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Demasiado peso sin contrapeso

Ni siquiera en este contexto excepcional que transitamos es sana la centralización del poder. Ni en un escenario extraordinario como este es recomendable reducir los mecanismos de control sobre el Poder Ejecutivo. La democracia necesita el pleno funcionamiento de los tres poderes, porque esa es la base del sistema, porque sólo así se garantiza le república. Esto no niega, ni desmerece, ni pone en tela de juicio la adopción de medidas urgentes que demanda una situación de emergencia como la del Covid-19, pero eso no puede ser excusa para que sólo funcione uno de los tres poderes.

El equilibrio perfecto es que los tres funcionen y aporten en esta crisis, especialmente el Congreso de la Nación, que es por excelencia, el símbolo de todas las voces, la máxima expresión del pluralismo. Es por eso que esperamos con ansiedad, que finalmente la semana que comenzamos a transitar, sea la que nos devuelva la imagen de ambas cámaras sesionando a pleno de manera virtual, sin más demoras y sin más excusas.

Todo hace suponer que así será, que los diputados habrán concluido sus capacitaciones sobre el uso del sistema y superado los inconvenientes técnicos y que los senadores, luego de sortear con éxito el primer ensayo, finalmente harán su sesión virtual inicial este miércoles sin mayores sobresaltos. Es esperable también que el trabajo Judicial remoto avance y sume celeridad a su tránsito y que el inicio pampeano el próximo lunes se encamine exitosamente hacia una nueva normalidad.

Hasta acá, todas las medidas tomadas, todos los pasos que hemos dado sobre distintos aspectos de nuestra nueva cotidianeidad, los permisos, las obligaciones y las prohibiciones, fueron decididas por el Presidente. Buscó consensos, abrió la puerta de sus reuniones a todos los gobernadores, sentó a especialistas de distintas disciplinas, consultó y escuchó a todos, pero la decisión final siempre estuvo en sus manos, como lo ha aclarado en cada oportunidad en la que se ha dirigido a todos los argentinos. Demasiada responsabilidad, demasiado peso sin contrapesos, para una sola persona, más aún en un sistema democrático.

Alberto Fernández decidió que no saliéramos de casa, quienes podían y quienes no volver a sus trabajos, qué industrias podían reabrir sus puertas, qué actividades, qué profesionales podían ejercer, cuáles no y desde cuándo, qué actividades recreativas, qué actividades deportivas, qué ciudades pueden flexibilizar la cuarentena y con qué permisos pueden hacerlo, si podemos viajar o no, si podemos vernos, encontrarnos, si hay clases, cuáles son los precios máximos establecidos, si vendemos, si compramos, si entramos, si salimos…demasiado peso para una sola persona.

Eso sin considerar que, aunque al Presidente no le guste hablar de economía, ha tenido también en este tiempo la potestad de modificar partidas presupuestarias según lo considerara necesario, autorizar el otorgamiento de créditos, disponer la entrega de subsidios de manera discrecional, decidir y dirigir ayudas a unos si y otros no, cómo llegan, a quienes llegan y cuándo llegan…demasiado peso para una sola persona.

Sin poner en tela de juicio la necesidad de tomar medidas en una situación extrema, sin ponderar ni juzgar la efectividad o conveniencia de las medidas que decidió el Presidente, aclarando que la efectividad de sus decisiones en la contención de la enfermedad está fuera de discusión, la concentración de poder como consecuencia de la inactividad de los otros dos poderes no es recomendable. El poder Judicial y el Legislativo tienen que volver a funcionar, a equilibrar el sistema y también a disminuir el peso en la espalda de Alberto Fernández, dicho esto sin ninguna ingenuidad y sin ninguna malicia ni intencionalidad política.

La democracia necesita los tres poderes trabajando, precisa que la Justicia encuentre la manera de cumplir su función institucional y que los legisladores reinicien sus actividades a pleno. No es saludable para ninguna democracia que todo el peso recaiga sobre el Ejecutivo y tampoco es una democracia real si no funcionan de manera continua, sin interrupciones y sin excepciones, aun en este contexto, los tres poderes del Estado. Así lo establece nuestra Constitución, nuestra Carta Magna, nuestra ley de leyes y así lo deseamos todos los ciudadanos de bien que queremos y defendemos el sistema democrático.

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