Editoriales |

Desaparecer para aparecer

Ahora que sabemos, ahora que tenemos todos los datos para completar el horror, es cuando deberíamos aferrarnos sin tregua al tema, exigir que nos digan qué va a pasar ahora. No podemos hacer nada por lo que pasó, nada va a cambiar el pasado de M, nada va a remediar que a nadie le haya importado su vida, que su techo fue un puente, la pobreza, la desnutrición, los abusos. La pregunta es hacia adelante, la pregunta es y ahora qué, y ahora qué con M y con los miles de M de Argentina, cuántas y cuántos M hay en nuestro país. Qué están haciendo además de los discursos encendidos, que más, que nos digan que más.

Cuántos ojos vieron las lonas rosas y grises flameando al viento a la vera de la autopista Dellepiane; cuántos la vieron correr con sus ropas raídas, delgada como una pluma; cuántos vieron sin ver, cuántos pasaron por su vida sin mirar, para cuántos M fue invisible hasta que pasó lo que pasó. Cuántos discursos hablando de todas las M que representa M escuchamos desde que M nació, cuántas veces nos dijeron que eran prioridad, que se estaban ocupando, que la desigualdad era insostenible, que la pobreza, que la indigencia, que la escolaridad, que la salud, que no iban a permitir de ninguna manera, que nosotros sí nos ocupamos, pero los otros malos no, que ahora van a ver, que, que, que. Cuántas, cuántas, cuántas, de verdad cuántas.

Por eso es ahora, por eso hay que agarrarse al tema con uñas y dientes, y preguntar una y otra vez por M y todos los M que como ella son niñas y niños argentinos para los que vivir es un calvario. Por estos días INDEC y UNICEF ajustan las últimas estadísticas, pero no las necesitamos para saber que más de la mitad de nuestros chicos viven en la pobreza. No precisamos ninguna cifra nueva para saber que son millones los que viven en la miseria total, los que están en situación de calle, los que no tienen destino ni futuro, porque ni siquiera tienen presente.

De qué nos hablan cuando nos dicen que se están ocuando de los más vulnerables. M no estaba escolarizada, no tenía DNI, estaba desnutrida, su techo era el cielo, su entorno era una mamá, también víctima de un sistema, una mamá con adicciones graves y un pasado que no cuesta imaginar muy similar al de su hija. ¿De qué nos hablan cuando refieren a todas las M y las mamás de las M de Argentina, saben de qué hablan, o simplemente dicen por decir?

Ahora que sabemos, ahora que tenemos todos los datos para completar el horror, es el momento exacto en el que, por una condenada vez, no deberíamos dejar que se vuelva invisible, que desaparezca atrás de “los grandes temas” de los que se ocupa la política. No tenemos que permitir que se apague la estridencia de este horror.

Lo que vimos, en primera plana, en vivo y en directo, durante casi una semana, no fue más que la realidad al desnudo, con toda la incomodidad, la claridad y la crudeza de la verdad que no hemos visto por años, de lo que preferimos no ver. Duele, desgarra, pero es cierto y pasa y no le pasa sólo a M, hay miles y miles de M a lo largo y lo ancho de Argentina.

M tuvo que desaparecer para aparecer ante los ojos de un país que mira hacia otro lado. M tuvo que desaparecer para que pudiéramos verla, para que detuviéramos el vértigo del día a día, para que sacáramos de la naturalización perpetua las lonas rosas y grises flameando al viento a la vera de las autopistas, para que viéramos los chiquitos desnutridos y en patas, con los mocos colgando y los ojitos tristes que miran desde el fondo, para que viéramos esas caritas que no pueden entender por qué, pero saben que la suerte está echada.

Durante una semana, todos miramos a M, seguimos minuto a minuto la búsqueda y el rescate. Durante una semana, el Estado sin excepción buscó y miró a M. Es ahora, no tenemos que dejar que la vorágine de las noticias se trague de nuevo a todas las M y los M de Argentina. No aceptemos nuevos títulos, no dejemos que nos cuenten qué es lo importante, no escuchemos discursos encendidos, hablando de lo que les dejaron, de lo que recibieron, de que la culpa la tiene el otro. Que nos digan ahora qué, qué va a pasar con M y qué están haciendo con todos los M de nuestro país.

Es ahora, no dejemos que otra M tenga que desaparecer para aparecer.

Dejá tu comentario