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Editorial

Como dijo Albert Einstein, “sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y no estoy muy seguro de lo primero”. La señora de la que nos vamos a ocupar en estas líneas demuestra con creces que el genial físico tenía toda la razón.

La mujer en cuestión se llama Ana Paula Álvarez de Lasarte y ganó trascendencia nacional en los últimos días gracias a un impactante despliegue de ignorancia y estupidez, combinación explosiva contra la que no hay remedio posible. Fue a comer a un local gastronómico nuevo en Villa Constitución, provincia de Santa Fe y luego decidió explicar en las redes sociales por qué no pensaba volver a ese lugar. La señora expresó su molestia porque la atendió un joven con síndrome de Down y además se quejó porque no le daban ese puesto a una persona “normal”, las comillas son nuestras.

Su posteo se viralizó y cosechó con razón el repudio generalizado. Textualmente Ana Paula Álvarez de Lasarte le escribió al food truck The Sandwich Zone: ‘Me llama poderosamente la atención cómo un emprendimiento nuevo en Villa Constitución tenga a un empleado con síndrome de Down, sabiendo la cantidad de jóvenes que buscan su primer empleo o peor, jóvenes con familias, con hijos, le nieguen la oportunidad de tener un trabajo digno. Supongo, y doy por sentado, que este sujeto tiene una pensión. Ahora, ¿por qué sacarle un puesto a una persona normal? ¿Será marketing publicitario por ser relativamente un nuevo proyecto y quieren mostrar que son inclusivos? No lo sé‘, escribió en su muro. Y concluyó: ‘Por lo pronto, tanto yo como varias personas no compartimos su modalidad al contratar el personal. Dejan mucho que desear. En estas circunstancias, tanto mis amistades como yo y otras declinamos asistir a un lugar así. El agraciado de poder ocupar un puesto que le queda grande es Cristian David Palomeque. Gracias’.

El comercio, que vende hamburguesas, lomitos, papas fritas y diversas variedades de sandwiches, decidió contestar el posteo en la misma red social: ‘En nombre de The Sandwich Zone agradecemos a todos por el apoyo brindado a nuestro compañero de trabajo David. Todo es más lindo cuando se hace desde el corazón’. El texto fue acompañado por una foto con todos los empleados, incluido David.

La infinita ignorancia de la señora arranca tal vez de homologar discapacidad con incapacidad, además de otros condimentos indignantes y repudiables como inferiorizar y discriminar. Son tan bestiales sus palabras que es difícil decidir por dónde arrancar, qué explicarle. Tal vez una primera aproximación sería recordarle que el trabajo dignifica, integra e implica una realización personal. O señalarle que hay muchos dolores humanos inevitables, pero hay otros tantos que pueden evitarse y que cuando miramos desde el prejuicio, lastimamos.

O tal vez habría que recordarle que cuando miramos y calificamos, también nos definimos a nosotros mismos, que nuestra mirada significa para el otro pero también nos desnuda y nos describe, que nuestra mirada muestra quiénes somos y cómo vivimos, y que su posteo y su comentario no hace más que exponer su propia insensibilidad.
Esta mujer, lejos de opinar desde el respeto, lo hizo desde el prejuicio, habló desde la ignorancia y desde el abismo de la estupidez. Esta mujer muestra la peor cara de la sociedad, lo que no queremos ser. Esta mujer encarna la demostración concreta de lo que nos falta para ser una comunidad en la que los principios de igualdad de oportunidades, de igualdad de trato, de integración e inclusión estén verdaderamente consolidados. Porque si estuviésemos en esa instancia, aunque lo hubiese pensado, no se habría animado a postearlo en las redes sociales, como aún la distancia es larga, lo hizo. Algo positivo en medio de su actitud reprochable es que su comentario rápidamente se ganó el repudio generalizado, pero aun así, nos falta.

Los elogios, si es que caben, son para los propietarios del emprendimiento gastronómico que le ofrecieron a David la oportunidad laboral, que hacen que él sea uno más como cualquiera del equipo, como lo explicaron ante los medios que los consultaron. Y también para el grueso de la clientela del food truck, que lejos de dejar pasar lo ocurrido, expresaron su apoyo y repudiaron el comentario de Ana Paula Álvarez de Lasarte, la señora que como diría el querido filósofo argentino Santiago Kovadloff, es sin dudas “víctima de una educación atroz”.

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