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Necesitamos hablar de desocupación

"Efectos de la pandemia COVID-19 sobre la dinámica del trabajo en la argentina urbana".

Hablar de cualquier reforma estructural en Argentina, es equivalente a meter el dedo en el ventilador, mucho más si esa reforma es laboral. Cualquier propuesta de cambio provoca un fuego cruzado imparable con más gritos que argumentos y con casi nulas posibilidades de consensos. Lamentable, porque necesitamos muchos cambios urgentes, sobre todo a nivel laboral, el empleo genuino está en picada descendente y la pobreza en picada ascendente, con lo cuál no hay que ser muy ducho en el tema para advertir que este camino no es el indicado y que algo hay que hacer.

Con ese objetivo el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), realizó un debate virtual sobre el informe denominado “Efectos de la pandemia COVID-19 sobre la dinámica del trabajo en la argentina urbana”, investigación que concluyó que 1 de cada 4 trabajadores es pobre. Hubo expertos de distintos campos y también profesionales de UCA para analizar la problemática, en el marco de un encuentro que, sin duda, debería estar propiciando la política, de manera urgente, la situación tendría que conminar a la política a estar desesperada por proponer y poner en marcha un abanico de posibilidades para rectificar el rumbo, sin embargo, una vez más, son las instituciones las que dan el ejemplo.

Dejando de lado ese detalle, no menor, el análisis y las propuestas emanadas del encuentro virtual son importantes como punto de partida para empezar, al menos, a pensar en semejante problemática. Una problemática que según los datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina de la UCA ha empeorado por el efecto de la pandemia y de la crisis económico sanitaria que provocó un comportamiento nuevo, el desaliento en la búsqueda de empleo atado a dos fenómenos: la imposibilidad de circular libremente por las disposiciones del ASPO o del DISPO o por la creencia de que, aunque lo intenten, no van a conseguir trabajo, o sea que buscar, carece de sentido.

La tasa de desocupación se incremento, pero no tanto como si la población económicamente activa hubiese salido a la calle a tratar de conseguir un empleo, si así hubiese ocurrido, tendríamos valores muy superiores a los ya impresionantes que tenemos. A lo que hay que sumarle otro dato relevante:la prohibición de los despidos. Los analistas estiman que, si hoy se levantara la prohibición, la tasa sería mucho mayor, porque la medida generó una reducción latente del empleo que se plasmará ni bien se levante ese impedimento. La prohibición esconde en bambalinas un peligro y una urgencia que, aunque invisibilizada, constituye una amenaza más en esta situación de absoluta gravedad.

Las cifras muestran que en la última década el nivel de empleo formal es descendente, la pandemia agravó esa tendencia, pero es peor, porque una nebulosa de ayudas, apoyos y prohibiciones, esconde la situación real que tarde o temprano verá la luz. Hay que hacer algo, hay que intentar que los que se quedaron fuera del mercado laboral puedan volver a entrar, hay que ayudar a que las pymes se sostengan y generen empleo, pero cómo, si ni siquiera podemos tener un panorama general y acabado de lo que realmente sucede en el subsuelo de la pandemia y las restricciones.

La precariedad laboral es apabullante y simplemente no hay nadie del universo político con los ojos puestos en semejante problemática. Cómo empezar a revertir esto en una Argentina en la que ponerse de acuerdo es una utopía inviable, en la que la prioridades están en temas que nada tienen que ver con los padecimientos de la sociedad. El desempleo, la inflación y la pobreza nos tienen tan acorralados como el Covid-19, sin embargo, no hay posibilidad alguna de que oficialismo y oposición se pongan de acuerdo, al menos en estos temas urgentes y básicos, para sentarse a dialogar y buscar nuevos instrumentos que aporten resultados.

Hoy vivimos rodeados de enunciados, de anuncios sanitarios, que son fundamentales en este contexto de pandemia, pero no hay nada más, no hay un solo encuentro, diálogo o camino conducente en pos de empezar a recuperar el empleo, la producción, la inversión y el consumo. Nadie habla de economía, de la economía de la gente, de qué y cómo vamos a salir de semejante crisis.

Hay fuego cruzado, hay más gritos que argumentos y ningún consenso, necesitamos hablar de desocupación y necesitamos hacerlo antes de que lo que nos pasa, que es muy grave, sea aún peor y, quizás, irreversible.

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