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La dirigencia ha fracasado

Pensar que fuimos un ejemplo, pensar que fuimos cuna de inmigrantes que veían en Argentina una tierra de posibilidades, que venían a nuestro país a cumplir sus sueños.

En este país no le va bien a nadie, o a casi nadie, cada vez somos más y más los extenuados que pedimos a gritos soluciones. No damos más, estamos hasta la coronilla de excusas y promesas, queremos hechos. La dirigencia política argentina de las últimas décadas ha fracasado: el tamaño de la exclusión social, el aumento constante de la pobreza y los niveles escandalosos de desempleo, son la explicación irrefutable de su fracaso.

La pandemia y la cuarentena eterna agravaron todo, es cierto, pero nuestros problemas de base son previos, la pandemia sólo potenció lo que ya estaba. No es culpa del Covid que tengamos una economía en decadencia y un número cada vez mayor de pobres e indigentes, no fue el Covid, fue la sumatoria de desaciertos en el marco del Covid, adicionada a la plataforma de desaciertos sobre la que se asentaron los nuevos desaciertos.

Todos practican la geología del pasado, les gusta escarbar el almanaque para revolear culpas, no hay uno que no tenga la excusa en la manga, no hay uno que no se escude en el prójimo opositor a la hora de auto absolverse de toda responsabilidad. Lo que nos pasa no fue un fenómeno espontáneo, no vivíamos en Noruega y de repente, un día nos levantamos en Argentina, llevamos décadas y, casualmente, muchos de los responsables, también llevan décadas rodando de cargo en cargo.Sin embargo, se hacen los desentendidos, los inocentes, son prescindentes de toda responsabilidad.

Pensar que fuimos un ejemplo, pensar que fuimos cuna de inmigrantes que veían en Argentina una tierra de posibilidades, que venían a nuestro país a cumplir sus sueños. Y lo lograban, porque acá era posible, porque migraban hacia un territorio de oportunidades y este lugar y su gente abrazaban sus esperanzas, los integraban y entre todos ensanchaban las posibilidades para sumar más y más a una mejor condición de vida.Fue una época signada por el éxito de una generación que tuvo la capacidad de generar trabajo y brindar condiciones de integración social igualitaria para todos los ciudadanos que habitaban nuestro país.

Pensar que fuimos el faro de Sudamérica, el país que garantizaba derechos, el país en el que el esfuerzo era recompensado con una buena calidad de vida, con movilidad social y futuro, acá había futuro. Y ahora, ahora vemos como nuestros hijos y nuestros nietos parten en pos de lo mismo que vinieron a buscar sus abuelos o sus bisa, o sus tátaras.

El tema es que esos antepasados huían de la guerra y el hambre, y nosotros no tuvimos ninguna guerra, tuvimos desaciertos, décadas de desaciertos. Pero nuestros dirigentes no miran para atrás, no tan atrás, miran hasta la “herencia recibida” de manos del anterior, ahí mueren todos los análisis retrospectivos. Ninguno opta por mirar mucha estadística económica y social, prefieren no consultar ni compartir ese tipo de información, porque contabilizar y comparar obliga al balance y el balance, como todo recuento, necesariamente implica dar cuenta del porqué de lo que se hace y de lo que no se hace, de lo que se hizo y de lo que no se hizo, y en esa retrospección comparativa, claramente, sería ineludible aceptar el grado de responsabilidad que les cabe.

El decálogo de nuestros males lleva décadas, ha sido una decadencia lenta, acumulativa, con algunos breves ciclos de mínima bonanza, de insignificante alivio milagroso. Como una enfermedad silenciosa, nuestros males se han ido agravando despaciosamente, siempre un poco más, siempre un poco peor, siempre un poco más abajo, cada vez más y más grave, más y más pronunciado, y seguimos así y seguiremos así mientras sigan negando lo que nos pasa.

Para no ir tan lejos, digamos que ni Cristina Fernández de Kirchner, ni Mauricio Macri, ni Alberto Fernández tuvieron un plan estructural de largo aliento para poner en marcha y generar un cambio. Digamos que ni Cristina Fernández de Kirchner, ni Mauricio Macri, ni Alberto Fernández propusieron una alternativa de consenso político, ninguno lo intentó seriamente, ninguno tuvo la estatura ni la grandeza necesaria para convocar seriamente al resto y al menos, hacer el intento de fijar un rumbo colectivo, un plan para encauzar a la Argentina.

Ninguno reconoció lo que nos pasaba, ninguno se hizo responsable, ninguno quiso, a ninguno le importó. La dirigencia política argentina de las últimas décadas ha fracasado, esa es la verdad, el resto es cháchara.

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