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Disminuye la utilización de tapabocas en General Pico

El relajamiento de la población se traduce en un menor uso de barbijos y el quebrantamiento del distanciamiento correspondiente entre ciudadanos.  Los controles y la conciencia social serán determinantes para evitar contagios.

En los últimos días, la frase que disparó el gobernador Sergio Ziliotto hizo eco a lo largo y ancho del país. “A la Argentina que trabaja, le sobran porteños”, haciendo alusión a las manifestaciones que encabezaron ciudadanos de Buenos Aires solicitando flexibilizaciones de la cuarentena y hasta el cese de la misma.

Se entiende, entonces, que sus palabras buscaron enaltecer el enorme trabajo realizado desde el comienzo del aislamiento social, preventivo y obligatorio en procura de salvaguardar la salud de los pampeanos y el status sanitario provincial, criticando la oposición a la cuarentena.

Sólo seis casos se registraron desde el 20 de marzo hasta la actualidad dentro de los límites de La Pampa, aunque no revistieron de mayor gravedad debido a que los portadores de COVID-19 se recuperaron satisfactoriamente. Por ende, las etapas de flexibilización transcurrieron con celeridad.

El presidente Alberto Fernández habilitó a los distritos sin circulación comunitaria a avanzar hacia la etapa de distanciamiento social, dando por “finalizado” el confinamiento social. A pesar de ello, debe evitarse caer en el relajamiento y profundizar más que nunca las medidas preventivas. General Villegas, localidad bonaerense que hasta hace dos semanas no registraba contagiados, es un claro ejemplo del respeto que debe tenerse por la enfermedad.

Sin embargo, la sociedad piquense parece comenzar a cometer graves errores al desentenderse del contexto sanitario por el que se atraviesa actualmente. Días atrás, autoridades municipales manifestaron su preocupación por la gran cantidad de personas que han abandonado la utilización del tapabocas.

Por disposición provincial, dicho elemento preventivo es obligatorio tanto para permanecer en la vía pública como para compartir espacio con otros ciudadanos, sin olvidarse que debe cubrir nariz, boca y mentón.

Un cronista de diario La Reforma, en una recorrida por la zona céntrica, observó a minutos del horario de cierre comercial del día sábado un alto índice de personas que circulaban con su rostro descubierto. La laxitud con la que afrontan esta situación hace que, en algunos casos, sólo lo utilicen para ingresar algún comercio siendo esta una importante infracción.

El distanciamiento social, al que hace referencia con su nombre esta etapa de ‘cuarentena’, tampoco es respetado como aconsejan los profesionales de la salud. Los grupos de personas caminan por las arterias de la ciudad a pocos centímetros unos de otros y las filas de espera tampoco se conforman adecuadamente.

La habilitación de bares ha impulsado a los amantes de la nocturnidad hacia las calles, buscando un espacio donde compartir con amigos o familiares. Aunque el protocolo es claro, las imágenes que circulan en las redes sociales delatan un quebrantamiento de las normas en establecimientos culinarios y bailables que puede resultar más costoso aún que una penalización económica.

Es por ello que la ciudadanía tendrá que retomar su estado de alerta frente al posible avance de la pandemia para evitar mayores transgresiones. En complemento, los controles deberán brillar por su rigurosidad a fin de recordar que el virus no ha desaparecido por completo.

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