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Democracia

El día está llegando. Seguramente mañana no será una jornada más para cada uno de nosotros. Gran parte de la sociedad se preparará y ejercerá uno de los derechos más importantes que nos asisten como sociedad. Vamos a elegir al futuro presidente de la Nación.

Habrá quienes se levantarán temprano, tomarán unos mates, quizá compren alguna masita para acompañar, y después saldrán despacito para la escuela asignada; buscarán la mesa y con documento en mano se acercarán hasta las autoridades. Un rato después al cuarto oscuro, a buscar la boleta elegida, quizá mirar los montoncitos de las otras y salir lo más rápido que se pueda, para que nadie vaya a creer no sé qué cosa.

Otros, esperarán para después de comer, porque entienden que a esa hora hay menos gente votando y que el trámite será más corto. Habrá colas de autos frente a las escuelas, muchos estacionados en doble fila y seguramente nos encontremos con algunos conocidos con los cuales, en muchos casos, habrá un saludo de ocasión, porque hay que ir a votar.

También están aquellos que irán a último momento, porque antes hacen cada una de las cosas que quieren hacer en el ámbito hogareño o simplemente porque ya es una costumbre, dormir la siesta y luego salir, para llegar un rato antes de las 18.

Pero en el contexto de una elección también estamos los que trabajamos de periodistas, que encontramos en ese día un desafío especial que se tiene que traducir en una buena cobertura.

En verdad desde hace ya algunas jornadas venimos hablando con los responsables de prensa de autoridades y candidatos, porque tenemos que saber dónde van a votar, a qué hora, porque tendremos que organizarnos para estar allí, sacar las clásicas fotos y hacer las entrevistas de rigor, que casi siempre tienen respuestas de ocasión.

En el transcurso del día, seguramente estaremos pendientes -como siempre- del teléfono, porque por esa vía nos avisarán sobre cualquier novedad o detalle que vaya ocurriendo. Para nosotros está claro que no es un día más, es un día que sabemos va a ser largo, porque una vez cerradas las mesas tendremos que estar atentos para conseguir los resultados lo más rápido posible y un poquito más tarde ir a los “bunkers”, donde ahí sí haremos las entrevistas, seguramente, con los números sobre la mesa.

A algunos les tocará cubrir periodísticamente hablando al partido que gane y otros tendrán que hablar con quienes no resultaron vencedores, que más allá de la coyuntura, generalmente se prestan a hacer un primer análisis. Ya por la madrugada, esperamos, llegar a casa con la satisfacción de la tarea cumplida.

Es un día especial para la Policía, el Ejército, los empleados del Correo, los de los registros civiles, los fiscales, también para los presidentes de mesa y para otra mucha gente que está abocada a algún tipo de trabajo relacionado con la trascendente fecha.

También será un domingo muy importante para la dirigencia política. Se los verá realizando frenéticos movimientos, tendrán que solucionar inconvenientes de último momento, también estarán con el celular pegado a la oreja durante todo el día, recibiendo datos sobre qué porcentaje de gente va votando, que si es necesario un auto para ir a buscar a la vecina que lo pidió para ir a sufragar.

En definitiva así es el folklore de la elección, la hermosa música de la democracia que más allá de grietas, apasionamientos, rabias, problemas y demás no debemos descuidar, porque es la única herramienta con la que contamos para expresarnos.

Esta democracia nuestra, a eso que desde la sociedad y desde la propia dirigencia política muchas veces se cuestiona y menoscaba, es lo que tenemos y en todo caso deberemos hacer todos los esfuerzos para mejorar. Más allá de todo, es nuestra democracia y tenemos que estar felices por poder ir a votar.

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