¿por qué nuestros representantes nos representaron tan débilmente?, la respuesta es simple: el año electoral metió la cola y los legisladores decidieron abocarse con todos sus ímpetus a ver cómo continúan representándonos en vez de representarnos. Eso sí, aunque están de campaña, igual a fin de mes perciben sus remuneraciones como si nos representaran… ¿se entiende?

Aclarado esto, digamos que no es el patrón habitual, el mismo estudio de la Fundación Directorio Legislativo revela que el año con más cantidad de leyes sancionadas en el primer semestre fue el 2015, ocasión en la que también hubo elecciones ejecutivas y lapso en el que sancionaron 33 leyes. La novedad del 2019 que explica la baja actividad legislativa incluye, además de la campaña, la agitación producida por la reestructuración de los bloques en función de los posicionamientos electorales, el ajetreo propio del armado de listas de candidatos y la imposibilidad en ese contexto de consensuar una agenda legislativa, de preocuparse y ocuparse de la actividad propia de su función. Dicho en otros términos, no podían estar en todos lados al mismo tiempo.

Si consideramos el promedio de los últimos ocho años, que fue de 22 leyes, el 2019 se posiciona muy por debajo de la media. Para colmo de males, de las nueve sesiones que se realizaron, dos fueron informativas, con la visita del jefe de Gabinete, es decir que sólo en siete oportunidades los legisladores se reunieron en el recinto a discutir proyectos.

Esto nos coloca en un estado de raquitismo legislativo como consecuencia de un Congreso abocado a menesteres electorales en un país que necesita tratar con urgencia una agenda política con temas ineludibles. La dedicación exigible a los legisladores y los funcionarios debería estar fuera de toda discusión. Garantizar el tratamiento de políticas públicas, la dedicación full time de legisladores y funcionarios a sus tareas específicas no debería ameritar ningún debate, es anómalo el solo hecho de que haya que señalarlo.

El informe en cuestión revela que tenemos un Congreso que, desde el punto de vista pragmático, no funciona para lo que debería, nuestros legisladores tienen la cabeza y el esfuerzo puestos en la campaña y no en la tarea legislativa. Tendremos que replantearnos, que dar un debate serio y profundo sobre este tema, tendremos que confrontar ideas y pensar alternativas, porque la agenda electoral está impregnando y minando no sólo la actividad parlamentaria, sino toda la agenda política nacional. Vivimos en modo urnas, con políticos abocados solo a tratar de arrimar más agua para su molino electoral.

Puede gustar o no gustar, lo ineludible es que el 2019 avanza con el récord histórico de menor cantidad de leyes aprobadas del 2012 a la fecha y que el debate que entendemos debe instalarse en el corazón de la política, en el centro de la escena pública, debería ser impulsado precisamente por los propios señalados, opción bastante dudosa, considerando que ningún espacio lo ha planteado y eso los coloca en falta antes de empezar. Ahí está el meollo de la cuestión. Quién le puede, quién le quiere o quién se atreve a ponerle el cascabel al gato en este panorama desolador.

La única verdad es la realidad y hoy nuestra realidad es que el año electoral se coló en todos los pasillos y las oficinas del Congreso. Pujas, internas, desdoblamientos electorales en las provincias, las PASO y las generales. La campaña, que atraviesa todo el año 2019 de un extremo a otro del país y los legisladores más abocados a garantizar su continuidad o la de los candidatos de sus partidos que a justificar su estadía en el Congreso, son hoy nuestra única realidad política.

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