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Editorial

La ESI se ganó espacio en la esfera pública, ahora como consecuencia de la decisión de un padre de Comodoro Rivadavia, que prohibió al colegio de su hijo que le dé clases de educación sexual. El progenitor de un estudiante de 12 años envió una nota al colegio exigiendo que a su hijo no le den más clases de “educación sexual con base en los principios de perspectiva/ideología de género y diversidad sexual”. El hombre ampara sus palabras en la Constitución Nacional, en Tratados Internacionales y amenaza además a las autoridades de la institución con recurrir a la Justicia si es desoída su petición.

El padre en cuestión expresa además que para él la ESI, (Educación Sexual Integral) es un “adoctrinamiento en ideología o perspectiva de género” y pide expresamente que su hijo no presencie clases ni exposiciones ni reciba ningún tipo de material sobre educación sexual en base a los principios de perspectiva, ideología de género y diversidad sexual y enumera a modo de ejemplos: elección de género con independencia del sexo biológico de nacimiento, la experiencia sexual temprana, la masturbación, la exposición a pornografía, la incitación a experimentar diversas orientaciones sexuales y a modo de cierre engloba el concepto poniendo al desnudo la otra parte de lo que verdaderamente entiende que es la ESI, al rematar “ni ninguna otra enseñanza carente de sustento biológico científico”. Lo que verdaderamente lo aterra es que su hijo pueda estar expuesto a contenidos que se contrapongan con los valores y tradiciones paternas.

El miedo es una reacción natural ante lo desconocido o ante aquello que pueda poner en jaque nuestras concepciones, su temor es humano y comprensible. Lo que es inconcebible es que hable de adoctrinamiento con la liviandad que lo hace. Adoctrinar es una práctica antitética a educar, es casi su contrario. El que adoctrina inculca su propio sistema de valores y conceptos, mientras que la educación aporta los conocimientos necesarios para que la persona desarrolle el pensamiento crítico, cultive el propio juicio y gane en autonomía a través del desarrollo personal.

El que adoctrina, a diferencia del que educa, no es tolerante, porque impone en vez de educar y, en contraposición a lo que el padre pretende, con su actitud está propiciando exactamente lo que critica, aunque obviamente no es consciente.

Que los chicos tengan acceso a toda la información disponible, que les permita conocer desde el contexto escolar no solo su cuerpo, sino también como evitar, prevenir y denunciar situaciones de violencia, conocer las líneas de ayuda y los organismos que se ocupan de proteger integralmente sus derechos, es fundamental.

Citemos un ejemplo concreto que ocurrió a principio de año en Choele Choel y tuvo como protagonistas a niñas de la misma edad que el hijo de este señor, 12 años. La maestra en una clase con contenidos ESI les habló a sus alumnos sobre el cuidado del cuerpo y la intimidad y al terminar el dictado les pidió a los chicos que escribieran en un papel de manera anónima si tenían dudas sobre lo que habían hablado. Fue así que una nena contó que un maestro de grado la había tocado varias veces. Luego, otras 8 compañeras se animaron también a contar que habían sufrido los mismos abusos por parte de ese docente.

Este caso explica claramente por qué es tan importante la ESI, por qué es vital generar ámbitos en los que los chicos puedan expresar y allanar sus dudas y sus temores, contar en un espacio confiable posibles abusos o violencias que estén sufriendo y por supuesto acompañar su crecimiento y sus cambios corporales.
Sería muy importante que este papá y todos los que se oponen a que en las escuelas se aborde la Educación Sexual Integral comprendan que estos contenidos no pretenden contravenir sus creencias y valores, sino todo lo contrario, que tengan acceso a los contenidos de la ESI para que puedan advertir que son pertinentes, precisos y confiables. Tan importante esto como que puedan comprender que los niños, niñas y adolescentes, sus hijos, son sujetos de derecho y no objetos de su propiedad.

No hay manera de promulgar una ley de Educación Sexual Integral que satisfaga desde lo ideológico a todos los progenitores, ni que conforme a todas las religiones ni que complazca todos los abordajes posibles, pero tampoco hay ninguna duda que la ausencia de la aplicación de la ESI dejaría más desprotegida la infancia. Esos papás que con tanto celo se oponen, deberían darse un baño de realidad que les permita ver la situación de vulnerabilidad y el permanente riesgo de ser víctimas que tienen los chicos.

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